Un dron casero acaba de superar los 700 km/h. Y con ello ha puesto contra las cuerdas el récord oficial
Cuando pensamos en un dron, lo normal es imaginar un aparato que despega en vertical, se queda suspendido en el aire y nos permite grabar planos imposibles con bastante facilidad. El Blackbird no va de eso. Su objetivo es mucho más extremo: volar lo más rápido posible . En esta carrera, la estabilidad en vuelo importa menos que la eficiencia a gran velocidad, y por eso un cambio en las hélices le ha dado un sorprendente impulso. El récord oficial sigue estando en manos de Luke Bell y Mike Bell.
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Cuando pensamos en un dron, lo normal es imaginar un aparato que despega en vertical, se queda suspendido en el aire y nos permite grabar planos imposibles con bastante facilidad. El Blackbird no va de eso. Su objetivo es mucho más extremo: volar lo más rápido posible . En esta carrera, la estabilidad en vuelo importa menos que la eficiencia a gran velocidad, y por eso un cambio en las hélices le ha dado un sorprendente impulso. El récord oficial sigue estando en manos de Luke Bell y Mike Bell.
- El récord oficial sigue estando en manos de Luke Bell y Mike Bell
- Según Guinness World Records, alcanzaron el 11 de diciembre de 2025 una velocidad media de 408,60 mph, equivalente a 657,59 km/h, con el Peregreen V4 en Ciudad del Cabo
- No era su primera vez: Guinness señala que padre e hijo ya habían conseguido este mismo récord en 2024, con 480 km/h, y en junio de 2025, con 580 km/h
- El dron de Ben Biggs y Aidan llegó a 453 mph, aproximadamente 730 km/h, durante una pasada de prueba
Cuando pensamos en un dron, lo normal es imaginar un aparato que despega en vertical, se queda suspendido en el aire y nos permite grabar planos imposibles con bastante facilidad. El Blackbird no va de eso. Su objetivo es mucho más extremo: volar lo más rápido posible.
En esta carrera, la estabilidad en vuelo importa menos que la eficiencia a gran velocidad, y por eso un cambio en las hélices le ha dado un sorprendente impulso. El récord oficial sigue estando en manos de Luke Bell y Mike Bell. Según Guinness World Records, alcanzaron el 11 de diciembre de 2025 una velocidad media de 408,60 mph, equivalente a 657,59 km/h, con el Peregreen V4 en Ciudad del Cabo.
No era su primera vez: Guinness señala que padre e hijo ya habían conseguido este mismo récord en 2024, con 480 km/h, y en junio de 2025, con 580 km/h. Con ese listón sobre la mesa, el intento del Blackbird tiene una lectura muy concreta: no sustituye al récord oficial, pero lo pone bajo presión. El dron de Ben Biggs y Aidan llegó a 453 mph, aproximadamente 730 km/h, durante una pasada de prueba.
Ese dato es el más llamativo, aunque también el que más contexto necesita. Por ahora, lo que tenemos es una demostración no oficial con una cifra enorme y la pregunta si puede repetirse bajo condiciones verificadas. Una carrera de récord que se juega en las hélices Aquí está el matiz que separa una cifra espectacular de una medición realmente comparable.
En la pasada de los 730 km/h había viento de cola de 54,7 km/h, por lo que la velocidad aérea estimada se redujo hasta los 674 km/h. En la pasada contra el viento, el dron llegó a unos 640 km/h. La media de las dos quedó cerca de 684 km/h, y por eso ese dato pesa más que la punta máxima cuando intentamos entender hasta dónde llegó realmente el proyecto.
La clave está en cómo esas nuevas hélices se comportan cuando el dron deja de volar como un cuadricóptero convencional y empieza a moverse como un proyectil controlado. Las palas de fibra de carbono tienen un ángulo de paso elevado y eso les permite ser más eficientes a gran velocidad porque quedan más paralelas al aire que atraviesa el dron. No es una ventaja gratis: en el despegue y a baja velocidad empujan peor, así que los motores tienen que exigir más a la batería en esa fase inicial.
El otro detalle importante está en el borde de ataque dentado de las palas. Según explican, esa forma genera pequeños vórtices sobre la superficie de la hélice y ayuda a que el aire no se desplace lateralmente por la pala, sino que salga hacia atrás para empujar el dron. También contribuye a estabilizar la capa límite, esa película de aire pegada a la superficie que influye en el arrastre.
En la práctica, permite trabajar con ángulos más pronunciados sin que la hélice pierda eficacia y se comporte más como una pieza que remueve aire que como una que genera empuje. La otra cara de llevar un cuadricóptero hasta el límite es que también pueden surgir problemas. Blackbird perdió la conexión a unos 633 km/h, por una combinación de geometría de la antena, efecto Doppler y sobrecarga de señal.
En la segunda, el dron terminó con daños tras un aterrizaje duro, cuando las baterías se agotaron a pocos metros del suelo. El récord oficial sigue siendo el del Peregreen V4, pero el Blackbird ha dejado claro dónde puede estar el siguiente intento. La pregunta, ahora, es evidente: ¿llamarán a Guinness World Records para intentar certificarlo?
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