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Crítica: The Ugly (Eolgul)

Un drama áspero procedente de Corea del Sur sobre la violencia cotidiana, que se diluye en su propia estructura. The post Crítica: The Ugly (Eolgul) appeared first on Rolling Stone en Español .

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Crítica: The Ugly (Eolgul)
Lo esencial

Un drama áspero procedente de Corea del Sur sobre la violencia cotidiana, que se diluye en su propia estructura. The post Crítica: The Ugly (Eolgul) appeared first on Rolling Stone en Español .

  • Lim Young-gyu (Kwon Hae-hyo) es un maestro grabador que ha creado sellos entre los más hermosos del mundo, y ello a pesar de su ceguera de nacimiento
  • Un día él y su hijo Lim Dong-hwan (Park Jung-min) reciben una llamada telefónica de la policía, porque han aparecido los restos mortales de Jeong Young-hee (Shin Hyun-bin)...
  • Dong-hwan investiga su muerte con Kim Soo-jin (Han Ji-hyun), una cínica productora que estaba filmando un documental sobre su padre cuando este recibe la noticia del hallazgo
  • Hay una ambición clara en The Ugly que consiste en construir una verdad a partir de fragmentos, testimonios cruzados y memorias que no terminan de encajar del todo

Lim Young-gyu (Kwon Hae-hyo) es un maestro grabador que ha creado sellos entre los más hermosos del mundo, y ello a pesar de su ceguera de nacimiento. Un día él y su hijo Lim Dong-hwan (Park Jung-min) reciben una llamada telefónica de la policía, porque han aparecido los restos mortales de Jeong Young-hee (Shin Hyun-bin), la madre de Dong-hwan y la exesposa de Yeong-gyu, que desapareció hace cuarenta años. Dong-hwan se entera de que su madre, cuyo rostro nunca conoció, puede haber sido asesinada.

De ella se decía que era una mujer fea y poco atractiva, y tuvo que sufrir el acoso de los demás. Dong-hwan investiga su muerte con Kim Soo-jin (Han Ji-hyun), una cínica productora que estaba filmando un documental sobre su padre cuando este recibe la noticia del hallazgo. En el proceso, se encuentra con una verdad oculta que se revela a través de los recuerdos de colegas que trabajaron con su madre en la fábrica de ropa Cheonggyecheon poco antes de su desaparición.

Hay una ambición clara en The Ugly que consiste en construir una verdad a partir de fragmentos, testimonios cruzados y memorias que no terminan de encajar del todo. En ese sentido, la película de Yeon Sang-ho, el director de Peninsula, la cinta que hizo parte de la saga de zombies conocida como Tren a Busán y basada en la novela gráfica escrita por él mismo, se alimenta de la estructura narrativa de Rashomon de Akira Kurosawa, ese clásico donde la verdad se fragmenta en versiones contradictorias. Sin embargo, donde Kurosawa encontraba complejidad moral y ambigüedad, Yeon encuentra reiteración.

La película se articula a través de entrevistas que reconstruyen la vida de Young-hee, una mujer marcada por la humillación y la violencia social. Cada testimonio añade una capa, pero no necesariamente una nueva perspectiva. A diferencia de Rashomon, donde cada relato reconfigura lo anterior y obliga al espectador a cuestionar la verdad, aquí las versiones tienden a confirmar lo mismo: La brutalidad del entorno y la condición de víctima de su protagonista.

No hay contradicción real, ni ambigüedad sustancial o tensión entre relatos. Solo acumulación. Ese es el primer gran problema estructural.

La película adopta la forma de una investigación fragmentada, pero no explota sus posibilidades. Los testimonios no complejizan la verdad, sino que la repiten. Y al hacerlo, el dispositivo pierde sentido.

Lo que en Rashomon era una reflexión sobre la imposibilidad de acceder a una verdad objetiva, aquí se convierte en una herramienta expositiva, casi mecánica, que ralentiza el ritmo sin aportar nuevos significados. La figura de Young-hee queda atrapada en esa lógica. Su identidad se construye desde lo que otros dicen de ella, desde el apodo cruel que la define, desde los episodios de violencia que la marcaron.

La decisión de ocultar su rostro en los flashbacks parece querer reforzar esa idea de percepción distorsionada, pero termina funcionando más como un truco que como una reflexión profunda. A diferencia de Kurosawa, que usaba la subjetividad para revelar la fragilidad de la verdad, Yeon utiliza el ocultamiento sin generar verdadera tensión interpretativa. Hay, además, una contradicción de fondo.

The Ugly busca denunciar la deshumanización, pero al estructurar el relato exclusivamente desde las miradas externas, termina reproduciendo parcialmente esa misma deshumanización. Young-hee es narrada, interpretada y juzgada, pero rara vez se le permite existir fuera de ese marco. No hay una subjetividad que rompa el relato; solo una suma de voces que la definen desde fuera.

El presente narrativo tampoco logra equilibrar esta dinámica. Lim Dong-hwan, el hijo que investiga y Kim Su-jin, periodista que lo acompaña, funcionan más como vehículos que como personajes. Su arco emocional queda relegado frente al peso del pasado.

Esto genera una desconexión. El dispositivo sugiere una investigación viva, pero la película se siente estática, como si todo ya estuviera resuelto desde el inicio. Formalmente, Yeon apuesta por la sobriedad, pero esa contención roza la inercia.

Los flashbacks no expanden la historia, apenas ilustran lo ya dicho. Y sin una variación realmente notable en el punto de vista (clave en una estructura tipo Rashomon), la película pierde dinamismo. Cada escena confirma lo anterior en lugar de tensionarlo.

Eso no significa que la película carezca de fuerza. Su retrato de la crueldad cotidiana es perturbador. La violencia que muestra no es espectacular, sino banal, repetida y normalizada.

Y ahí hay una verdad potente: la verdadera “fealdad” no está en el cuerpo, sino en la mirada social, en la facilidad con la que una comunidad puede convertir a alguien en objeto de burla o desprecio. Pero esa idea se agota demasiado pronto. The Ugly la establece con claridad en sus primeros tramos y luego insiste en ella sin transformarla.

A diferencia de Rashomon, donde cada versión abría nuevas preguntas, aquí cada testimonio cierra posibilidades. No hay misterio, duda o una verdadera reconstrucción de la verdad. Solo una confirmación constante de lo ya evidente.

El resultado es una película que adopta una estructura sofisticada sin desarrollar su complejidad. Que toma prestada una forma clásica del cine, pero la reduce a un mecanismo narrativo funcional. Y en ese proceso, pierde lo que hacía de ese modelo algo poderoso: la capacidad de cuestionar, de generar preguntas desde la ambigüedad y de abrir en lugar de cerrar.

Tráiler:

Fuente: Rolling Stone AR|Fuente primaria|Editado por Tempranísimo IA

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