“Acá no viven los tiernos”: Carlos Chico, el escritor de Maquinchao que llevó la memoria rural a la Feria del Libro
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- Carlos Chico nació en Maquinchao el 8 de mayo de 1978, en el corazón de la Línea Sur rionegrina
- Escritor autodidacta, Chico logró llevar esa memoria colectiva -que durante décadas vivió al margen del papel-, pero que ahora es un libro, «Maquinchao y su historia»...
- Chico creció en Carrilaufquen – «laguna verde” en mapudungun-, donde aprendió que la vida rural se construye con trabajo cotidiano y esfuerzo compartido. “Mi infancia en el campo fue marcada por el trabajo duro que...
- La consagración simbólica llegó cuando Maquinchao y su historia fue seleccionado para la Feria del Libro de Buenos Aires. “Sentí mucha alegría y entendí que era la mejor oportunidad para que mi pueblo sea conocido más...
Carlos Chico nació en Maquinchao el 8 de mayo de 1978, en el corazón de la Línea Sur rionegrina. Su historia personal está profundamente entrelazada con la del campo patagónico, con sus sacrificios, y también con su oralidad y su sabiduría silenciosa. Escritor autodidacta, Chico logró llevar esa memoria colectiva -que durante décadas vivió al margen del papel-, pero que ahora es un libro, «Maquinchao y su historia», hasta uno de los escenarios culturales más importantes del país: la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. “Mi infancia estuvo parte en el campo y parte en el pueblo”, recuerda ahora, en diálogo con Río Negro. Hijo de padres de bajos recursos, cursó la primaria en una residencia estudiantil de Maquinchao. Chico creció en Carrilaufquen – «laguna verde” en mapudungun-, donde aprendió que la vida rural se construye con trabajo cotidiano y esfuerzo compartido. “Mi infancia en el campo fue marcada por el trabajo duro que hacían mi abuelo, mis tíos y mis padres: desde hacer pan en horno de barro, a acarrear leña y trabajar con los animales, cabríos y ovejas”. Ese modo de vida se convirtió en la raíz de su escritura. “El estilo de vida y el sacrificio de mis antepasados fue la principal fuente de inspiración para escribir”, explica. Fue entonces cuando comenzó a mirar el mundo de otra manera y a comprender que la sabiduría no siempre pasa por la escuela. “Si bien ellos fueron personas que no se escolarizaron, eran muy sabias para enfrentar la vida”. La oralidad ocupa un lugar central en su obra: se crió escuchando historias alrededor de un farol, al caer la noche en el campo, donde siempre había anécdotas, cuentos o leyendas que viajaban de boca en boca. “Creo que me di cuenta de que era hora de escribirlas una vez que crecí, pasada la adolescencia”, cuenta. De esa necesidad nacen relatos que rescatan figuras familiares y comunitarias: “En mis libros narro la vida de mi abuelo, Don Venancio Chico, y de un lonco defensor de su tierra que se llamó Nazario Chico”. Para el autor, la vida rural no solo produce historias, sino también valores. “La gente en el campo usa más naturalmente la oralidad y las palabras que cuentan historias valiosas, pero además viven de una manera en la que su trabajo, esfuerzo y resiliencia son dignos de imitar y merecen estar en un libro”. Así, aparecen en sus páginas mujeres como su madre, trabajadora incansable, o Antonina Ceballes, antigua pobladora y criancera de El Caín, junto a personajes como Don Teófilo Pazos, poblador solitario de la Meseta de Somuncurá, quien solía decir: “Acá no viven los tiernos, la meseta es solo para los curtidos”. El camino hacia la publicación comenzó de manera inesperada. En 2021, Chico compartió sus primeras historias en redes sociales. Hablaban del viejo camión de Pocho Tellechea o del Ford A de Lino Galíndez, un conocido mercachifle. “Fueron muy bien recibidas por el público, y eso me animó a seguir publicando”, recuerda. El impulso decisivo llegó de la mano del escritor Jorge Castañeda, de Valcheta, quien lo alentó a transformar esos textos en un libro. “Al principio fue una simple carpeta con errores de ortografía, a la que yo llamé proyecto de libro”, confiesa. Con el tiempo, creció y se enriqueció gracias al aporte colectivo: vecinos de Maquinchao y de otros lugares colaboraron con fotografías antiguas, relatos y testimonios. Chico escribe desde un profundo amor por su lugar. “Hablar bien de mi pueblo es como hablar de nuestra madre; ningún hijo hablaría mal de su madre”, afirma. Su objetivo es reivindicar la historia local y el trabajo anónimo. “Las personas del interior o del campo también producen cosas importantes que a veces no son tenidas en cuenta”, cita, recordando a Elías Chucair. Por eso, sus libros ponen en valor a los pioneros, al peón rural, al esquilador y al comerciante que empezó vendiendo con un canasto en la calle. La consagración simbólica llegó cuando Maquinchao y su historia fue seleccionado para la Feria del Libro de Buenos Aires. “Sentí mucha alegría y entendí que era la mejor oportunidad para que mi pueblo sea conocido más allá de mis horizontes próximos”. En Buenos Aires, incluso, un librero de Costa Rica que recorre el mundo comprando libros se llevó los dos títulos de su autoría, para que sus relatos viajen aún más lejos. Carlos Chico nació en Maquinchao el 8 de mayo de 1978, en el corazón de la Línea Sur rionegrina. Su historia personal está profundamente entrelazada con la del campo patagónico, con sus sacrificios, y también con su oralidad y su sabiduría silenciosa. Escritor autodidacta, Chico logró llevar esa memoria colectiva -que durante décadas vivió al margen del papel-, pero que ahora es un libro, "Maquinchao y su historia", hasta uno de los escenarios culturales más importantes del país: la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
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