Vallenato Social Club: el puente generacional que Gusi construyó para el vallenato
En su nuevo álbum, el cantautor propone un viaje por las distintas generaciones de uno de los movimientos musicales más grandes del país, conectando tradición y nuevas corrientes en una obra que trasciende lo sonoro The post Vallenato Social Club: el puente generacional que Gusi construyó para el vallenato appeared first on Rolling Stone en Español .
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En su nuevo álbum, el cantautor propone un viaje por las distintas generaciones de uno de los movimientos musicales más grandes del país, conectando tradición y nuevas corrientes en una obra que trasciende lo sonoro The post Vallenato Social Club: el puente generacional que Gusi construyó para el vallenato appeared first on Rolling Stone en Español .
- Fue ese crecimiento constante pero también la vigencia de los artistas tradicionales lo que despertó en Gusi la necesidad de realizar un álbum que funcionara como un punto de encuentro entre estilos...
- Ya han pasado algunos días desde el lanzamiento de Vallenato Social Club. ¿Cómo te has sentido con el lanzamiento?
- A partir de eso fui creando cada uno de los temas y construyendo estos 12 “eslabones” que conforman la cadena que más adelante decidí llamar Vallenato Social Club, como una especie de movimiento dentro del género
- Claramente, uno de ellos es poder hacer al menos un concierto con todos estos 12 exponentes de Vallenato Social Club
El vallenato no es un simple género musical, es toda una cultura. Reconocido como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, este movimiento nace de la fusión de expresiones culturales del norte de Colombia, como las canciones de los vaqueros del Magdalena Grande, los cantos de los esclavos africanos y algunos ritmos y danzas tradicionales de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Esa mezcla tan particular, sumada a letras que nacen desde la poesía española y abarcan diferentes recursos entre los que destacan la nostalgia, la alegría, el sarcasmo y el humor, sirvió para retratar la vida de los cantautores y músicos, pero también para definir la identidad de toda una región.
Así, y a pesar de tener una historia registrada desde finales del siglo XIX, el vallenato continúa más vivo que nunca, creciendo cada vez más con nuevos talentos y corrientes que enriquecen su larga trayectoria y proyectan el movimiento hacia el futuro. Fue ese crecimiento constante pero también la vigencia de los artistas tradicionales lo que despertó en Gusi la necesidad de realizar un álbum que funcionara como un punto de encuentro entre estilos, trayectorias y visiones musicales dentro del vallenato, con la idea de celebrar, honrar y proyectar el sonido que define a Colombia: Vallenato Social Club. En este proyecto, el cantautor colombiano actúa como una especie de anfitrión que, por medio de 12 canciones —cada una en colaboración con un artista diferente (Elder Dayán Díaz, Alfredo Gutiérrez, Jean Carlos Centeno, Luifer Cuello, Iván Villazón, Jorge Celedón, Karen Lizarazo, Rafa Pérez, Diego Daza, José Martín Bernier, Felipe Peláez y Peter Manjarrés)—, plantea un espacio simbólico donde confluyen distintas formas de entender el vallenato.
Desde sus raíces tradicionales hasta sus nuevas corrientes, en esta obra conviven el son, la puya, el paseo y el merengue con sensibilidades contemporáneas que dialogan con el pop latino y otras sonoridades actuales, reafirmando que “es un género vivo y en constante evolución”. De esa manera, y a lo largo de dos años, el cinco veces nominado a los Latin Grammys recorrió ciudades como Santa Marta, Valledupar, Barranquilla, Medellín y Bogotá para reunirse no solo con cada uno de los artistas invitados, sino también para conversar con reconocidos historiadores del vallenato. Esto lo llevó a pensar el proyecto más allá de los estudios de grabación y le permitió construir todo un universo transmedia que incluye cápsulas tipo bitácora —conversaciones cercanas entre Gusi y sus colaboradores— y un documental final en el que cronistas y juglares aportan su mirada sobre el origen, la memoria y el legado del género.
En conversación con ROLLING STONE en Español, Gusi habla sobre los detalles detrás del proyecto, recuerda algunos de los momentos más difíciles durante su desarrollo, profundiza en su relación personal con el vallenato y reflexiona sobre el documental que nació a partir de esta exploración por el género. Ya han pasado algunos días desde el lanzamiento de Vallenato Social Club. ¿Cómo te has sentido con el lanzamiento?
Súper bien. Por fin pude lanzar este álbum que llevaba ya casi dos años haciendo y organizando, sobre todo toda la gestión para reunir a 12 invitados del género vallenato. A cada uno le escribí una canción buscando construir ese puente y seguir sumando.
Además, todo esto tiene una logística extra porque hay un trabajo audiovisual más allá del disco. Hay videos, entrevistas, y busqué la manera de hacer un documental alrededor de todo este proceso. Entonces, muy feliz y contento de ver cómo la gente ha acogido esta primera parte del proyecto.
El álbum ya está afuera, disponible para todos los que aman esta música y sienten esa debilidad por la sonoridad colombiana. A lo largo de tu discografía, desde tu debut como solista en 2014 hasta este último proyecto, se percibe una evolución tanto en los sonidos que has traído a tu propuesta como en las letras. ¿Cómo has ido construyendo y reforzando tu identidad a lo largo de estos más de 10 años de carrera?
Claramente ha sido una evolución constante en todos los sentidos. Siempre he querido hacer la mejor canción posible, buscando no repetirme y entendiendo que, aunque hay unas sonoridades particulares que me identifican, también existe una industria que te obliga a explorar otros terrenos. La evolución musical y el pop, sobre todo —que es una de las ramas desde donde yo me agarro para meter toda esta onda tropical—, tienen unas tendencias.
Sin embargo, también hay que mantener ese balance entre lo original y lo que para mí representa la raíz. En este caso, toda esa sonoridad tropical también me lleva al mundo del vallenato y a visitar lugares que son muy afines a mí y a mi sonido. En cuanto a las letras, siempre procuro encontrar en el amor la principal fuente para establecer esa conexión con los fans y también con el legado que quiero dejarle inicialmente a mi familia y a toda la gente que me sigue.
Por eso trato de vestir mi música desde ese romanticismo tropical, que hace parte de mi esencia, desde el juego de palabras y la manera de hablar del amor, pero siempre intentando decirlo de formas distintas. Eso es quizá lo más complejo para un artista, compositor y productor, como es mi caso. En eso me baso para mantenerme vigente y exigirme a mí mismo: rodearme de compositores nuevos y, de vez en cuando, también buscar a quienes tienen mucha más trayectoria.
Me gusta coescribir y coproducir. Es importante trabajar en equipo y entender que, de pronto, cuando uno se queda solo, empieza a ahogarse en las mismas frases y en el mismo tipo de producción. Creo que eso es lo que hace que mi música se mantenga siempre a la vanguardia.
Entrando de lleno al proyecto, y como decías ahorita, es un trabajo al que le has dedicado los últimos 2 años y tiene una consigna muy clara: “servir de punto de encuentro para las voces clásicas y las de la nueva ola dentro del vallenato”. ¿Cómo nace este concepto tan poderoso? ¿Cómo fue colaborar con estos 12 artistas que participan en todo el álbum?
Inicialmente la idea era escribir una canción, como un ejercicio que hago habitualmente aquí en el estudio, y terminé encontrándome con una sonoridad muy parecida a la de uno de los artistas que hace parte de este proyecto: Peter Manjarrés. Cuando terminé la canción, recordé que desde hace mucho tiempo tenía la idea de hacer un proyecto que consistiera en una serie de colaboraciones con todos esos ídolos que han hecho parte de mi carrera, y ver cómo podía construir un puente entre su música y la mía a través de un álbum colaborativo. Esa idea siguió resonando tan fuerte en mi cabeza que al día siguiente empecé a componer para otro de los artistas que tenía en mente, que era Jorge Celedón.
Después de Peter pasé a Jorge, de Jorge a Felipe Peláez, y se fue formando una cadena en la que, afortunadamente, tuve esos “sí” desde las primeras muestras. Entonces pensé: “Bueno, si ya estos dos dijeron que sí, tengo una carnada para ir a buscar a los demás”. Ahí empecé a escribir cada canción trayendo primero al personaje al estudio: su aura, su manera de escribir y la forma en que se diferencia dentro del vallenato.
A partir de eso fui creando cada uno de los temas y construyendo estos 12 “eslabones” que conforman la cadena que más adelante decidí llamar Vallenato Social Club, como una especie de movimiento dentro del género. Fue toda una experiencia poder reunirlos a todos, ir a grabar en cada uno de sus estudios dependiendo de la ciudad donde vivieran y, además, registrar todo audiovisualemente. Era llegar con cámaras, hacer una especie de entrevista y construir una conexión que fuera más allá de estar ahí y que ese momento se quedara solo para mí.
También quería compartirlo con mis fans y con las audiencias de cada uno de mis invitados. También trabajaste como productor de este proyecto, ¿cierto? Sí.
Aquí mismo, en este estudio se produjeron estas canciones. Este es, digamos, mi laboratorio de prueba y error, el lugar donde hago mi música. Me gusta tener siempre el control de la canción: hacia dónde va, qué sonoridad va a tener.
También disfruto estar aquí haciendo muchas canciones, no solo del género en el que me muevo, sino también componiendo para otros artistas que me buscan, y esa es otra parte importante de mi labor como músico. He estudiado música, entonces aquí es donde saco todas esas habilidades a relucir. Eso también ha sido parte fundamental de mi proceso como artista: poder componer y producir mis propias obras.
Este álbum claramente está atravesado por varios géneros tradicionales, pero también converge esta sensibilidad pop que te caracteriza. ¿Cómo, desde tu papel como productor, lograste ese equilibrio en la composición sin perder la esencia del vallenato? Eso era clave, porque había que analizar muy bien a cada uno de los invitados y entender que todos se mueven en ramas diferentes dentro del mismo género vallenato.
Cada uno tiene una particularidad y por eso han construido sus propias trayectorias, porque son diferentes entre sí. Esa era parte del trabajo: hacer un análisis profundo, ahondar en sus tonalidades, sus cadencias, sus temáticas, los ritmos, y por supuesto hacerle un guión a cada uno antes de empezar a escribir la canción. Eso era esencial para el proyecto porque justamente lo que quería era encontrar la manera en que mi música —que de vez en cuando también entra en esa rama del vallenato dentro de mis álbumes— conectaba con los invitados y cómo esa conexión nos llevaba siempre a la misma fuente.
Fue un proceso espectacular, porque pude meterme en el ADN de cada uno de esos artistas y jugar el juego de componer, de ser como un sastre a distancia haciéndole un traje a la medida a cada uno. La dinámica consistía en mandar la canción al terminar el día, y si lo habíamos hecho bien, eso quería decir que el artista iba a responder que sí. Afortunadamente, fueron 12 veces las que recibimos esa respuesta positiva y ahí entendí que ya teníamos un álbum completo.
Entonces empecé a pensar que ahora íbamos a unirnos todos como una gran manada dentro del vallenato, juntándonos para hacer de este movimiento algo grande y dejar marcado en la historia el primer álbum colaborativo de canciones inéditas dentro del género. Ese terminó siendo el gran resultado final, algo que no veía venir desde el principio, pero que una vez terminado el proyecto me hizo entender que tenía una obra muy poderosa entre manos y que debía proteger, cuidar y pensar muy bien cómo divulgarla. Hoy ya es una realidad y eso es justamente lo que estamos haciendo.
Quizás, dentro de todo el universo colaborativo del álbum, la canción que más destaca es ‘Merenguito’ junto a Iván Villazón. ¿Cómo fue trabajar con este ícono del vallenato y cómo se dio la oportunidad de colaborar con él? Ya habíamos lanzado algunas canciones.
Hoy la industria se mueve así: vas mostrando pequeños avances de lo que será el proyecto. Ya habían salido temas con Elder Dayán Díaz, Alfredo Gutiérrez, Felipe Peláez, Peter Manjarrés y Jean Carlos Centeno, pero todavía tenía otras siete canciones que nadie conocía. Dentro de esas siete, vi en ‘Merenguito’, junto a Iván Villazón, varios componentes especiales: la trayectoria y el espaldarazo de uno de los grandes de nuestra música, el aire del merengue —que es uno de los cuatro aires del vallenato y quizá el que más necesita atención porque no es tan comercial—, y también una letra costumbrista pero enamorada.
La canción tenía la identidad de Iván Villazón, pero también la mía. Además, ya se empezaba a respirar y sentir toda esa aura del Festival Vallenato; estábamos ad portas de una fiesta muy importante para nuestra música, y pensé: “Esta es la canción ideal para convertirse en el foco del lanzamiento del álbum”. Por eso decidí recibir ese espaldarazo del maestro Iván Villazón y presentar el proyecto con una canción tan especial para mí y creo que también para él.
Justamente este proyecto busca honrar una parte de la historia del vallenato pero también explorar estas nuevas corrientes y estos nuevos artistas que están destacando. ¿En qué medida sientes que el género está teniendo un punto de inflexión generacional en este momento? Es importante ver cómo, a nivel global, dentro de la industria están regresando esos sonidos típicos de cada región.
Está volviendo esa sonoridad del merengue, de la bachata y, en el caso de México, también de lo regional. Aunque la música urbana sigue manteniéndose muy vigente, muchos artistas están regresando a sus lugares de origen, y dentro del vallenato también hay mucha originalidad. Hay una sonoridad muy particular de Colombia que, creo, necesitaba justamente este tipo de proyectos para que la gente pudiera visualizar y entender a qué suena el país, más allá de muchos exponentes que tenemos hoy en la industria como Karol G, J Balvin, Maluma, Sebastián Yatra, Kapo, Beéle, Shakira, Juanes o Carlos Vives.
Dentro del vallenato hay una identidad sonora muy importante y por eso nació mi propuesta de volver a esos sonidos y mostrar, a través de este colectivo, ese sabor tan especial que tiene Colombia. Yo logro conectar desde mi perspectiva, que es un poco más pop, más tropical y también más abierta, porque este álbum tampoco quería quedarse solamente en Colombia. De hecho, fue mezclado afuera, con ingenieros que adaptan ciertas sonoridades y las elevan para mantenerlas dentro de un vehículo más comercial, digámoslo así.
Por eso el álbum termina convirtiéndose no solo en una idea de ir en manada, sino también en una propuesta sonora. Eso era justamente lo que quería mostrar al unir los 12 estilos de cada uno de los exponentes invitados: 12 canciones con 12 identidades distintas, más la mía. Dentro de esa propuesta creo que también cabemos en lo que está pasando hoy a nivel mainstream en la música, y siento que el proyecto puede convertirse en un punto importante de referencia para las nuevas generaciones que quieran entender a qué suena Colombia y se vean influenciadas a crear sus propios trabajos a partir de Vallenato Social Club.
Pasando a todo este componente audiovisual que tiene el proyecto, que va desde varios clips y bitácoras hasta el documental que me comentabas antes, ¿qué tan importante era para ti contar la historia que me comentas y que atraviesa todo el álbum más allá de la música? Más allá de la música, quería conectar con esa sonoridad con la que crecieron mi papá y mis tíos, y con la pasión por la música caribeña que mis abuelos despertaron en ellos. Después, mi papá y mis tíos me la transmitieron a mí casi que por gravedad, por sangre, por llevar esa sangre villanuevera, que viene de una tierra donde hay tantos acordeoneros, tantos exponentes de la música, cantantes y compositores.
Con este proyecto también quise cerrar un ciclo muy importante en mi vida, porque sentía que me debía este trabajo a mí mismo para finalmente entender de dónde venía, por qué tenía este gusto por esta música y cuál era realmente mi propuesta dentro de ella para que la gente pudiera verme como un referente. Más allá del negocio y de la industria musical, era algo que me debía como artista. ¿Qué quieres retratar o reflejar en el documental?
La parte documental busca justamente compartir ese momento de estar junto a tantos ídolos de la música, que para mí fue un gran premio. Pero no quería quedármelo solo para mí, entonces lo que hice fue entrar con tres cámaras al estudio, sin avisarles a mis invitados que eso iba a pasar [risas], y por fortuna todos dijeron: “Dale, la puerta está abierta”. Incluso escondí algunas cámaras para poder documentar y guardar ese archivo de momentos únicos, como ver a Alfredo Gutiérrez con su acordeón tratando de encontrar una melodía y acompañar la canción, o verlo frustrarse porque no le llegaba la inspiración.
También poder ver cómo graba la voz un cantante tan poderoso y prodigioso como Jean Carlos Centeno; para mí eso era todo un enigma. Estar ahí para presenciarlo me hizo pensar que no quería que esos momentos se quedaran solo conmigo, y por fortuna pude documentarlos. También fue muy especial trabajar con una mujer como Karen Lizarazo y ver toda esa chispa que tiene, que la gente entendiera cómo ese poder femenino, a través de su voz, está presente hoy en día dentro del vallenato.
O ver figuras como Jorge Celedón, a quien uno a veces percibe como alguien introvertido o tímido, y descubrir cómo ahí se expresa, se ríe y conecta a través de sus historias. Para mí todo eso fue maravilloso y, como te digo, si yo puedo compartir mi audiencia con la de ellos y seguir potenciando el vallenato, entonces termina siendo un proyecto audiovisual espectacular. Además, antes de que termine mayo, voy a lanzar un documental donde también me senté a conversar con compositores e historiadores del vallenato que siguen guardando y multiplicando toda esa información sobre el origen del género.
Quería ir al inicio de todo y entender cómo el vallenato se convirtió en un lenguaje cultural colombiano. Ahí entendí que esto es como una enciclopedia gigante y que cada una de esas personas tiene información muy valiosa que quiero compartir con la gente que ha seguido el proyecto a través de cada canción. Todo esto también funciona como una validación de Vallenato Social Club: entender que más allá de escuchar esta música, también hay que verla, conocer sus referentes y descubrir muchas cosas que quizá todavía no sabemos o no entendemos sobre el vallenato y su importancia dentro de la historia de la música colombiana.
Algo que mencionas y que me llamó mucho la atención es el proceso de investigación que hiciste para el documental, especialmente al explorar las raíces del vallenato y conversar no solo con artistas, sino también con historiadores del género. ¿Qué fue lo más valioso que aprendiste de ese proceso? Y, además, ¿de qué manera esa exploración terminó influyendo en el desarrollo del proyecto o en la propuesta artística?
Yo todavía no había terminado de grabar el documental cuando fui a hablar con ellos, pero ya sabía de su existencia. La primera vez que llegué a Valledupar fue a la casa de Beto Murgas, quien fue mi compañero en Gusi & Beto, el primer grupo que tuvimos. Duramos tres álbumes, siete años de carrera y más de 11 años trabajando juntos.
Su papá, un historiador y coleccionista de acordeones, creó el único museo de acordeones que existe dentro de nuestro movimiento vallenato, y su aporte ha sido súper valioso. A través de él, de sus cantos como compositor y de todas sus historias, empecé a entender mucho más a fondo de qué se trata realmente el vallenato, más allá de tener un cantante acompañado por caja, guacharaca y acordeón. Empecé a descubrir todo lo que hay detrás.
Entonces, a través de él y de colegas suyos como Tomás Darío Gutiérrez, Julio Oñate, compositores como Gustavo Gutiérrez y Rosendo Romero, o artistas como El Mono Quintero —quien además hace parte de la junta directiva del Festival Vallenato—, fui entendiendo cómo el vallenato se ha mantenido vivo desde distintas perspectivas, de dónde viene, hacia dónde quiere llegar y cómo se ha transformado. Todo eso lo empecé a descubrir desde que llegué a esa casa hace más de 20 años, y también quería compartir con la gente cómo fue mi propia aproximación al vallenato, cómo lo fui descubriendo y de dónde vengo yo. Ellos me llevaron por primera vez a Villanueva, a conocer la plaza y la casa donde nació mi abuelo.
Después, con el paso del tiempo, me invitaron al Festival Cuna de Acordeones. Cantar en ese lugar y sentir que pertenecía a un espacio dentro del vallenato fue muy valioso para mí, y que incluso me bautizaran como villanuevero, a pesar de no haber nacido allá, fue algo muy importante en mi vida. Fueron muchos momentos los que terminaron haciéndome enamorar del vallenato, y todo esto al final también es la revelación de cómo logré conectarme con lo que hago hoy en día y darle coherencia al proyecto de Vallenato Social Club.
No quería que pareciera que yo era un foráneo que llegó de la nada a tratar de conectar con el género, sino mostrar que llevaba más de 20 años buscando mi identidad dentro de esta música. Con este álbum siento que estoy cerrando ese ciclo personal del que te hablaba antes: hacerle un homenaje a mis abuelos, a mi sonoridad, a mis padres y a todo lo que llevo dentro, dejando un legado musical no solo para Colombia, sino también para mis hijas y mi familia. ¿El documental tiene una fecha específica de lanzamiento?
Estamos definiéndola, pero tiene que ser sí o sí antes de que acabe el mes de mayo. Ya me hablaste de todos esos factores gratificantes de todo el proceso, pero supongo que también hubo desafíos. ¿Cuáles fueron?
Claro. Uno de los desafíos más relevantes e importantes fue conectar las agendas para poder llegar a las grabaciones. Creo que eso era lo que más me frustraba a veces: yo llegaba con todo el andamiaje listo y, al final, el artista tenía un viaje de último momento, se enfermaba o estaba metido de lleno en su rutina.
Por ejemplo, Iván Villazón estuvo homenajeado en el Festival Vallenato y tuvo la agenda bloqueada por más de cuatro meses. O Jorge Celedón, que muchas veces llegaba de gira con la voz agotada y me decía: “Dame un momento”. O de pronto que no te contestaran el celular, pero no por mala onda, sino porque son artistas con muchísimo movimiento y también necesitan pausas dentro de todo lo que viven.
Todo eso me empezaba a generar cierta ansiedad por sacar el proyecto adelante y porque la gente pudiera verlo. Pasaba un año, año y medio, y yo mismo me preguntaba: “¿Cuándo va a salir esto?”. Además, creo que mucha gente no alcanzaba a dimensionar lo que yo tenía en la cabeza, y eso también me frustraba.
Yo quería generar un movimiento, pero era difícil hacer entender que ya tenía las 12 canciones, que el proyecto estaba andando, que había una parte audiovisual enorme detrás. Yo lo explicaba y me respondían: “Ah, sí, muy chévere, pero ¿cuándo sale?, ¿cómo conecta esta canción con las otras once?”. Todo eso fue frustrante hasta la semana pasada, cuando finalmente se volvió una realidad y pude conectar con cada uno de los equipos.
Porque detrás del lanzamiento de una canción hay un trabajo de marketing gigantesco. Imagínate hablar con 12 managers, 12 equipos de marketing y 12 artistas distintos para firmar documentos, coordinar estrategias y asegurarse de que todo salga al aire sin problemas legales más adelante. Entonces, desafíos logísticos hubo muchísimos.
Musicalmente, afortunadamente, no hubo tantos problemas porque las canciones fueron concebidas buscando la identidad de cada uno de los artistas. Esa terminó siendo la parte más bonita: estar encerrado en el estudio, hacer la canción y recibir ese “sí”. Esa era la parte linda de la historia.
Por fortuna, toda esa marea alta ya pasó y hoy el álbum está disponible para todo el mundo. Ahora se siente como un premio. Creo que los trabajos que implican esfuerzos tan grandes y logísticas tan complejas terminan existiendo por una razón: porque necesitan ser escuchados y porque la gente entiende que detrás hay algo muy valioso.
Al final, los procesos difíciles también son para quienes están dispuestos a asumir esos desafíos, y yo fui uno de ellos. Empiezas el año con un proyecto muy ambicioso como este. ¿Qué pueden esperar tus fans y el público de Gusi para lo que queda del 2026?
Hay muchos proyectos en mente. Claramente, uno de ellos es poder hacer al menos un concierto con todos estos 12 exponentes de Vallenato Social Club. Yo sigo trabajando en música nueva, pero por ahora tengo la mente y el corazón puestos completamente en seguir mostrando este proyecto y este álbum.
Seguir girando, tocando y llevándole esta música al mundo hace parte de mi plan durante estos próximos tres o cuatro meses, mientras continúo ultimando detalles de lo que viene después. La idea más adelante es volver a abrir un poco más el espectro y seguir entendiendo mi propuesta desde un lugar más latino y más amplio, pero en este momento estoy metido de fondo y de lleno con este disco. También espero que podamos encontrar el espacio para llevarlo al formato en vivo y que la gente pueda disfrutarlo con nosotros, ya cuando el álbum tenga un poco más de recorrido y haya madurado durante algunos meses entre el público.
Más allá de un álbum colaborativo, Vallenato Social Club termina funcionando como una declaración artística y cultural alrededor de un género que continúa transformándose sin perder de vista sus raíces. Entre canciones, archivos audiovisuales y conversaciones con músicos, compositores e historiadores, Gusi construye un proyecto que no solo busca conectar generaciones dentro del vallenato, sino también abrir una puerta para entender todo el universo humano, histórico y emocional que existe detrás de esta música. En medio de una industria global que cada vez vuelve más la mirada hacia los sonidos regionales y las identidades locales, el cantautor colombiano apuesta por el vallenato como un lenguaje vivo capaz de dialogar con nuevas corrientes sin desprenderse de su esencia.
Así, esta obra no solo representa uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera, sino también una trabajo concebido desde la memoria, el legado y la necesidad de dejar un testimonio sobre una de las expresiones culturales más importantes de Colombia.
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