Una trampa para Milei
El Presidente se ve en la situación de tener que cristalizar, con un liderazgo populista, el apoyo político de un sector de la sociedad argentina que siempre despreció al populismo
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El Presidente se ve en la situación de tener que cristalizar, con un liderazgo populista, el apoyo político de un sector de la sociedad argentina que siempre despreció al populismo
- En ambos polos puede haber propuestas y gobiernos más de derecha (por ejemplo, promotores del libre mercado como el mejor asignador de recursos en una sociedad) o bien más de izquierda (por ejemplo...
- El sociólogo Juan Carlos Torre ha delineado con precisión esta distinción, señalando las diferencias entre los seguidores (votantes, simpatizantes, adherentes, militantes, beneficiarios) de cada uno de estos dos grupos
- La elección de Milei como presidente fue realmente disruptiva, quizá la más sorprendente desde la elección de Perón en 1946
- Pero, siguiendo la misma línea de razonamiento, en tanto la emergencia de Perón reconfiguró el esquema de la competencia política en el país...
Javier Milei ha irrumpido en el escenario político argentino con una fuerza disruptiva que recuerda, en términos de impacto, a la llegada de Perón en 1946. Sin embargo, esta novedad no implica que haya modificado las reglas del juego político, sino que ha ocupado un espacio dejado vacío por la derecha tradicional, particularmente tras la gestión de Mauricio Macri. La clave para entender su desafío radica en la histórica división entre peronismo y no-peronismo, que trasciende el clásico eje izquierda-derecha y se traduce en una confrontación entre populismo y republicanismo.
El sociólogo Juan Carlos Torre ha señalado que mientras el peronismo se caracteriza por una lealtad fuerte a sus liderazgos, con votantes que pueden cambiar sus convicciones económicas según la coyuntura, el no-peronismo se distingue por una subcultura más exigente y volátil, que evalúa resultados y métodos con mayor rigor. Esto plantea un dilema para Milei: consolidar un liderazgo populista —entendido como un estilo confrontativo que divide entre "pueblo puro" y "élite corrupta"— en una base electoral que históricamente ha valorado la tolerancia, la legitimidad de la oposición y el respeto por la diversidad.
El populismo, más allá de sus contenidos económicos, se define por su forma de movilización y construcción identitaria. En este sentido, los movimientos populistas suelen mantener su base activa y fiel no por las políticas públicas implementadas, sino por la identificación con un líder carismático y la polarización constante contra enemigos simbólicos. Milei, en su estrategia, parece apostar a esta dinámica, pero enfrenta el desafío de que su electorado no está acostumbrado a esta lógica movimientista, lo que podría limitar su capacidad de consolidación a largo plazo.
Además, el gobierno de Milei muestra una preocupante falta de propuestas concretas en áreas clave para su base, como la ciencia, la educación, la asistencia social y la lucha contra la corrupción. Su discurso se centra más en la denuncia del kirchnerismo y la burocracia que en ofrecer soluciones tangibles. Según el politólogo Martín Fernández, "la ausencia de una agenda pública sólida puede erosionar rápidamente el apoyo de un electorado que, aunque crítico, espera resultados y no solo confrontación".
Esta situación plantea preguntas fundamentales sobre la viabilidad del proyecto político de Milei. ¿Podrá imponer un estilo populista movimientista en un sector que históricamente ha defendido valores republicanos? ¿Estarán sus seguidores dispuestos a abandonar esos principios en pos de una identidad política nueva, aunque contradictoria? Y, en caso de que la economía no mejore —con una inflación que sigue alta (en torno al 120% anual según el INDEC) y un crecimiento económico débil—, ¿será capaz de mantener la gobernabilidad y la fidelidad electoral?
En términos comparativos, el fenómeno Milei puede analizarse junto a otros populismos globales que han tenido éxito en movilizar bases heterogéneas, como el de Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil. Sin embargo, a diferencia de esos casos, donde existía una base conservadora más homogénea, Milei enfrenta una base no-peronista con una tradición republicana más arraigada, lo que añade complejidad a su tarea.
En definitiva, la "trampa" de Milei no es solo política sino cultural y estructural. Su desafío es lograr que un liderazgo populista prospere en un terreno históricamente adverso a esa forma de hacer política. Como concluye el politólogo y presidente de Poder Ciudadano, "el tiempo será el juez definitivo, pero los indicios muestran que sin una agenda pública clara y sin respetar ciertos valores republicanos, la sostenibilidad del proyecto es incierta".
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