Una batalla tras otra y el poema de la revolución
Sobre el libro en que se basó la película ganadora del Oscar, y algo más.
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Sobre el libro en que se basó la película ganadora del Oscar, y algo más.
- Hace mucho tiempo, en los lejanos años 90s, Thomas Pynchon escribió una novela satírica sobre un movimiento en California que, en los años 60s, se separa de EE
- UU. y funda una nación de hippies y amantes de las drogas llamada “The People’s Republic of Rock and Roll”
- Una de las líderes de ese movimiento, Frenesi Gates, se enamora de un militar y se transforma en doble agente: queda embarazada y desaparece luego de dar a luz a una niña
- La novela no cuenta esa historia sino lo que pasa 14 años después, cuando esa niña y su padre son perseguidos por ese militar, líder de la DEA
Hace mucho tiempo, en los lejanos años 90s, Thomas Pynchon escribió una novela satírica sobre un movimiento en California que, en los años 60s, se separa de EE. UU. y funda una nación de hippies y amantes de las drogas llamada “The People’s Republic of Rock and Roll”. Una de las líderes de ese movimiento, Frenesi Gates, se enamora de un militar y se transforma en doble agente: queda embarazada y desaparece luego de dar a luz a una niña.
La novela no cuenta esa historia sino lo que pasa 14 años después, cuando esa niña y su padre son perseguidos por ese militar, líder de la DEA. Como todos los libros de Pynchon, Vineland es una novela caótica, llena de guiños que quizás pocos lectores pueden pescar. Y es también el libro sobre el que se basó Una batalla tras otra, la película que acaba de ganar el Oscar.
Poco queda de la novela en el film –más que nada el tema familiar – que funciona como crítica al EE UU actual (y no al de la época de Reagan). Para quien, como yo, se acerca a la película con ingenuidad (sin pensar en Pynchon, digamos), los primeros 40 minutos son desconcertantes: vemos a Frenesí (rebautizada Perfidia) y a Pat (Teyana Taylor y Leonardo Di Caprio) entrar a un centro de detención de inmigrantes para liberarlos, pero el modo en el que ella se conduce (vestida de un modo hiper sexualizado y, según parece, excitándose con cada bomba que tira) es incongruente. Si a eso se suman las armas, gritos y explosiones a los que Hollywood nos tiene acostumbrados, da la sensación de estar viendo un videogame diseñado para varones solitarios.
Una se pregunta qué tiene que ver esa estética con lo que dicen los personajes: hablan de un régimen fascita, hablan de libertad y revolución, incluso usan un famoso poema del movimiento Black Liberation como código para comunicarse, pero…no creemos ni por un momento en esa guerrilla de juguete liderada por Perfidia & CIA. ¿Será que los estadounidenses no pueden imaginar la revolución más que como un jueguito? Pasada la historia de Perfidia, la película expresa con más claridad su vocación satírica.
Lo mejor es la decisión de cambiar la temporalidad y poner como villano a un militar ridículo (encarnado por Sean Penn) cuya mayor ambición es entrar a un club secreto de supremacistas blancos. Eso y Benicio del Toro como sensei San Carlos. La película le encantó a casi todos los críticos, quizás por que en este momento tan difícil de EE.UU. hay que destacar cualquier postura clara en contra del avasallamiento de los derechos y de la democracia.
Yo creo que si la película manda a más gente a leer el poema La revolución no será televisada, ya es una ganancia. Su autor, Gil Scott-Heron, lo grabó en 1970 y lo compuso burlándose de eslóganes y series de la TV de su época. Traduzco algunos de sus versos: “La revolución no volverá luego de unos mensajes sobre un tornado blanco, un relámpago blanco, o gente blanca/ La revolución no será televisada, no quedará mejor con Coca Cola, no luchará contra los gérmenes que producen mal aliento, no será televisada: la revolución será en vivo”.
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