Trabajó en el sector tecno y vivió en África, pero volvió al país para dedicarse a la producción de pistacho
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- Durante los 5 años que estuve trabajando en África, viví en Ruanda, Kenya y Sudáfrica
- Durante 2018, mientras en Sudáfrica lideraba la ambiciosa iniciativa de Positivo BGH, Ponelli tuvo la inquietud de retornar al rubro del agro en Argentina
- Un modelo de fideicomiso Ya alejado de Positivo BGH, donde dejó sus funciones en octubre de 2024, Ponelli fundó la firma AgroFides en abril de 2025 y actualmente es su CEO
- Con un precio de venta de US$6 por kilo, multiplicado por unos 3500 kilos promedio por año, da unos US$21.000 por hectárea, a lo que hay que restarle los US$6000 de costos operativos...
Tras vivir durante 5 años en África, donde lideró un importante proyecto de instalación de plantas industriales para la compañía de tecnología Positivo BGH, Juan Ignacio Ponelli regresó a la Argentina en 2019 con la idea de retomar sus raíces familiares vinculadas al negocio agropecuario. “Soy licenciado en comercio internacional y abogado, tengo un posgrado en petróleo y gas, y un máster en economía y negocios en Chicago, donde viví durante un año. Durante los 5 años que estuve trabajando en África, viví en Ruanda, Kenya y Sudáfrica. Además, conocí más de 25 países de ese continente.
Soy bastante trotamundos”, se define el emprendedor, de 45 años, en diálogo con TN. Ponelli cuenta con una tradición familiar vinculada al campo, que comenzó con sus bisabuelos maternos, quienes instalaron un yerbatal en la provincia de Misiones. Su abuelo, además, fue propietario de un pinar.
Luego de que esos emprendimientos se terminaron vendiendo, junto a su madre y sus hermanos, el empresario desarrolló actividades de forestación de pulpa de papel y de ganadería en campos de Uruguay. “Mi vida laboral estuvo dividida entre manejar los negocios de mi familia vinculada al agro, y por otro lado mi carrera corporativa más relacionada con la tecnología. Por eso, busqué unir esos dos mundos en un mismo emprendimiento”, detalla. Durante 2018, mientras en Sudáfrica lideraba la ambiciosa iniciativa de Positivo BGH, Ponelli tuvo la inquietud de retornar al rubro del agro en Argentina.
Para eso, realizó un profundo análisis sobre la potencialidad que tenía el negocio de los frutos secos. “Con la intención de volver a las raíces familiares del negocio agropecuario, empecé a estudiar las potencialidades que había en un sector estratégico como el alimenticio, que a su vez fuera de alta rentabilidad, bajo riesgo relativo y flujo continuo". Entonces apuntó a “plantaciones perennes que den rindes durante más de 50 años. Esas condiciones las cumplen los frutos secos en general.
Fue así que me incliné por la producción de pistachos, porque en ciertos aspectos como oferta, demanda, riesgo relativo, inversión y rentabilidad le ganaba por lejos al resto de las opciones”, relata el experto. En ese sentido, explica que, en el hemisferio sur, prácticamente el único país donde se puede producir pistacho a nivel comercial es en Argentina, principalmente en la región de Cuyo. “De hecho, Sudáfrica tiene algunos problemas en ese sentido. Lo mismo que Australia, si bien hay algunos emprendimientos de pistacho”, comenta.
Durante sus recorridas por el extenso territorio africano, se enfocó en sus responsabilidades como ejecutivo de la mencionada compañía tecnológica, pero no dejó de prestarle atención a las oportunidades que ese continente puede brindar para el campo. “El agro en África tiene un potencial gigante porque tiene buenos suelos y mucha agua, con un área cultivable que es enorme. La capacidad de esas tierras para hacer granos a gran escala es infernal, todavía no está explotado y hay ahí una oportunidad muy interesante. En su momento, lo analicé, pero es para extensiones bastante importantes y tenés que asociarte con empresas con esas capacidades.
Eventualmente, tengo la idea de volver a África con algún proyecto importante, pero hoy mi foco está puesto en el pistacho”, asegura, De regreso en la Argentina, donde a principios de 2020 asumió como CEO global de Positivo BGH, y ya superadas las dificultades de la pandemia, Ponelli pudo comenzar a concretar el emprendimiento productivo que había ideado a varios miles de kilómetros de distancia. Fue así que en 2022 nació Tríada Agro, la empresa familiar que cuenta con una plantación de 110 hectáreas propias de pistacho en pleno desarrollo. A su vez, producen tomates para industrias y semillas de cebolla.
Un modelo de fideicomiso Ya alejado de Positivo BGH, donde dejó sus funciones en octubre de 2024, Ponelli fundó la firma AgroFides en abril de 2025 y actualmente es su CEO. Mediante un modelo de fideicomiso y tokenización, esta firma ofrece la posibilidad a pequeños inversores de participar en el negocio de la producción de pistachos, que comienzan a dar sus primeros frutos comerciales entre los 5 y 7 años desde su plantación. Al respecto, describe: “Eso lo hacemos en una finca lindera a la nuestra, de unas 100 hectáreas que vamos a plantar durante esta primavera, donde los derechos de agua, los tractores y otras herramientas son del fideicomiso, donde quien lo desee puede participar con esa inversión inicial.
Actualmente, tenemos más del 50% vendido y estimamos que en los próximos meses se termina de comercializar, porque estamos lanzando la segunda ronda. Proyectamos crecer a un ritmo de entre 100 y 300 hectáreas por año”. Según explica, la inversión requiere de un mínimo de US$33.000 para la compra de una hectárea.
Luego, deberán desembolsarse otros US$42.000 en total, que serán necesarios para pagar los US$6000 anuales que requiere de inversión el mantenimiento y producción de esa unidad hasta que las plantaciones comiencen a dar sus primeros frutos luego de 7 años. “La inversión, de unos US$75.000 en total por hectárea, se recuperaría en unos 5 años, ya que la rentabilidad puede ser de hasta un 20% anual en dólares, que es muy alta. Con un precio de venta de US$6 por kilo, multiplicado por unos 3500 kilos promedio por año, da unos US$21.000 por hectárea, a lo que hay que restarle los US$6000 de costos operativos, lo que da una ganancia neta de US$15.000 anuales. También hay que tener en cuenta la revalorización de la inversión y que es un negocio de flujo de largo plazo, porque las cosechas son todos los años y las plantaciones duran un siglo”, asevera.
Sobre cómo es el trabajo diario, el empresario comenta: “Tenemos el conocimiento del negocio y también agronómico. Por eso, nos ocupamos de la administración total. Tenemos un equipo de ingenieros agrónomos especializados con dedicación full time.
Además, a veces consultamos con asesores del exterior para algunos aspectos. Cada proyecto tiene su encargado y responsable de riego, junto al personal que se ocupa de la poda y del trabajo diario”. Por otro lado, remarca "el boom” que en 2025 hubo a nivel local e internacional con el consumo de chocolate Dubái, que tiene al pistacho como ingrediente clave. “Fue impresionante el crecimiento durante el año pasado por el chocolate Dubái.
No se lo esperaba nadie. Pero hay que aclarar que el consumo de pistacho está lejos de ser una moda. Cuando se toman los últimos 20 años como referencia, la demanda mundial de pistacho viene creciendo a un ritmo de 6,5% anual de promedio.
Esto viene de la mano con la alimentación saludable, donde los frutos secos son esenciales, porque tienen muchos nutrientes y propiedades que son buenas. De hecho, una gran parte de los deportistas de elite están consumiendo hoy pistacho dentro de sus dietas”, relata. Respecto a cómo se obtienen las ganancias del pistacho, Ponelli señala que la producción se vende a una empresa procesadora, que se ocupa de la comercialización para la elaboración de snacks y pastelería, tanto en el mercado local como externo. “Con la superficie plantada que tiene la Argentina, en algunos años ya se va a poder abastecer la totalidad del mercado interno con la producción local.
Pero nosotros apuntamos a que, con todo este desarrollo, también podamos expandirnos a la exportación”, afirma. Por último, destaca que se trata de una iniciativa de triple impacto. “Brinda rentabilidad, gestión de recursos sustentables (todo el riego es por goteo a través de tecnología israelí de punta, el traslado del agua es impermeabilizado y se genera energía renovable con paneles solares). Y por el lado social, podemos mencionar la generación de trabajo genuino y el arraigo de los habitantes del lugar, amortiguando la crisis que hoy se vive en la vitivinicultura”, finaliza.
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