The Beatles en Japón: El día que la banda pudo escucharse a sí misma
Cuando The Beatles aterrizaron en Tokio el 29 de junio de 1966, más de 1.500 fanáticos habían desbordado el salón de arribos del aeropuerto. Los esperaban, también, 35.000 policías desplegados por orden del primer ministro Eisaku Sato. La visita había generado una controversia que excedía con creces lo musical: en el Japón de mediados de [...]
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Cuando The Beatles aterrizaron en Tokio el 29 de junio de 1966, más de 1.500 fanáticos habían desbordado el salón de arribos del aeropuerto. Los esperaban, también, 35.000 policías desplegados por orden del primer ministro Eisaku Sato. La visita había generado una controversia que excedía con creces lo musical: en el Japón de mediados de [...]
- Cuando The Beatles aterrizaron en Tokio el 29 de junio de 1966, más de 1.500 fanáticos habían desbordado el salón de arribos del aeropuerto
- Los esperaban, también, 35.000 policías desplegados por orden del primer ministro Eisaku Sato
- La visita había generado una controversia que excedía con creces lo musical: en el Japón de mediados de los 60, la cicatriz de la Segunda Guerra Mundial estaba fresca...
- La decisión de realizar cinco shows de 30 minutos en el Nippon Budokan —un recinto construido dos años antes para los Juegos Olímpicos de Tokio y destinado específicamente a competencias de artes marciales...
Cuando The Beatles aterrizaron en Tokio el 29 de junio de 1966, más de 1.500 fanáticos habían desbordado el salón de arribos del aeropuerto. Los esperaban, también, 35.000 policías desplegados por orden del primer ministro Eisaku Sato. La visita había generado una controversia que excedía con creces lo musical: en el Japón de mediados de los 60, la cicatriz de la Segunda Guerra Mundial estaba fresca, y el éxito arrollador de la banda en Estados Unidos llevó a sectores nacionalistas a verlos como una extensión cultural del poder norteamericano.
La decisión de realizar cinco shows de 30 minutos en el Nippon Budokan —un recinto construido dos años antes para los Juegos Olímpicos de Tokio y destinado específicamente a competencias de artes marciales, ubicado entre el santuario Yasukuni y el Palacio Imperial— fue interpretada como una profanación. Tanto el primer ministro como el presidente del Budokan, Matsutaro Shoriki, presionaron para cancelar las fechas, pero los contratos ya estaban firmados. Amenazas de muerte y prohibición de salir Lo que la banda no sabía, ya que su mánager Brian Epstein había decidido no contárselo, era que habían recibido amenazas de muerte.
Una de ellas decía: “Los escarabajos son insectos repugnantes que deben ser aplastados, incluidos los que se escriben con ‘a’”. Sin tener conocimiento de esto, los Beatles fueron trasladados directamente a su hotel, donde la policía ocupó todas las habitaciones linderas y les prohibió salir de la suite. Paul McCartney logró convencer a la seguridad de hacer una visita escoltada al Templo Meiji y al Palacio Imperial.
John Lennon, según los relatos de la época, escapó disfrazado de fotógrafo. Cuando los fans reconocieron a McCartney en la calle, las restricciones se volvieron todavía más estrictas. Confinados, los cuatro pintaron juntos la obra Images of a Woman y encontraron, paradójicamente, una tranquilidad que rara vez experimentaban durante las giras.
Un público silencioso En la conferencia de prensa previa a los shows, la banda se pronunció en contra de la guerra de Vietnam por primera vez en público, un gesto que desconcertó a quienes los veían como una mera herramienta del imperialismo anglosajón. Después vinieron las presentaciones. Por las estrictas medidas de seguridad, el público fue ubicado a una distancia inédita del escenario.
Nadie podía ponerse de pie y, por cada 10 personas, había tres policías. El resultado fue que, por primera vez en años de giras, la banda pudo escucharse a sí misma. Y el público, contenido y en silencio, pudo oírlos con una nitidez que ningún otro en el mundo había tenido. “Realmente sentimos que cantaban para nosotros”, recordó décadas después Junichi Mizusawa, responsable de un museo dedicado a Lennon en Saitama. “Sonaban completamente distinto a la música japonesa, al jazz o al pop estadounidense.
Fue impactante. Pero los jóvenes de los años 60 no tuvieron problema en aceptarlos porque sentían que les daban voz a sus sentimientos”, concluyó.
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