Sfogliatella casera: la factura italiana en 8 pasos que los argentinos no paran de buscar
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- La sfogliatella es una de ellas
- Este pastelito italiano de origen napolitano —con forma de almeja, capas finísimas y crujientes, y un interior suave de ricota— se convirtió en furor en Argentina: las búsquedas de su receta crecieron más de 800% en...
- Envolvelo en film y llevalo a la heladera por entre 45 minutos y 2 horas. - Preparar el relleno: en un bol, mezclá la ricota con el azúcar hasta obtener una crema homogénea
- Cerrá los bordes presionando suavemente para que no se abra durante la cocción. - Hornear: acomodá las sfogliatelle en una placa con papel manteca y horneá a 200°C por 20 a 25 minutos...
Hay preparaciones que, una vez que las probás, no podés sacar de la cabeza. La sfogliatella es una de ellas. Este pastelito italiano de origen napolitano —con forma de almeja, capas finísimas y crujientes, y un interior suave de ricota— se convirtió en furor en Argentina: las búsquedas de su receta crecieron más de 800% en Google en las últimas semanas, superando a cualquier otro postre. ¿Por qué ahora? Porque los argentinos se animaron. Ya no alcanza con verla en una vidriera o en un video de TikTok. La tendencia dice que queremos hacerla en casa, y con la receta correcta, se puede. No es una preparación rápida —hay que ser honesto—, pero tampoco es imposible. Con paciencia, una mesada amplia y los ingredientes justos, el resultado es espectacular. Qué es la sfogliatella y de dónde viene Su nombre en italiano significa literalmente “hojita” o “pequeña hoja”, en referencia a las múltiples capas que forman su masa característica. Nació en el siglo XVII en el Monasterio de Santa Rosa, en Conca dei Marini, en la región de Campania. Desde entonces, es uno de los íconos de la pastelería napolitana. Existen dos versiones: la riccia (rizada), con su forma de concha y capas bien marcadas —la más conocida y la que vamos a hacer acá—, y la frolla, más pequeña y con masa tipo pasta quebrada. Ingredientes para 12 sfogliatelle Para la masa: - 500 g de harina 0000 - 250 cc de agua tibia - 1 cdita de sal - Manteca c/n (para untar, pomada) Para el relleno: - 250 g de ricota - 100 g de azúcar - 1 huevo - Ralladura de 1 limón - 1 cdita de esencia de vainilla - 1 pizca de canela Para terminar: - Azúcar impalpable para espolvorear Los 8 pasos para hacer sfogliatella en casa - Hacer la masa: mezclá la harina con la sal y el agua tibia de a poco. Amasá durante 10 minutos hasta obtener una masa lisa y elástica. Envolvela en film y dejá reposar 30 minutos en la heladera. - Estirar muy fina: este es el paso clave. Sobre una mesada enharinada, estirá la masa lo más fina posible, hasta que quede casi transparente, como si fuera masa filo. El objetivo es un rectángulo lo más fino posible, casi transparente. - Untar con manteca: cubrí toda la superficie con manteca pomada. Este paso es el que crea las capas características. No escatimes: tiene que quedar bien cubierta de punta a punta. - Enrollar y refrigerar: enrollá la masa desde un extremo, apretando bien, hasta formar un cilindro firme. Envolvelo en film y llevalo a la heladera por entre 45 minutos y 2 horas. - Preparar el relleno: en un bol, mezclá la ricota con el azúcar hasta obtener una crema homogénea. Agregá el huevo, la ralladura de limón, la vainilla y la canela. Integrá todo con movimientos envolventes y reservá en la heladera. - Cortar y dar forma: sacá el cilindro de la heladera y cortalo en rodajas de 1,5 cm de espesor. Tomá cada rodaja y, con los pulgares, empujá desde el centro hacia afuera, abriendo las capas con cuidado hasta darle forma de concha o abanico con un hueco en el centro. - Rellenar y cerrar: colocá una cucharada generosa del relleno de ricota dentro de cada concha. Cerrá los bordes presionando suavemente para que no se abra durante la cocción. - Hornear: acomodá las sfogliatelle en una placa con papel manteca y horneá a 200°C por 20 a 25 minutos, hasta que estén bien doradas y las capas se vean separadas y crujientes. Al salir del horno, espolvoreá con azúcar impalpable. El secreto para que queden perfectas La clave está en dos cosas: la masa tiene que ser finísima —cuanto más fina, más capas y más crujiente el resultado— y hay que comerlas tibias, recién salidas del horno. Con el tiempo pierden la textura característica, así que no hay que guardarlas para después. Si sobran, se pueden congelar antes de hornear y cocinarlas directamente del freezer cuando se quieran consumir.
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