“Se puede vivir del tejido”: la historia de la artesana de Neuquén premiada en la Rural de Palermo
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- Ese amor transformado en ponchos, mantas y alfombras fue premiado en Exposición Rural de Palermo
- Además, recibió un reconocimiento del Gobierno de Neuquén. «Se puede vivir del tejido”, aseguró
- Eliana tiene 46 años y teje desde los 12
- Ello se ve reflejado en el precio: un poncho, que puede demorar hasta tres meses de preparación, ronda entre 1.300.000 y 1.500.000 pesos. «Estoy orgullosa»: Eliana recibió un reconocimiento de la provincia de Neuquén Su...
Eliana Tropan comienza su día con “los deberes de la casa” en Junín de los Andes. Después se prepara unos mates y se sumerge en el silencio. Solo se escucha el roce de la lana y el movimiento del telar que arma con paciencia, como le enseñó su abuela. “En el momento que tejo me gusta estar tranquila, sin ruido. Al tejer siento paz”, reflexionó. Ese amor transformado en ponchos, mantas y alfombras fue premiado en Exposición Rural de Palermo. Además, recibió un reconocimiento del Gobierno de Neuquén. «Se puede vivir del tejido”, aseguró. Eliana tiene 46 años y teje desde los 12. Creció en la comunidad mapuche Linares y es la mayor de seis hermanos. Cuando murió su mamá, tuvo que empezar a trabajar para sortear las dificultades. Allí, el tejido se transformó en su refugió y en una herramienta laboral. Aprendió “mirando y haciendo”, guiada por su abuela Erminda, que le enseñó a hilar, torcer, lavar, teñir y tejer. Su mamá también sabía el oficio, pero no alcanzó a practicarlo con ella. Sin embargo, aseguró que cuando sus manos tocan la lana, la siente cerca: “Siento la compañía de mi abuela y de mi mamá en el tejido, porque esto es lo que ellas hacían y lo que me enseñaron”. Cómo nació el emprendimiento de Eliana Tropan Durante mucho tiempo combinó el telar con otros trabajos. Fue niñera, cuidó personas mayores, trabajó en una casa como modista y estuvo diez años como ayudante de cocina. Hasta que tomó la decisión de dedicarse por completo a su emprendimiento. “Hace cinco años que mi único ingreso es el tejido. Me di cuenta de que lo que ganaba en otros trabajos lo podía ganar tejiendo, con la diferencia de que esto lo hago con el corazón”, relató la artesana. Hoy vende principalmente del boca en boca, en la Sociedad Rural de Junín de los Andes y a través de Artesanías Neuquinas, que incorpora sus piezas al catálogo provincial y las distribuye a otros puntos del país. Sus ponchos y alfombras, muchos de ellos en tonos naturales y grises suaves, son reconocibles por su calidad y por una “mano” que quienes conocen el oficio identifican de inmediato. Detrás de cada prenda hay un proceso largo y artesanal. La compra de lana en época de esquila, el lavado, el hilado fino, el torcido, el teñido con elementos naturales como laurel, retamo, michay, nogal, cáscara de cebolla, entre otros. Recién entonces comienza con el tejido en telar. “No es sentarse y tejer nada más. Hay que preparar la lana, elegir el grosor, hacer la urdimbre, decidir los colores. Cada paso lleva tiempo. Y cada prenda es única. Aunque quiera repetir, nunca salen exactamente iguales”, explicó. Ello se ve reflejado en el precio: un poncho, que puede demorar hasta tres meses de preparación, ronda entre 1.300.000 y 1.500.000 pesos. «Estoy orgullosa»: Eliana recibió un reconocimiento de la provincia de Neuquén Su trabajo la llevó a obtener dos premios de la Exposición Rural de Palermo. Además, recibió un reconocimiento del Gobierno de la Provincia del Neuquén, en un acto encabezado por la ministra de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, Leticia Esteves, y el presidente de Artesanías Neuquinas, Luis María “Titi” Ricciutto. “Me siento orgullosa, feliz porque puedo mostrar mi tejido, lo que hago y a la vez ser reconocida como una artesana. Que reconozcan tu trabajo te da fuerza para seguir y para mejorar. Una nunca termina de aprender. Siempre se puede perfeccionar un color, un borde, un diseño”, remarcó Eliana. “Entre saber y lana”, nombre de su emprendimiento, hace alusión a ese diálogo entre técnica, memoria y territorio. En su casa y taller, el tejido convive con otra tarea igual de importante: enseñar. Su hija mayor ya teje con ella, su nieta, de 13 años, comenzó a hilar y a probar en el telar. Cada vez que puede, abre el espacio para que otras personas se acerquen a aprender. Para Eliana Tropan el tejido es es una forma de sostener un hogar, de transmitir saberes, de llevar un pedazo de Neuquén y extender sus raíces a cada lugar donde sus prendas puedan llegar. “A los jóvenes que hoy están empezando les digo que no se queden, que sigan. Del tejido se puede vivir y se puede llegar lejos. Yo sigo con este oficio y no quiero que se pierda. Es algo que llevamos en la sangre”, enfatizó. Eliana Tropan comienza su día con “los deberes de la casa” en Junín de los Andes. Después se prepara unos mates y se sumerge en el silencio. Solo se escucha el roce de la lana y el movimiento del telar que arma con paciencia, como le enseñó su abuela. “En el momento que tejo me gusta estar tranquila, sin ruido. Al tejer siento paz”, reflexionó. Ese amor transformado en ponchos, mantas y alfombras fue premiado en Exposición Rural de Palermo. Además, recibió un reconocimiento del Gobierno de Neuquén. "Se puede vivir del tejido”, aseguró.
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