Quiso ser mamá toda su vida, eligió hacerlo sola y enfrentó los prejuicios
A los 35 años, Gabriela decidió que no iba a renunciar a su sueño de ser mamá por no tener pareja. En el camino enfrentó miedos, comentarios prejuiciosos y dificultades, hasta la llegada de Lucía, que le cambió la vida para siempre.
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A los 35 años, Gabriela decidió que no iba a renunciar a su sueño de ser mamá por no tener pareja. En el camino enfrentó miedos, comentarios prejuiciosos y dificultades, hasta la llegada de Lucía, que le cambió la vida para siempre.
- En el Día de la Madre, que se celebra este domingo 18 de octubre en Argentina, Gabriela Araujo, una mendocina de 39 años, cuenta cómo decidió cumplir su deseo de ser mamá sola...
- El deseo de ser mamá Gabriela siempre tuvo algo en claro: desde chica quería ser mamá
- Yo no tenía esa posibilidad de tener una familia tipo, como se dice”, contó la mendocina en diálogo con MDZ. “Tenía 35 años, por lo cual la maternidad se hace más difícil
- Finalmente, Lucía Araujo nació el 26 de agosto de 2025, un día que su mamá jamás olvidará. “La vida me cambió por completo
Papá y mamá. Durante mucho tiempo, la familia formada por una pareja heterosexual y sus hijos fue considerada el “modelo tradicional”. Pero las familias son mucho más que una estructura: son espacios de afecto, apoyo y contención que pueden adoptar distintas formas.
En el Día de la Madre, que se celebra este domingo 18 de octubre en Argentina, Gabriela Araujo, una mendocina de 39 años, cuenta cómo decidió cumplir su deseo de ser mamá sola, los prejuicios que tuvo que enfrentar durante el proceso y la red de amor que la acompaña todos los días. Su historia pone en primer plano la certeza de que no existe un único modelo de familia, pero sí algo fundamental para construirla: el amor. El deseo de ser mamá Gabriela siempre tuvo algo en claro: desde chica quería ser mamá.
Aunque imaginaba una familia “tipo”, como ella misma la describe, la vida le presentó un escenario diferente. “Quise ser mamá siempre, desde chica. Siempre pensé en tener hijos, mi propia familia. El tema es que uno imagina un ideal, donde todo es tal cual lo pensaste, y a veces no se da así.
Yo no tenía esa posibilidad de tener una familia tipo, como se dice”, contó la mendocina en diálogo con MDZ. “Tenía 35 años, por lo cual la maternidad se hace más difícil. En particular, mi panorama en fertilidad estaba algo complicado y, además, el proyecto era sola”, agregó. Para Gabriela, las opciones eran dos: abandonar la idea de ser mamá o, como ella misma describe, tomar las cartas que la vida le estaba dando e intentar lograrlo.
Y eso hizo. La decisión requirió meses de preparación, conversaciones profundas con su psicóloga, su familia y sus amigos, y un proceso de reflexión para dejar atrás los miedos y prejuicios. “Fueron muchos meses de preparación para tomar la decisión y para dejar los miedos y prejuicios, propios y ajenos. También necesitaba duelar esa idea inicial de familia y maternidad para abrazar una nueva y distinta”, explicó.
El proceso y los prejuicios que enfrentó Más allá de su deseo de ser mamá, Gabriela sabía que el camino no iba a ser sencillo. A las dificultades vinculadas con su situación de fertilidad se sumaba el desgaste físico y emocional que puede implicar un tratamiento, con medicaciones, procedimientos y momentos de incertidumbre, ansiedad y angustia. “A veces se cree que la maternidad o paternidad es un deseo fácil de conseguir, y para muchos no lo es. Hay parejas y personas a las que les cuesta mucho, e incluso a veces no lo logran.
Y para quien realmente lo desea es un dolor inmenso”, compartió. A los miedos propios se sumaron los prejuicios ajenos. Durante el proceso, Gabriela se encontró con médicos y otros profesionales de la salud que, según relató, no tuvieron la empatía que necesitaba e incluso cuestionaron su decisión.
Sin embargo, también encontró apoyo en otras mujeres que estaban atravesando o ya habían pasado por experiencias similares. Ellas le brindaron consejos prácticos, la orientaron con los trámites administrativos y le recomendaron profesionales. “Me pasó al comienzo que me encontré con médicos y profesionales cero empáticos, que sin ningún tacto te decían cosas o te juzgaban. Después, gracias a las chicas que me contaron sus experiencias, me guiaron y me dieron recomendaciones, llegué a excelentes profesionales que me acompañaron en los buenos momentos y en los no tanto”, expresó.
Los comentarios desafortunados no provinieron únicamente de profesionales de la salud. También llegaron de personas de su entorno, entre ellas familiares y amigos. Frente a esas situaciones, Gabriela decidió tomar distancia y concentrar su energía en el proyecto de convertirse en mamá. “A la gente le encanta opinar de la vida ajena y de la maternidad ni hablar.
Recibí comentarios desafortunados de profesionales y también de gente que era amiga o familia. Creo que tiene que ver con falta de información, desconocimiento, de entender que existen distintos tipos de familias. Y también con cuestiones propias que nada tenían que ver conmigo.
En todos los casos decidí ignorarlos y alejarme, guardar mi energía para algo más grande y lindo como la maternidad”, señaló. El momento más esperado El proceso fue complejo y no todos los momentos fueron fáciles o felices. Pero Gabi siguió adelante.
Finalmente, Lucía Araujo nació el 26 de agosto de 2025, un día que su mamá jamás olvidará. “La vida me cambió por completo. Es tal cual dicen, nace el bebé y nace una madre. Es un reseteo total.
La prioridad es ese pequeño que depende 100% de la mamá. Es acomodar la vida entera, desde lo más básico hasta lo más complejo, todo. Nunca más sos la misma”, dijo emocionada. “Los momentos más lindos son todos.
Y los más complejos también”, agregó entre risas, al describir una maternidad que considera hermosa, pero también el trabajo más “desafiante, difícil e intenso”. A poco más de un año de su nacimiento, Lucía es una nena muy curiosa y simpática. “Habla en su idioma”, camina y baila. Mientras tanto, su mamá asegura que no hay fórmulas mágicas, pero que intenta estar presente para atender sus necesidades, acompañar sus emociones y darle confianza para que sea una persona “libre, feliz y de buen corazón”.
Si bien Gabi y Lucía conforman una familia monoparental, cuentan con una red de contención que las acompaña desde el primer momento. Familiares y amigos están presentes en su vida cotidiana y forman parte de ese entorno de afecto y apoyo. Gabriela reconoce que los prejuicios todavía existen, aunque considera que poco a poco van quedando atrás, a medida que se comprende que hay distintos tipos de familia.
En ese sentido, destaca que lo importante es el amor, el respeto y la unión. Por último, deja un mensaje para su hija y para todas aquellas mujeres que atraviesan un proceso similar. “Las invito a que se animen, que tengan fe y confianza. El camino no es fácil, hay desilusiones y a veces las cosas no salen y hay que volver a intentarlo.
Es muy importante rodearse de una red de familia y amigos que apoyen y acompañen, buscar los profesionales correctos, no bajar los brazos aunque cueste y lleve tiempo, porque la recompensa es enorme”, alentó. “Amo ser mamá, Lucía es la razón de mi vida, la amo infinitamente. Más allá de los aciertos y desaciertos, voy aprendiendo día a día este hermoso rol y trato de ser la mejor mamá”, concluyó.
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