Qué dice la psicología sobre la “fiebre” de los tatuajes
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- En esta noticia En las calles de Buenos Aires, Rosario o Córdoba, el tatuaje dejó de ser la excepción para convertirse en la norma
- Lo que hace unas décadas se vinculaba a la marginalidad o a la rebeldía juvenil, hoy atraviesa todas las clases sociales y rangos etarios
- Pero, ¿qué nos impulsa a marcar nuestro cuerpo de forma permanente?
- La psicología contemporánea ha dejado de ver al tatuaje como un síntoma de impulsividad para entenderlo como una herramienta sofisticada de construcción de identidad
En esta noticia En las calles de Buenos Aires, Rosario o Córdoba, el tatuaje dejó de ser la excepción para convertirse en la norma. Lo que hace unas décadas se vinculaba a la marginalidad o a la rebeldía juvenil, hoy atraviesa todas las clases sociales y rangos etarios. Pero, ¿qué nos impulsa a marcar nuestro cuerpo de forma permanente? La psicología contemporánea ha dejado de ver al tatuaje como un síntoma de impulsividad para entenderlo como una herramienta sofisticada de construcción de identidad. Para el público argentino —especialmente para quienes valoran la escritura y el relato—, el tatuaje funciona como un “texto vivo” sobre el lienzo más íntimo que poseemos: la piel. La piel como bitácora: Escribir lo que no se dice Para los especialistas en salud mental, el tatuaje es una forma de autoafirmación. En un mundo hiperdigitalizado y efímero, grabar algo de forma permanente es un acto de resistencia. Muchos argentinos eligen tatuarse para conmemorar hitos: desde el nacimiento de un hijo hasta la reciente euforia mundialista. Aquí entra en juego la función narrativa del tatuaje. Quien se tatúa no solo decora su cuerpo; está editando su propia biografía. Es, en esencia, un ejercicio de escritura donde la aguja reemplaza a la pluma para fijar un recuerdo que el olvido no pueda borrar. El fenómeno de la soberanía corporal Uno de los hallazgos más interesantes de la psicología social es el concepto de agencia o control corporal. En contextos de crisis económica o incertidumbre social —algo que el lector argentino conoce bien—, el cuerpo se convierte en el único territorio donde realmente tenemos poder de decisión. Tatuarse es, para muchos, un acto de soberanía. “Mi cuerpo es mío y yo decido qué historia cuenta”, parece ser el lema subyacente. Esta búsqueda de control es particularmente visible en personas que han atravesado traumas o duelos, utilizando el arte corporal como un mecanismo de resiliencia y cierre de etapas. ¿Qué rasgos de personalidad definen a quien se tatúa? Si bien no existe un “perfil psicótico” ni patrones rígidos, diversos estudios (como los publicados por la revista Psychology Today) sugieren que las personas tatuadas suelen compartir ciertos rasgos: - Extroversión y apertura a la experiencia: una mayor disposición a probar cosas nuevas y a comunicar quiénes son sin filtros. - Búsqueda de singularidad: el deseo de diferenciarse en una sociedad de consumo masivo. - Gestión del dolor: una relación consciente con la tolerancia física, donde el proceso de “sufrir” el tatuaje es parte de la catarsis. - Seguridad y confianza: al contrario del mito, la decisión de tatuarse suele reforzar la autoestima al alinear la imagen externa con el sentir interno. El factor cultural: el tatuaje como “tribu” en Argentina Argentina es un caso de estudio global. Según datos de la industria, el país tiene una de las mayores densidades de estudios de tatuajes por habitante en Latinoamérica. El tatuaje argentino tiene un fuerte componente de pertenencia social. Ya no es solo la identidad individual, sino la colectiva: el club de fútbol, la banda de rock nacional o el símbolo patrio. La psicología del grupo explica que el tatuaje actúa aquí como un “uniforme de pertenencia”, un código visual que permite reconocer al par y fortalecer el tejido social en tiempos de individualismo.
Fuente: El Cronista. Para leer la nota completa:
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