“Poder decir adiós, es crecer”: un ex futbolista y un coach deportivo analizan el duro momento de retirarse
Gastón Corado, quien tiene una extensa trayectoria en el fútbol de ascenso, consiguiendo importantes hitos, colgó los botines hace un par de meses en España y nos cuenta su experiencia y reinvención. Pablo Peralta, en tanto, trabaja con jugadores de Argentina y del mundo y analiza cómo transitar esta situación.
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Gastón Corado, quien tiene una extensa trayectoria en el fútbol de ascenso, consiguiendo importantes hitos, colgó los botines hace un par de meses en España y nos cuenta su experiencia y reinvención. Pablo Peralta, en tanto, trabaja con jugadores de Argentina y del mundo y analiza cómo transitar esta situación.
- El pasado martes, en un Monumental que lució repleto, Lionel Messi disputó su último partido con los colores nacionales, ya que con 39 años decidió ponerle punto final a su experiencia como internacional
- La "Pulga" tomó la decisión después de 21 años defendiendo a nuestro país, conquistar dos Copa América, el Mundial de Qatar 2022...
- Fue algo que analizó detenidamente mucho antes incluso de disputar el Mundial de Estados Unidos-México-Canadá 2026 y que terminó de confirmar con el fallecimiento de su papá, Jorge
- En mi caso, alrededor de los 30 o 32 años empecé a preguntarme qué quería hacer con mi futuro
El pasado martes, en un Monumental que lució repleto, Lionel Messi disputó su último partido con los colores nacionales, ya que con 39 años decidió ponerle punto final a su experiencia como internacional. La "Pulga" tomó la decisión después de 21 años defendiendo a nuestro país, conquistar dos Copa América, el Mundial de Qatar 2022, la Finalissima 2022 frente a Italia y la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. No fue algo de un día para el otro que Messi tomó la decisión.
Fue algo que analizó detenidamente mucho antes incluso de disputar el Mundial de Estados Unidos-México-Canadá 2026 y que terminó de confirmar con el fallecimiento de su papá, Jorge. Con este contexto es que Doble Amarilla se preguntó cómo es que los futbolistas profesionales llegan a tomar la decisión de colgar los botines de una actividad que realizaron toda su vida. En ese sentido, nos comunicamos con Gastón Corado, ex jugador de extensa trayectoria en nuestro Ascenso y también en Italia y España, quien se se retiró hace un par de semanas, para que nos cuente su experiencia y también cómo continúa su vida en la actualidad.
Y también hablamos con Pablo Peralta, que es un coach deportivo que trabaja con varias figuras del deporte, tanto de nuestro país como del exterior, para que nos ayude a entender cómo se trabaja la mente de la persona en estos momentos. -DOBLE AMARILLA: ¿Cómo fue el proceso en el que te diste cuenta de que era mejor dar un paso al costado que seguir jugando? -GASTÓN CORADO: No sé si hubo un momento puntual en el que me di cuenta de que era mejor dejar de jugar. Creo que es algo que se va madurando con los años. A medida que uno se hace más grande, algunos antes y otros después, empieza a tener la curiosidad y también la necesidad de verse desde otro lugar, de descubrir qué puede hacer más allá del fútbol.
En mi caso, alrededor de los 30 o 32 años empecé a preguntarme qué quería hacer con mi futuro. Si bien había estudiado, sentía que necesitaba empezar a construir algo mientras todavía estaba jugando. Quería probar otras cosas, equivocarme, aprender y ganar experiencia en un ámbito que no fuera el fútbol.
Pensaba que eso me iba a ayudar mucho cuando llegara el momento de dejar la profesión. Por eso, no siento que haya sido una decisión de un día para el otro. Fue un proceso que se fue dando de manera bastante natural, aunque el último año terminó siendo determinante.
Después de nueve años viviendo en Italia, nos mudamos con mi familia a España. Yo pensaba que el cambio me iba a resultar más sencillo, pero la realidad es que me afectó bastante más de lo que imaginaba. Empezar de cero en otro país, organizar la vida familiar, los trámites, la adaptación y todo lo que implica una mudanza de esa magnitud me generaron un estrés extra que, de alguna manera, también terminó repercutiendo en lo físico.
Fue una temporada en la que sufrí muchas lesiones y me costó muchísimo encontrar continuidad. Y creo que ahí apareció la pregunta que terminó siendo decisiva: ¿seguir jugando, pero a qué costo? Porque un futbolista, en el fondo, nunca quiere dejar de jugar.
Durante muchos años ese costo había sido pasar fines de semana lejos de mi familia, vivir a veces en otras ciudades, viajar constantemente o tener que resignar momentos personales por la profesión. Eran sacrificios que uno aceptaba porque amaba lo que hacía. Pero en esta última etapa también empezó a aparecer un costo físico importante.
Y creo que, cuando se juntan todas esas cosas, hay algo que inconscientemente se va decantando. No fue que un día me levanté y decidí que no quería jugar más. Fue entender que quizás había llegado el momento de priorizar otras cosas y empezar a vivir una etapa diferente -DA: ¿Cuánto tiempo pasó desde que lo empezaste a pensar hasta que lo concretaste? -GC: Creo que el primer momento en el que empecé a pensar seriamente en dejar de jugar fue en 2025, cuando terminé mi última temporada en Italia y decidimos mudarnos con mi familia a España.
Después de nueve años en el fútbol italiano, y ya con 36 años, sabía que iba a ser muy difícil encontrar un club en España que me ofreciera las mismas condiciones económicas que tenía en Italia. No se trataba solamente de conseguir un equipo que quisiera ficharme, sino de encontrar un contrato que me permitiera seguir viviendo del fútbol y mantener a mi familia como lo había hecho durante tantos años. Yo conocía un poco la realidad del fútbol español y sabía que, en las categorías en las que podía jugar, los contratos eran generalmente más bajos.
Por eso, cuando tomamos la decisión de mudarnos, en mi cabeza ya estaba bastante instalada la idea de que probablemente no volvería a jugar profesionalmente. Sin embargo, a último momento apareció la oportunidad de jugar en España. Era un contrato económicamente inferior, pero como yo ya venía trabajando en el turismo y había empezado a generar ingresos por otro lado, pude permitirme aceptarlo.
Lo vi como una oportunidad de sacarme las ganas de vivir la experiencia de jugar en España, algo que todavía no había hecho. Pensé que quizás podía disfrutar uno o dos años más del fútbol y después retirarme. La temporada empezó bien, pero después llegaron las lesiones y algunas recaídas que me hicieron volver a plantearme la posibilidad de dejarlo.
Mis compañeros me alentaban a seguir, a intentarlo un poco más, y yo también tenía esas ganas de continuar. Pero creo que, en definitiva, la decisión ya se venía gestando desde el momento en que elegimos mudarnos a España. Lo que pasó durante esa última temporada simplemente terminó acelerando un proceso que, de alguna manera, yo ya había empezado a transitar. -DA: ¿Qué pasó por tu cabeza en ese momento? -GC: La verdad es que me siento muy bien con la decisión que tomé.
No siento que me haya pesado demasiado. Obviamente, no voy a negar que de vez en cuando extraño competir, entrar a una cancha, jugar un partido y sentir todo lo que genera el fútbol. Pero también creo que hay algo que me permite vivir esta etapa con mucha tranquilidad.
Siempre fui una persona que intentó dar el máximo en cada cosa que se propuso. Cuando de chico soñaba con ser futbolista y ese sueño empezó a convertirse en un objetivo real, puse absolutamente todo para conseguirlo. El fútbol fue mi vida durante muchísimos años y le dediqué prácticamente todo lo que tenía.
Esa dedicación fue la que me permitió construir una carrera profesional, vivir experiencias increíbles y hacer del fútbol mi forma de vida. Pero, al mismo tiempo, siento que haberlo dado todo es lo que hoy me permite estar tranquilo conmigo mismo. No me retiré pensando que me había quedado algo pendiente, ni lamentándome por lo que podría haber hecho de otra manera.
Por supuesto que uno siempre puede mirar hacia atrás y pensar que algunas cosas podrían haber salido mejor, pero no tengo la sensación de haberme guardado nada. En mi cabeza siempre estuvo bastante claro que se estaba cerrando una etapa y que tenía que prepararme para la siguiente. Creo que mi mayor preocupación no era tanto dejar de jugar, sino cómo iba a transitar ese cambio.
Cómo pasar de ser futbolista a dejar de serlo sin sentir un vacío enorme, sin caer en un pozo emocional y, sobre todo, sin sentir que había perdido mi identidad. Porque durante muchos años, cuando alguien te pregunta quién sos o a qué te dedicás, la respuesta es muy sencilla: soy jugador de fútbol. Y cuando eso se termina, creo que uno corre el riesgo de sentir que también se termina una parte de lo que es.
Por eso, desde hace tiempo intenté trabajar mucho en entender que mi identidad va más allá de haber sido futbolista. El fútbol fue una parte fundamental de mi vida, seguramente una de las más importantes, pero no es lo único que me define como persona. Y creo que haber entendido eso antes de retirarme fue fundamental para poder cerrar esta etapa en paz y mirar hacia adelante con entusiasmo por todo lo que viene. -DA: ¿Cómo manejaste la situación?
¿Recibiste apoyo externo ya sea de la familia o algún profesional? -GC: Hace muchos años que trabajo con un psicólogo deportivo, aunque en realidad siempre lo consideré un psicólogo en un sentido mucho más amplio. De hecho, creo que durante todos estos años hablamos mucho más de cuestiones personales y extradeportivas que del fútbol en sí. No siento que en mi caso haya sido determinante para tomar la decisión de retirarme, pero sí estoy convencido de que contar con acompañamiento profesional es algo muy importante para cualquier futbolista, especialmente cuando se acerca el final de su carrera.
Y creo que hay algo que no siempre se entiende sobre el retiro: para mí, lo más difícil de dejar de jugar al fútbol no es necesariamente dejar de jugar, sino dejar de ser visto como futbolista. Los jugadores estamos acostumbrados a que nos reconozcan por los goles que hacemos, por los clubes en los que jugamos, por los campeonatos que ganamos o por lo que hacemos dentro de una cancha. Durante muchos años construimos nuestra identidad alrededor de eso y, de alguna manera, también nos acostumbramos a la mirada que los demás tienen sobre nosotros.
Entonces, cuando llega el momento de hacer otra cosa, aparece una barrera que creo que es mucho más profunda de lo que parece: ¿cómo me van a ver los demás ahora? ¿Cómo me voy a ver yo mismo haciendo algo completamente diferente? Yo siempre sentí que tenía capacidades para desarrollarme en otros ámbitos, incluso fuera del fútbol.
Pero una cosa es saber que podés hacer algo y otra muy distinta es animarte a mostrarte haciendo eso, aceptar que ya no te van a reconocer por lo que fuiste, sino que vas a tener que construir algo nuevo. Por eso pienso que el retiro tiene muchísimo que ver con la identidad. Muchas veces escuchamos a los exjugadores decir que extrañan el vestuario, la cancha, los entrenamientos o la competencia.
Y seguramente todo eso se extraña, porque son cosas que forman parte de nuestra vida durante muchísimos años. Pero yo creo que, en el fondo, muchas veces lo que realmente se extraña es quién eras mientras eras futbolista. Esa versión de vos mismo y también la manera en la que los demás te reconocían.
Por eso considero fundamental el acompañamiento de un profesional. La familia, una pareja, un hermano o un amigo pueden darte muchísimo apoyo, escucharte y transmitirte tranquilidad. Pero creo que hay un trabajo interno que va más allá de que alguien te diga que todo va a estar bien.
Se trata de empezar a construir una identidad que no dependa exclusivamente de ser jugador de fútbol. De descubrir otras capacidades, de animarte a hacer cosas nuevas y de entender que tu valor como persona no desaparece cuando dejás de entrar a una cancha. Y para mí, ese trabajo no debería empezar el día que te retirás.
Debería empezar muchos años antes, mientras todavía estás jugando. Porque cuanto antes empieces a prepararte mentalmente para esa transición, más herramientas vas a tener para afrontar lo que viene. -DA: ¿Cómo fueron los primeros días? ¿Algo “raro” o “extraño” que te haya pasado? -GC: La verdad es que no recuerdo nada particularmente extraño durante los primeros días.
Creo que, como venía madurando la decisión desde hacía tiempo, no sentí un cambio tan brusco. Algo que sí me pasó fue que, como dejé de jugar a mitad de temporada, al principio pensé que iba a seguir bastante cerca de mis compañeros, que iba a continuar yendo al club y manteniendo un poco esa rutina. Pero finalmente terminé tomando cierta distancia.
Dejé de ir al club y traté de despegarme un poco de ese día a día que había formado parte de mi vida durante tantos años. Y creo que eso me hizo bien. No fue algo que planifiqué demasiado, pero siento que tomar esa distancia me ayudó a empezar a cerrar la etapa y a concentrarme en las cosas nuevas que estaba construyendo.
No tengo ninguna anécdota particular ni un momento extraño que recuerde. Fue un proceso bastante tranquilo y natural. -DA: ¿Cómo es tu vida hoy? -GC: Mi vida hoy es bastante parecida a la de siempre, aunque paradójicamente tengo menos tiempo libre que cuando jugaba al fútbol. Cuando sos futbolista, entre entrenamientos, traslados y todo lo que implica la actividad, quizás ocupás cinco o seis horas del día, pero después tenés bastante tiempo disponible.
Obviamente, los fines de semana están dedicados a competir, pero eso es algo a lo que estamos acostumbrados y que disfrutamos. Muchas veces la gente te dice: “Ahora que dejaste de jugar, por lo menos vas a tener los fines de semana libres”. Pero para un futbolista jugar el fin de semana no es un sacrificio, al contrario, es lo que esperamos durante toda la semana.
Hoy tengo una rutina más parecida a la de cualquier persona que dedica seis u ocho horas diarias a su trabajo. Hace aproximadamente tres años, mientras todavía jugaba en Italia, empecé a trabajar en turismo. Con un amigo tenemos una agencia de viajes, Beat Travel Experience, y en aquel momento aproveché que podía trabajar desde casa, con la computadora y en mis tiempos libres, para empezar a desarrollar esa actividad.
Fue algo que comenzó de a poco y que hoy se convirtió en mi principal ocupación. La agencia está creciendo, nos estamos consolidando y, al poder dedicarme de lleno, también estoy mucho más involucrado en su desarrollo. Es un proyecto que me entusiasma muchísimo y en el que quiero seguir creciendo.
Pero también hay algo muy importante que cambió en mi vida cotidiana, y es la posibilidad de estar más presente como padre y como marido. Hoy puedo llevar a mi hija al colegio, acompañarla a sus actividades, llevarla a patín, a inglés y participar mucho más de su día a día. Son cosas que parecen simples, pero que durante muchos años, por la dinámica del fútbol, no siempre podía hacer.
Disfruto mucho de poder ejercer ese rol de padre activo y de tener una organización familiar que antes era bastante más difícil. Por otro lado, también estoy desarrollando algunos proyectos vinculados al fútbol, aunque desde un lugar diferente. No tengo intenciones de seguir metido en la dinámica cotidiana del fútbol profesional.
Después de tantos años, siento cierto desgaste con algunas cosas del ambiente y tengo ganas de tomar distancia de esa parte de la profesión. Sin embargo, el fútbol sigue siendo algo que conozco, que me apasiona y en lo que creo que todavía puedo aportar mucho. Uno de los proyectos en los que estoy trabajando, junto con otros exjugadores y un agente FIFA, tiene que ver con acompañar a chicos que sueñan con ser futbolistas.
Pero nuestra idea es ir un poco más allá de lo estrictamente deportivo. Queremos que esos chicos entiendan que, mientras persiguen el sueño de jugar profesionalmente, también tienen que desarrollarse como personas. Que estudien, que se formen, que aprendan cosas nuevas y que construyan herramientas para su futuro.
Porque la realidad es que son muy pocos los que consiguen vivir del fútbol. Y creo que, si un chico dedica años de su vida a intentar cumplir ese sueño y finalmente no lo consigue, ese camino igualmente debería haberle servido para crecer como persona, para formarse y para estar mejor preparado para la vida. También estoy trabajando en otro proyecto relacionado con generar experiencias futbolísticas en Europa para chicos de Argentina y Latinoamérica, dándoles la posibilidad de conocer otra cultura, entrenar, competir y vivir de cerca el fútbol europeo.
Así que hoy mi vida pasa principalmente por el turismo, por mi familia y por estos nuevos proyectos que me permiten seguir vinculado al deporte, pero desde otro lugar. Siento que cambié de profesión, pero no cambié mi manera de encarar las cosas. Sigo teniendo las mismas ganas de crecer, de aprender y de dar el máximo en lo que hago.
Simplemente, ahora tengo nuevos objetivos. La trayectoria deportiva de Gastón Corado Corado construyó una carrera atravesada por goles, oportunidades que aparecieron después de momentos muy duros y una enorme capacidad para volver a empezar. Hizo sus primeros pasos en las inferiores de Banfield, pero quedó libre y continuó su formación en Lanús.
Allí, cuando entrenaba con el Selectivo, sufrió una rotura de ligamentos cruzados que lo obligó a atravesar una larga recuperación. Volvió a ponerse los botines, fue cedido a Los Andes y, cuando buscaba nuevamente su oportunidad, sufrió una grave lesión en la otra rodilla. Regresó a Lanús, pero el club decidió dejarlo libre.
Lejos de bajar los brazos, encontró una nueva puerta en Berazategui, donde comenzó a construir la imagen de delantero goleador que lo acompañaría durante buena parte de su carrera. Después llegaron General Lamadrid, Temperley (donde fue clave en el ascenso de la Primera B a la Primera Nacional), Almagro y Talleres de Remedios de Escalada, donde tuvo uno de los grandes momentos de su carrera: en 2015 convirtió 24 goles y terminó como máximo goleador de la Primera C. A partir de allí comenzó una extensa experiencia internacional que lo llevó a Chile y, especialmente, a Italia, donde defendió las camisetas de Casertana, Matera, Catanzaro, Virtus Francavilla, Clodiense, Castrovillari, Taranto, Gelbison, Rotonda, Pistoiese, Bitonto, Agropoli, Corato y otros equipos.
Su última experiencia fue en España, con UD Torre del Mar: en la temporada 2025/26 disputó tres partidos y convirtió un gol. Pablo Peralta, de los medios a ser coach deportivo Pablo Peralta fue periodista por varios años en diario Crónica. En simultáneo con su profesión, estudió para ser coach deportivo.
En su trayectoria trabajó con grandes personalidades del fútbol argentino y mundial, al tiempo que actualmente está con muchas joyas que brillan a diario en nuestra Liga Profesional de Fútbol, sus inferiores y también en el extranjero. -DOBLE AMARILLA: En tu trabajo como coach deportivo, ¿cómo se va preparando al futbolista para el momento de anunciar el retiro? -PABLO PERALTA: Para preparar al futbolista de cara a su retiro, de lo primero que tiene que ser consciente es de que va a tener que atravesar un duelo. Y como bien dice la palabra, el duelo es algo que duele y no hay manera de evitarlo; hay que atravesarlo. La mejor manera de hacerlo es desde la aceptación de que esa pérdida va a estar.
Como todos en la vida atravesamos pérdidas de cosas importantes, lo mejor que se puede hacer es ser consciente y disfrutar del tiempo que queda. La aceptación tiene que ver con entender que en algún momento eso que es importante ya no va a estar más. Por eso es clave conectarse mucho con el presente, más allá del resultado.
El futbolista sufre mucho por los resultados, pero el disfrute debe ser desapegado de eso. Cuando el jugador sabe que se aproxima su retiro, debe ser consciente de que aquello que lo acompañó durante toda su vida no va a estar más; está viviendo su último tiempo. La mejor manera de prepararlo es que disfrute de ese tramo final y que pueda verlo de una manera especial -DA: Post retiro, ¿se sigue en el mismo “ritmo” de trabajo a la par para que ese momento no sea tan duro? -PP: Respecto del posretiro y de si conviene mantener el mismo ritmo de trabajo para que ese momento no sea tan duro, lo que le recomiendo al futbolista desde la parte física es que lo haga por su propio cuidado personal.
Muchas veces, cuando deja la actividad, el jugador se termina abandonando físicamente, y eso es un reflejo directo de lo que sucede en su mente y en sus emociones: una manera de dejar de ocuparse de sí mismo. El futbolista deja de serlo, pero sigue siendo un ser humano. Por eso le recomiendo mantener hábitos saludables: seguir entrenando y alimentándose bien, porque antes de ser deportista fue persona, y después de su carrera lo seguirá siendo.
Lo importante es que esa rutina no le acarree la nostalgia de lo que ya no está, que es su carrera deportiva. Para eso es necesario un acompañamiento mental y emocional que le permita entender desde qué lugar lo hace: no desde la añoranza por lo perdido —algo que, de todos modos, tendrá que atravesar—, sino como una forma de seguir cuidándose desde un lado diferente. Seguir ocupándose de sí mismo como ser humano es el puente principal entre el proceso deportivo que termina y el inicio de una nueva etapa.
Es el fin de un ciclo que, inevitablemente, da comienzo a otra cosa. -DA: A los jugadores, ¿les cuesta reconocer que el final está cerca? -PP: Creo que al futbolista le cuesta reconocer que el final está cerca, aunque no siempre desde el rechazo o de un "no lo quiero aceptar", sino simplemente porque no lo ve. Cuando se está por retirar, algunos sí son conscientes y empiezan a trabajarlo, pero muchos otros no. Por más que lo pienses, te lo imagines o lo planifiques, la ficha te cae recién cuando colgás los botines de verdad; ahí la sensación del cuerpo es diferente porque vivencias de verdad la experiencia de no jugar más.
En el mientras tanto, se hace muy difícil. Pensando en el contexto de esta nota sobre el retiro de Messi de la Selección, el otro día percibí que corporalmente todavía no cayó ni está cayendo en que eso ya no va a estar más. Quizás esa ficha le caiga un poco después.
A algunos les cuesta reconocerlo porque no lo quieren aceptar y a otros porque no lo pueden ver todavía. Por supuesto que hay casos donde el tema está bien trabajado y, aunque siempre es un proceso difícil, existe el reconocimiento de que esto se termina. Pero también hemos visto cuántos futbolistas se retiran y vuelven a jugar.
Es una etapa muy complicada porque el fútbol es lo que hicieron durante toda su vida, desde los 4, 5 o 6 años. De repente, tener que levantarte de un día para el otro sin eso es sumamente difícil. -DA: En caso de que puedan, ¿recomendas que sigan ligados de alguna forma? -PP: Mi recomendación es que hagan lo que sientan, porque es algo muy personal y particular; dependerá de cada caso. Si el exjugador quiere seguir ligado al fútbol e ir probando diversos roles, le aconsejo darse la oportunidad de descubrir si, fuera de la cancha, hay otra función que realmente le interese ejercer.
Muchos exfutbolistas, sobre todo desde el rol de entrenador, buscan sembrar en los demás la semilla de lo que ellos vivieron. Conozco técnicos que me han dicho: "La pasé tan mal cuando jugaba que decidí ser entrenador para transmitirle al futbolista cosas que no quiero que atraviese y que a mí me tocó pasar". Lo crucial es hacer lo que sientan.
Si asumir la función de entrenador o mánager responde solo a la nostalgia y no a una vocación real, terminará haciéndoles mal. Por eso algunos eligen seguir vinculados y otros prefieren alejarse para buscar su camino por otro lado. De todos modos, habiéndose brindado al fútbol durante toda su vida, es natural que muchas de las cosas que quieran hacer continúen ligadas a este deporte.
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