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Pasaba 8 horas al día mirando pornografía para entrenar la IA. Hoy lidera el sindicato de trabajadores que lucha contra eso

Pasar una jornada laboral etiquetando porno no tiene nada de divertido . Los moderadores de contenido llevan años denunciando condiciones de trabajo terribles y ahora está pasando lo mismo con el etiquetado de datos para entrenar a la IA . En 404media cuentan la historia de Michael Geoffrey, un keniata que pasó meses trabajando para dos empresas de IA, hasta que destrozaron completamente su salud mental. Los trabajos. Michael permanecía durante ocho horas delante de su ordenador mirando porno, d

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Pasaba 8 horas al día mirando pornografía para entrenar la IA. Hoy lidera el sindicato de trabajadores que lucha contra eso
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Pasar una jornada laboral etiquetando porno no tiene nada de divertido . Los moderadores de contenido llevan años denunciando condiciones de trabajo terribles y ahora está pasando lo mismo con el etiquetado de datos para entrenar a la IA . En 404media cuentan la historia de Michael Geoffrey, un keniata que pasó meses trabajando para dos empresas de IA, hasta que destrozaron completamente su salud mental. Los trabajos. Michael permanecía durante ocho horas delante de su ordenador mirando porno, d

  • Los moderadores de contenido llevan años denunciando condiciones de trabajo terribles y ahora está pasando lo mismo con el etiquetado de datos para entrenar a la IA
  • En 404media cuentan la historia de Michael Geoffrey, un keniata que pasó meses trabajando para dos empresas de IA, hasta que destrozaron completamente su salud mental
  • En un reportaje de Time, contaban que una de estas empresas pagaba entre 1,3 y 2 dólares netos por hora
  • Es la empresa que pagaba 2 dólares la hora

Pasar una jornada laboral etiquetando porno no tiene nada de divertido. Los moderadores de contenido llevan años denunciando condiciones de trabajo terribles y ahora está pasando lo mismo con el etiquetado de datos para entrenar a la IA. En 404media cuentan la historia de Michael Geoffrey, un keniata que pasó meses trabajando para dos empresas de IA, hasta que destrozaron completamente su salud mental.

Los trabajos. Michael permanecía durante ocho horas delante de su ordenador mirando porno, describiendo lo que sucedía en las imágenes con todo lujo de detalles. No era ninguna filia, sino que trabajaba para una empresa de etiquetado de datos que luego usaba todas esas descripciones para entrenar modelos de IA.

Cuando terminaba la jornada le esperaba su segundo trabajo en una empresa de chatbots IA sexuales. En este empleo, Michael tenía que mantener conversaciones sexuales con los usuarios, adoptando el rol que fuera necesario cada vez; tenía que simular ser un hombre, una mujer, hetero, homosexual... y por supuesto adaptarse al contexto en cada conversación. Detrás de la IA.

Aunque lleven el apellido IA, en realidad estos sexbots tienen mucho trabajo humano detrás. Es decir, que cuando alguien habla con su novia o novio IA, puede que esté hablando con una persona real. Michael escribió su testimonio y contaba que tenía que fingir conexiones íntimas con usuarios anónimos.

Después, sus interacciones se usaban para entrenar a la IA. En el caso del etiquetado de datos, los trabajadores están expuestos a todo tipo de contenidos, algunos extremadamente violentos. Por ejemplo, para que la IA sea capaz de detectar contenido de abuso sexual y violencia, estos trabajadores deben ver miles de imágenes de abusos y violencia extrema, y todo por sueldos son irrisorios.

En un reportaje de Time, contaban que una de estas empresas pagaba entre 1,3 y 2 dólares netos por hora. Las consecuencias. Tras varios meses en el puesto, Michael padecía insomnio, estrés y empezó a tener problemas para tener relaciones sexuales.

Cuenta a 404media que "llegó un punto en el que mi cuerpo ya no respondía. Cuando veía a alguien desnudo, ni siquiera sentía nada". Jornadas interminables, exposición a contenido muy desagradable y sueldos muy bajos.

Algunos afirman que es como una forma de esclavitud moderna. Las empresas que hay detrás. Una de ellas es Sama, una empresa basada en San Francisco que se define a sí misma como "el ejemplo perfecto de la IA ética".

Es la empresa que pagaba 2 dólares la hora. Otra empresa que también ha estado en el centro de la polémica es Remotasks, una filial de Scale AI, una de las compañías de etiquetado más importantes. Fue fundada por Alexandr Wang, actual jefe de IA en Meta.

De Remotasks se dice que paga tarde y, a menudo, no la cantidad que se había prometido en un principio. Estas y otras empresas similares son subcontratadas por OpenAI, Google, Meta y más para poder entrenar sus modelos de IA. Los trabajadores se organizan.

Actualmente, Michael es el secretario de la Data Labelers Association de Kenya, una organización que quiere dar voz y visibilizar la labor de estos trabajadores mal pagados e invisibilizados. También se han creado otras organizaciones como la African Content Moderators and Tech Workers que reclaman mejores condiciones laborales y recursos para cuidar la salud mental de los trabajadores. Imagen | Data Labelers Association

Fuente: Xataka|Fuente primaria|Editado por Tempranísimo IA

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