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Para entrar a McKinsey ahora hay que sobrevivir a una discusión con una IA: y no es la IA la que decide

Los socios metieron un avatar en la entrevista porque los candidatos llegan tan ensayados que ya no logran ver quién tienen enfrente

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Para entrar a McKinsey ahora hay que sobrevivir a una discusión con una IA: y no es la IA la que decide
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Los socios metieron un avatar en la entrevista porque los candidatos llegan tan ensayados que ya no logran ver quién tienen enfrente

  • El miércoles 14 de octubre, McKinsey confirmó a The Wall Street Journal que este otoño suma a sus entrevistas en Norteamérica un avatar de IA que actúa como cliente
  • La charla dura unos 10 minutos, ocurre en las oficinas de la firma y la observan socios o evaluadores
  • Eso ya lo contaron The Financial Times y Fortune
  • Greenhouse, una plataforma de contratación, encuestó en mayo a 2.950 personas en búsqueda de empleo: el 63% ya fue entrevistado por una IA, y al 70% nadie le avisó

El miércoles 14 de octubre, McKinsey confirmó a The Wall Street Journal que este otoño suma a sus entrevistas en Norteamérica un avatar de IA que actúa como cliente. La charla dura unos 10 minutos, ocurre en las oficinas de la firma y la observan socios o evaluadores. Cientos de candidatos a analista de negocios van a pasar por ella.

La lectura fácil es que la IA llegó a las entrevistas de la consultora más famosa del mundo. Llegó hace rato. Desde enero, McKinsey pide a algunos candidatos que resuelvan un caso usando Lilli, su asistente interno, y los socios miran cómo le preguntan a la máquina.

Eso ya lo contaron The Financial Times y Fortune. PUBLICIDAD Lo nuevo es la inversión del rol. Antes el candidato usaba la IA.

Ahora la IA lo usa a él: hace de alcaldesa, de cliente “profesoral” que quiere entender la recomendación antes de aceptarla, y el postulante tiene que aguantar la conversación. La herramienta no puntúa ni evalúa. Solo conversa.

Los humanos deciden. La máquina entra porque los candidatos llegan demasiado preparados Blair Ciesil, socia que codirige el reclutamiento global, le explicó el motivo al diario con una franqueza poco habitual. Los candidatos llegan con historias muy ensayadas, y eso les impide a los entrevistadores llegar a lo que hay debajo.

La frase que usó para describir el objetivo del avatar es más llamativa: “¿Quién es de verdad esta persona?” PUBLICIDAD Saleem Zafar, socio en Dallas que diseñó el piloto, le describió al mismo medio qué mira: si el candidato escuchó lo importante, si actuó sobre eso o lo pasó por alto, si impuso su agenda. El avatar no imita a un cliente fuera de control ni hace preguntas trampa. Cubre, según Zafar, el 80% de las situaciones de un consultor.

Hagan la cuenta de lo que eso dice. Una firma que recibe miles de postulaciones de las mejores universidades descubre que su filtro humano ya no distingue entre una persona y una presentación de esa persona. Y la solución que encontró fue más tecnología, no menos.

PUBLICIDAD Las empresas que volvieron al papel eligieron el camino contrario La versión corriente es otra. Greenhouse, una plataforma de contratación, encuestó en mayo a 2.950 personas en búsqueda de empleo: el 63% ya fue entrevistado por una IA, y al 70% nadie le avisó. Ahí la máquina es el reclutador que filtra miles de postulaciones.

En McKinsey es el cliente, y el que filtra sigue siendo un socio. En mayo, conté en esta columna que dos docenas de directores de recursos humanos le habían dicho a McKinsey que los postulantes usaban las mismas herramientas que los filtros automáticos para adivinar qué iban a buscar. La respuesta de varias empresas fue volver a lo analógico: tests presenciales, programación en vivo, menos pantalla.

PUBLICIDAD McKinsey tomó la ruta opuesta y tiene una razón de negocio. En agosto de 2025, la propia firma contó al mismo diario que un proyecto que antes requería un gerente y 14 consultores hoy puede hacerse con dos o tres personas y miles de agentes de IA. Si va a contratar menos analistas, cada uno tiene que valer más.

Lo que vale, en la descripción de Zafar, no es resolver el caso. Es escuchar a un cliente que cambia de opinión a mitad de la reunión. Esa es la parte del trabajo que la IA de McKinsey no hace por el consultor, y por eso es lo único que la firma todavía necesita verificar en persona.

PUBLICIDAD El sesgo no desapareció, cambió de silla Los socios, según recogió el diario, presentan el avatar como una herramienta de equidad: hay entrevistadores más duros que otros en el juego de roles, y una máquina trata a todos igual. Es cierto hasta donde llega. El cliente simulado es el mismo para todos.

Los que miran y deciden siguen siendo personas, con los criterios de siempre. Y hay un dato que la firma no le dio al periódico. No dijo si va a comparar a quienes pasaron por el avatar con quienes no, ni cómo va a saber que el método predice mejor. “Si funciona” es la condición para extenderlo a otros roles el año que viene, y nadie definió qué significa funcionar.

PUBLICIDAD A mi lectura, McKinsey no está probando si sus candidatos saben usar inteligencia artificial. Eso ya lo probó. Está usando inteligencia artificial para comprobar que todavía son humanos, porque es lo único que sus clientes no pueden comprarle a una máquina.

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Fuente: Infobae|Fuente primaria|Editado por Tempranísimo IA

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