Nike salvó a Converse de la bancarrota en 2003: dos décadas después, su peor pesadilla es malvenderla
Basta con abrir el armario de cualquier Millennial para encontrarlas, ya sea desgastadas, garabateadas o con la suela al borde del colapso. Las Converse Chuck Taylor All Star han sido mucho más que un calzado: fueron nuestro —esta redactora se incluye— acompañante incondicional que sobrevivió a todas nuestras fases estéticas , desde la fiebre skater al estilo de Avril Lavigne hasta convertirse en el básico indispensable del día a día para ir a la oficina. Sin embargo, en los últimos años hemos o
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Basta con abrir el armario de cualquier Millennial para encontrarlas, ya sea desgastadas, garabateadas o con la suela al borde del colapso. Las Converse Chuck Taylor All Star han sido mucho más que un calzado: fueron nuestro —esta redactora se incluye— acompañante incondicional que sobrevivió a todas nuestras fases estéticas , desde la fiebre skater al estilo de Avril Lavigne hasta convertirse en el básico indispensable del día a día para ir a la oficina. Sin embargo, en los últimos años hemos o
- La magnitud del desastre desglosa una sangría financiera: la marca ha encadenado tres trimestres desastrosos, con caídas consecutivas de ingresos del 27% en el primer trimestre...
- De hecho, Converse ha vuelto a apostar por el baloncesto profesional, lanzando en septiembre unas zapatillas de 130 dólares en colaboración con Shai Gilgeous-Alexander, el actual MVP de la NBA
- Ya lo hicieron con Reebok (comprada a Adidas en 2022 por 2.500 millones, logrando aumentar sus ventas minoristas un 50%), y también controlan Champion, Guess y Forever 21
- Nike compró Converse en 2003 por 305 millones de dólares, rescatándola de una dolorosa declaración de bancarrota
Basta con abrir el armario de cualquier Millennial para encontrarlas, ya sea desgastadas, garabateadas o con la suela al borde del colapso. Las Converse Chuck Taylor All Star han sido mucho más que un calzado: fueron nuestro —esta redactora se incluye— acompañante incondicional que sobrevivió a todas nuestras fases estéticas, desde la fiebre skater al estilo de Avril Lavigne hasta convertirse en el básico indispensable del día a día para ir a la oficina. Sin embargo, en los últimos años hemos observado que esta situación ya no es así.
A pesar de que las revistas de moda intenten convencernos de que están de vuelta, sabemos que tanto la calle como, ahora, la cuenta de resultados cuentan una historia completamente diferente. El símbolo de nuestra juventud "rebelde" se está hundiendo. La caída libre financiera.
Los números no mienten, y el veredicto del mercado está siendo implacable. Según un informe de Bloomberg, la marca Converse se encuentra actualmente en caída libre, con sus ingresos encaminándose de forma dramática hacia su nivel más bajo en 15 años. La magnitud del desastre desglosa una sangría financiera: la marca ha encadenado tres trimestres desastrosos, con caídas consecutivas de ingresos del 27% en el primer trimestre, un 30% en el segundo y un brutal desplome del 35% en el tercer trimestre, quedándose en unos escuálidos 264 millones de dólares por la debilidad generalizada en todos los territorios globales.
Un contraste enorme con su matriz. En octubre de 2024, Elliott Hill asumió como director ejecutivo de Nike y, a partir de ese momento, el gigante deportivo ha mostrado signos de mejora, especialmente en Estados Unidos y en el mercado mayorista. No obstante, los problemas de Converse se han intensificado.
En el trimestre de noviembre, la marca originaria de Boston representó menos del 3% de los 12.400 millones de dólares de ingresos totales de Nike, convirtiéndose en el principal lastre para el resurgimiento de la compañía. Pero, ¿cómo ha podido pasar? Es decir, ¿cómo una zapatilla tan icónica ha perdido de esta manera el favor del público? (También es cierto que los Millennials somos un poco egocéntricos).
La respuesta radica en una mezcla de inmovilismo y falta de visión técnica. Laurent Vasilescu, analista de BNP Paribas citado por Bloomberg, es tajante al respecto: "Converse ha perdido terreno con los años porque no ha aportado innovaciones. Existía una excesiva dependencia del modelo Chuck Taylor".
La marca se durmió en los laureles de su diseño clásico. Cuando intentaron modernizarlo —con el lanzamiento de la línea Chuck II, que incorporaba tecnología de espuma de Nike para hacerlas más cómodas—, el experimento resultó ser un rotundo fracaso comercial. El mercado ha cambiado drásticamente.
Como señala Seeking Alpha, Converse se ha topado de frente con un consumidor que ahora exige innovación técnica, perdiendo la batalla frente a marcas más nuevas y orientadas al rendimiento, como On y Hoka. A esto hay que sumar la ironía histórica de que Converse no siempre fue una zapatilla de calle; en los años 50 y 60, dominaba más del 60% del mercado del baloncesto, calzando a leyendas y protagonizando en los 80 la icónica rivalidad entre Magic Johnson y Larry Bird con su modelo Weapon. Paradójicamente, fue la propia Nike la que acabó con su hegemonía en las canchas al fichar a Michael Jordan.
Tras perder su trono deportivo, Converse quedó relegada a la moda casual, un terreno que ahora también se desmorona. ¿Estamos ante el final de una era? Ante esta crisis, la respuesta inicial de Nike en Oregón ha sido sacar las tijeras.
Según Bloomberg, la compañía redujo la plantilla de Converse, reestructuró su organización y aplicó un severo recorte del 44% en los gastos de marketing durante el segundo trimestre fiscal. Pese a ello, Elliott Hill declaró a Bloomberg TV en Milán: "He oído los rumores [...] Pero estamos comprometidos con la marca Converse". El plan de rescate pasa por un intento desesperado de recuperar la gloria perdida en el parqué.
De hecho, Converse ha vuelto a apostar por el baloncesto profesional, lanzando en septiembre unas zapatillas de 130 dólares en colaboración con Shai Gilgeous-Alexander, el actual MVP de la NBA. Una pequeña esperanza. Así que si el intento de reanimación falla, ya existe una opción bastante clara: Authentic Brands Group (ABG).
Este gigante de la gestión de marcas, dirigido por Jamie Salter, tiene un largo historial comprando empresas históricas en apuros para exprimir sus ventas a través de licencias y acuerdos operativos. Ya lo hicieron con Reebok (comprada a Adidas en 2022 por 2.500 millones, logrando aumentar sus ventas minoristas un 50%), y también controlan Champion, Guess y Forever 21. Según Bloomberg, ABG ha expresado un interés de larga data en adquirir Converse si Nike finalmente decide colgar el cartel de "Se Vende".
La realidad de la calle. Existe una fractura fascinante entre lo que dicta la industria de la moda y lo que realmente compran los consumidores. Por un lado, cabeceras de moda llevan desde el año pasado anunciando un "regreso silencioso" de Converse, aplaudiendo cómo celebridades como Alexa Chung o Charli XCX lucen de nuevo las clásicas high-tops en campañas o semanas de la moda.
Hablan de un abandono del lujo silencioso en favor de la nostalgia. Sin embargo, los abrumadores datos financieros de Bloomberg demuestran que este supuesto renacer es un espejismo de Instagram. La generación millennial, que adoptó masivamente esta zapatilla en 2008, ha cambiado sus prioridades por un modelo ergonómico, soporte y comodidad.
Las Converse quedan muy bien en las fotos de street style, pero ya no son rentables en el día a día. Nos hemos hecho mayores. Nike compró Converse en 2003 por 305 millones de dólares, rescatándola de una dolorosa declaración de bancarrota.
Hoy, más de dos décadas después, la historia amenaza con repetirse. Ya sea que logre un milagro en ventas gracias al MVP de la NBA o que termine siendo devorada por el modelo de licencias masivas de Authentic Brands Group, una cosa está clara: la época dorada de Converse ha terminado. Para la generación millennial, ver a su zapatilla emblema luchar por su supervivencia es un recordatorio implacable del paso del tiempo.
Las Converse seguirán existiendo, probablemente en el fondo de nuestro armario o como un producto de nostalgia licenciada, pero el símbolo incontestable de nuestro dominio cultural se está apagando para siempre. Imagen | Julian Terenzio
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