Milei, el desacuerdo con Bullrich y la revancha como política de Estado
El Senado aprobó los pliegos de 74 nuevos jueces, incluida María Verónica Michelli, rechazada por el Presidente por su lazo de parentesco con un periodista que investiga el caso $Libra. Las diferencias con la presidenta del bloque del Senado
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El Senado aprobó los pliegos de 74 nuevos jueces, incluida María Verónica Michelli, rechazada por el Presidente por su lazo de parentesco con un periodista que investiga el caso $Libra. Las diferencias con la presidenta del bloque del Senado
- En 2001 se graduó como licenciada en Humanidades y Ciencias Sociales con orientación en Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Palermo, una carrera que le proporcionó conocimientos teóricos en ese campo
- El verdadero conocimiento de Bullrich de la profesión proviene sin embargo de su trato regular, se podría decir diario, con periodistas desde hace más de 40 años
- A pesar de dilaciones —La Libertad Avanza sumó designaciones a último momento y puso en peligro la sesión—, la Cámara aprobó el jueves, entre otros 73 nombramientos, el pliego de Michelli: fueron 44 votos a favor...
- De los 20 senadores presentes de la Libertad Avanza, 18 rechazaron la designación (el total de votos en contra), uno lo aprobó (Francisco Paoltroni) y Patricia Bullrich se abstuvo. “No se pueden atribuir consecuencias...
Un dato que pasó inadvertido es que Patricia Bullrich en cierto modo también es periodista. En 2001 se graduó como licenciada en Humanidades y Ciencias Sociales con orientación en Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Palermo, una carrera que le proporcionó conocimientos teóricos en ese campo. Bullrich no es estrictamente plumífera ni cagatintas —calificativos de un pasado remotísimo—, pero sabe de qué se trata.
El verdadero conocimiento de Bullrich de la profesión proviene sin embargo de su trato regular, se podría decir diario, con periodistas desde hace más de 40 años. La senadora no ha sido consecuente con sus ideas más tempranas —giró 180 grados— ni ha profesado lealtad a las variadas fuerzas políticas que integró a lo largo de su vida. Tampoco a los liderazgos.
Lo que no puede decirse de Bullrich es que alguna vez haya dejado de atender el requerimiento de un periodista, así estuviera, como hoy, en el poder o en el llano. Incluso de aquellos que la critican con dureza, como su estilo mismo. Bullrich no aparenta entender la función del periodismo en una democracia.
La entiende, sencillamente. Esta cuestión podría haber estado presente en el breve encuentro que la senadora y presidenta del bloque de La Libertad Avanza mantuvo esta semana con el presidente Javier Milei a raíz del escándalo por el pliego de la jueza María Verónica Michelli, propuesta por el Poder Ejecutivo para integrar el Tribunal Oral Federal III de La Plata. Como se sabe, Milei ordenó retirar el pliego de Michelli por su lazo de parentesco con el periodista del diario La Nación Hugo Alconada Mon, quien investiga la trama del caso Andis de presuntos sobornos en la dirección de discapacidad, y la estafa de la criptomoneda $Libra.
Expedientes que incomodan al Presidente y a Karina Milei, su hermana secretaria general. El pliego de Michelli había sido aprobado en comisión con la firma de nueve senadores pertenecientes a la Unión Cívica Radical, el PRO, bloques provinciales y La Libertad Avanza. Tras la orden del Presidente, la senadora Bullrich planteó una “objeción de conciencia”, anunció públicamente que no acompañaría el rechazo del oficialismo a la promoción de Michelli y puso a disposición del Presidente su renuncia a la titularidad del bloque.
Si bien el oficialismo pretendía excluir el pliego de Michelli, se vio forzado a presentarlo en el recinto del Senado tras una negociación con la oposición peronista en la reunión de Labor Parlamentaria. A pesar de dilaciones —La Libertad Avanza sumó designaciones a último momento y puso en peligro la sesión—, la Cámara aprobó el jueves, entre otros 73 nombramientos, el pliego de Michelli: fueron 44 votos a favor, 18 en contra y dos abstenciones. De los 20 senadores presentes de la Libertad Avanza, 18 rechazaron la designación (el total de votos en contra), uno lo aprobó (Francisco Paoltroni) y Patricia Bullrich se abstuvo. “No se pueden atribuir consecuencias disciplinarias por una relación familiar”, dijo Bullrich poco antes de la votación. “Las personas son únicas e irrepetibles”, agregó.
Ningún funcionario del Gobierno desmintió que el parentesco con Alconada Mon hubiera sido la razón del veto a Michelli. De modo que hay que dar por valederos los motivos que esgrimió Bullrich para desobedecer la orden de Milei. Milei sí defendió en las redes la facultad del Presidente de la Nación de designar jueces, presentar un pliego y eventualmente retirarlo.
Se discute si el Presidente tiene también la potestad de aceptar o rechazar mediante un decreto la designación de Michelli como jueza federal. El Gobierno y la misma senadora Bullrich presentaron este conflicto interno como una “diferencia” de criterio en torno a una cuestión específica, que no debería alterar la armonía entre el Poder Ejecutivo y la jefa del bloque oficialista en el Senado. Sin embargo, no se trata de una desavenencia de orden táctico, sino de un desacuerdo profundo.
Desde que dejó el Poder Ejecutivo, la distancia entre la senadora y los hermanos Milei se acentuó. El fenómeno coincidió con una baja en la ponderación de imagen del Presidente. Bullrich planteó sus discrepancias con decisiones de Milei como la de mantener en el cargo al jefe de Gabinete Manuel Adorni, envuelto en un escándalo patrimonial; o antes, durante la campaña electoral, la de sostener la candidatura a diputado de José Luis Espert, investigado por presunto lavado de activos.
Son dos ejemplos de diferencias tácticas. En el caso de la jueza Michelli, la “objeción de conciencia” que plantea Bullrich remite a los niveles de discrecionalidad en el proceso de designación de los jueces, cuestión sobre la que recientemente se pronunciaron dos magistrados de la Corte Suprema; y, nada menos, que a la libertad de expresión. Esos dos principios —la elección de jueces en orden al mérito y el libre ejercicio de la prensa— son constitutivos de la república.
¿Bullrich defiende esos valores porque son los de su electorado? Es posible. Milei, que dice practicar una moral como política de Estado, no sólo los ignora, sino que justifica hacerlo por un imperativo político.
O peor, todavía: por pura revancha. ML
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