Miguel Ángel Solá y Mercedes Funes: Emoción a teatro lleno en "Por el placer de volver a verla"
Miguel Ángel Solá y Mercedes Funes se presentaron en un Teatro Independencia colmado, donde la memoria y la fragilidad humana atraviesan una noche emotiva.
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Miguel Ángel Solá y Mercedes Funes se presentaron en un Teatro Independencia colmado, donde la memoria y la fragilidad humana atraviesan una noche emotiva.
- Porque hay pocas cosas comparables al placer de ver nuevamente al enorme Miguel Ángel Solá en escena, pero además, despojado de toda escenografía, acompañado apenas de las luces...
- Porque si alguien podía estar a la altura de las nueve generaciones actorales que porta Solá en su linaje, acompañarlo y sostener la intensidad de un personaje entrañable como el que plantea la obra, es Mercedes Funes
- El jueves y viernes estuvieron en San Rafael y Tunuyán para recalar finalmente en un Teatro Independencia colmado hasta el último rincón...
- Miguel Ángel Solá sostiene la obra desde un lugar profundamente humano, desde donde construye un personaje atravesado por la fragilidad y la ternura
áPor el placer de volver a verlo, sí, en masculino. Porque hay pocas cosas comparables al placer de ver nuevamente al enorme Miguel Ángel Solá en escena, pero además, despojado de toda escenografía, acompañado apenas de las luces, tres o cuatro elementos genéricos como cajones, un sombrero, un libro, y ella. Porque si alguien podía estar a la altura de las nueve generaciones actorales que porta Solá en su linaje, acompañarlo y sostener la intensidad de un personaje entrañable como el que plantea la obra, es Mercedes Funes.
Eléctrica, dinámica, divertida, super dramática, preocupada, elocuente, sensible… en definitiva, una madre. “Por el placer de volver a verla” viene recorriendo una gira nacional. El jueves y viernes estuvieron en San Rafael y Tunuyán para recalar finalmente en un Teatro Independencia colmado hasta el último rincón, con un público que ovacionó de pié tanto a la historia como a la presencia de dos grandes y queridas figuras del teatro. Para quienes siguen la carrera del actor, el difícil momento que atraviesa tras sufrir un ACV en octubre pasado no es una novedad.
Tampoco lo es el hecho de que aún estando en recuperación decidió volver a trabajar, esta vez con una obra que, además, tiene ecos de una etapa pasada en su vida. “Por el placer de volver a verla”, del dramaturgo canadiense Michael Tremblay, adaptada y dirigida por Manuel González Gil; fue estrenada por primera vez en España, y se mantuvo en escena con giras durante tres temporadas desde el 2009 al 2011, con la que en aquel momento era su esposa, la actriz española Blanca Oteyza. La historia gira alrededor de un hombre que vuelve sobre el vínculo con su madre y reconstruye, frente al público, pequeños fragmentos de esa relación. Pero lo interesante es que la obra nunca se instala únicamente en el recuerdo.
Todo el tiempo hay humor, ironía, discusiones familiares, torpezas y contradicciones, como ocurre en la vida real. Ahí está uno de los mayores aciertos del texto y también de la puesta. Miguel Ángel Solá sostiene la obra desde un lugar profundamente humano, desde donde construye un personaje atravesado por la fragilidad y la ternura.
Hay algo especialmente conmovedor en verlo transitar esta historia en el contexto actual de su vida, sin convertir eso en espectáculo, inevitablemente aparece como una capa extra de emoción en escena. Mercedes Funes, por su parte, aporta intensidad, humor y una enorme vitalidad a un personaje que evita por completo el estereotipo de la “madre idealizada”. Su composición tiene energía, carácter y también momentos muy sensibles.
Entre ambos se genera un vínculo escénico sólido y muy natural, algo fundamental en una obra que depende casi exclusivamente de esa química. No hay golpes efectistas ni artificios innecesarios. Todo está puesto al servicio de la palabra, de los silencios y de las emociones que aparecen de manera gradual.
Para el público que transita la edad adulta, probablemente haya algo especialmente reconocible en esta historia no solo por la figura materna, sino por esa sensación inevitable de empezar a mirar hacia atrás y descubrir que ciertos recuerdos siguen vivos en los detalles más mínimos: una voz, una manera de caminar, un gesto cotidiano. En la charla con Los Andes, previa a la presentación en el Teatro Independencia, el actor contó que durante años recordó a su madre apenas en imágenes quietas, como fotografías antiguas en blanco y negro. Pero al volver a interpretar “Por el placer de volver a verla”, algo cambió: reaparecieron los gestos, la forma de caminar, la manera de mirarlo le dio movimiento a sus recuerdos.
Esa dimensión íntima atraviesa toda la obra porque más allá de la historia entre una madre y un hijo, lo que aparece es el intento de aferrarse a esos recuerdos mínimos que el tiempo muchas veces empieza a borrar. “Por el placer de volver a verla” emociona justamente porque habla de eso que casi nunca se dice en voz alta: el miedo a olvidar a quienes marcaron nuestra vida. Y lo hace sin golpes bajos, con sensibilidad, humor y muchísimo oficio teatral. Un lujo intangible del que disfrutaron quienes fueron a ver la obra.
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