Mientras construían un túnel, unos obreros dieron con algo insólito en Suecia: no uno ni dos, sino seis naufragios centenarios
En 1628, el buque de guerra sueco Vasa se hundió en su viaje inaugural tras apenas unos minutos de navegación y permaneció bajo el agua durante más de tres siglos, hasta que fue rescatado en el siglo XX en un estado de conservación sorprendente. El hallazgo dejó claro que, en ciertas condiciones, el fondo marino puede actuar como una cápsula del tiempo capaz de preservar fragmentos enteros del pasado durante generaciones. Un encuentro inesperado bajo una obra. Lo que comenzó como un proyecto de
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En 1628, el buque de guerra sueco Vasa se hundió en su viaje inaugural tras apenas unos minutos de navegación y permaneció bajo el agua durante más de tres siglos, hasta que fue rescatado en el siglo XX en un estado de conservación sorprendente. El hallazgo dejó claro que, en ciertas condiciones, el fondo marino puede actuar como una cápsula del tiempo capaz de preservar fragmentos enteros del pasado durante generaciones. Un encuentro inesperado bajo una obra. Lo que comenzó como un proyecto de
- En 1628, el buque de guerra sueco Vasa se hundió en su viaje inaugural tras apenas unos minutos de navegación y permaneció bajo el agua durante más de tres siglos...
- El hallazgo dejó claro que, en ciertas condiciones, el fondo marino puede actuar como una cápsula del tiempo capaz de preservar fragmentos enteros del pasado durante generaciones
- Lo que comenzó como un proyecto de infraestructura en la costa de Suecia ha terminado revelando una escena difícil de imaginar: en el año 2025 y bajo el trazado de un túnel ferroviario en Varberg...
- La sorpresa no fue encontrar un naufragio, algo relativamente habitual en zonas portuarias antiguas, sino descubrir hasta seis estructuras distintas, superpuestas en el tiempo...
En 1628, el buque de guerra sueco Vasa se hundió en su viaje inaugural tras apenas unos minutos de navegación y permaneció bajo el agua durante más de tres siglos, hasta que fue rescatado en el siglo XX en un estado de conservación sorprendente. El hallazgo dejó claro que, en ciertas condiciones, el fondo marino puede actuar como una cápsula del tiempo capaz de preservar fragmentos enteros del pasado durante generaciones. Un encuentro inesperado bajo una obra.
Lo que comenzó como un proyecto de infraestructura en la costa de Suecia ha terminado revelando una escena difícil de imaginar: en el año 2025 y bajo el trazado de un túnel ferroviario en Varberg, los trabajadores no se toparon con restos aislados, sino con una acumulación de embarcaciones enterradas durante siglos. La sorpresa no fue encontrar un naufragio, algo relativamente habitual en zonas portuarias antiguas, sino descubrir hasta seis estructuras distintas, superpuestas en el tiempo, que convierten el lugar en una especie de archivo marítimo oculto bajo la ciudad actual. Seis barcos, varios siglos de historia.
Contaban los investigadores tras el fortuito hallazgo que los restos localizados abarcan desde la Edad Media hasta el siglo XVII, reflejando distintas etapas de la navegación y el comercio en el norte de Europa. Cuatro de las embarcaciones pertenecen al periodo medieval, una se sitúa en plena expansión marítima sueca del siglo XVII y otra no ha podido ser datada con precisión, lo que añade aún más incógnitas al conjunto. De hecho, este abanico temporal permite reconstruir cómo evolucionaron las rutas comerciales, los tipos de barcos y la importancia estratégica de la zona, que en su momento fue línea de costa y núcleo portuario.
Tecnología naval enterrada en el barro. Entre los hallazgos destaca especialmente uno de los barcos mejor conservados, construido en la década de 1530 con madera de roble local y siguiendo la técnica de tablones solapados típica del norte de Europa. No solo eso.
Otros restos muestran variaciones en la construcción, como embarcaciones de fondo plano utilizadas en el comercio medieval o un barco con técnicas más avanzadas de ensamblaje, vinculadas a tradiciones neerlandesas. Según los investigadores, este contraste permite observar, casi como en una secuencia congelada, la transición entre diferentes formas de construir y operar en el mar. Pistas de incendios, comercio y uso cotidiano.
Pero hay mucho más. El trabajo de los arqueólogos ha confirmado algunos detalles que añaden un componente aún más intrigante, como las marcas de fuego detectadas en partes de uno de los cascos, que sugieren que la embarcación pudo haber sido dañada o incluso quemada antes de hundirse. Otros restos, en este caso menos completos, apuntan a barcos que operaban regularmente en el Báltico, transportando mercancías entre ciudades cercanas.
Incluso las embarcaciones más antiguas, con su diseño plano, ofrecen pistas sobre las dinámicas comerciales medievales y la forma en que se adaptaban a aguas poco profundas. Cuando el pasado emerge con cada obra. El estudio también ha recordado que el descubrimiento no es un caso aislado, sino parte de una tendencia cada vez más frecuente en nuestros tiempos: a medida que avanzan los grandes proyectos urbanísticos en zonas costeras, aparecen vestigios de antiguos puertos que hoy forman parte del interior urbano.
De esa forma, lo que en su día fue mar o muelle ahora está cubierto por tierra y edificios, conservando bajo capas de sedimentos estructuras que han sobrevivido durante siglos. Si se quiere también y en ese sentido, cada excavación que se realiza no solo transforma el presente, sino que también apunta a reabrir fragmentos completos del pasado, demostrando que, en determinados lugares, la historia no se ha ido, simplemente está esperando a ser desenterrada. Imagen | Arkeologerna
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