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Los tres hábitos que permiten escuchar mejor a los demás y fortalecer vínculos, según expertos

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Los tres hábitos que permiten escuchar mejor a los demás y fortalecer vínculos, según expertos
Lo esencial
  • Escuchar a los demás parece una habilidad simple, pero en la práctica es mucho más compleja
  • En un contexto atravesado por pantallas, interrupciones y múltiples tareas, prestar verdadera atención a otra persona se volvió un desafío cotidiano
  • En algunos casos, las personas retienen apenas el 44% de una conversación y su mente puede divagar casi una cuarta parte del tiempo mientras alguien más habla
  • Escuchar no es automático y requiere adaptación Durante años, el concepto de “escucha activa” fue el modelo dominante

Escuchar a los demás parece una habilidad simple, pero en la práctica es mucho más compleja. En un contexto atravesado por pantallas, interrupciones y múltiples tareas, prestar verdadera atención a otra persona se volvió un desafío cotidiano. Diversas investigaciones muestran que no solo cuesta escuchar, sino que además se recuerda más lo que uno dice que lo que escucha. En algunos casos, las personas retienen apenas el 44% de una conversación y su mente puede divagar casi una cuarta parte del tiempo mientras alguien más habla. Este escenario impacta directamente en los vínculos. Cuando alguien no se siente escuchado, la relación se resiente. En cambio, cuando ocurre lo contrario, aumenta la confianza, la apertura y la sensación de cercanía. “Las buenas relaciones se basan en buenas conversaciones”, señala Hanne Collins, profesora estadounidense de gestión y organizaciones en la UCLA. “Y las buenas conversaciones se basan, en realidad, en saber escuchar”. Escuchar no es automático y requiere adaptación Durante años, el concepto de “escucha activa” fue el modelo dominante. Implica prestar atención, hacer preguntas y evitar juzgar. Sin embargo, algunos especialistas advierten que convertir esto en una lista rígida puede ser contraproducente. “Si esa es tu idea de escuchar bien, estás equivocado”, explica Graham Bodie, profesor estadounidense de comunicación. “Te conviertes en un oyente robótico, en lugar de alguien capaz de adaptarse a cada situación”. Cada conversación requiere un tipo de escucha diferente. No es lo mismo hablar con un colega en una reunión que acompañar a un amigo en un momento difícil. La clave está en ajustar la forma de escuchar según el contexto. También es importante revisar los propios hábitos: qué se suele ignorar, cómo se responde y qué transmite el lenguaje corporal. Muchas veces, se simula atención con gestos automáticos —como asentir o decir “ajá”— sin estar realmente presente. Esta “escucha a medias” puede ser especialmente dañina en relaciones cercanas, ya que genera expectativas que luego no se cumplen. Escuchar para entender y no para responder Uno de los errores más comunes es escuchar pensando en qué se va a decir después. Es un hábito aprendido desde la infancia, donde escuchar suele estar asociado a responder. “Es un hábito muy arraigado para nosotros responder constantemente”, explica Sonja Lyubomirsky, psicóloga estadounidense. “Cuando alguien habla, una parte de la atención está puesta en preparar la respuesta”. La propuesta de los especialistas es cambiar ese enfoque por lo que llaman “escuchar para aprender”. Es decir, prestar atención con el objetivo de comprender realmente al otro. Esto implica: - Dejar que la otra persona marque el ritmo de la conversación - Hacer preguntas desde la curiosidad, no desde el juicio - Parafrasear para confirmar que se entendió bien “Siempre hay algo nuevo que aprender de las personas, incluso de las más cercanas”, sostiene Lyubomirsky. Cómo volver a concentrarse en un mundo lleno de distracciones La falta de atención no siempre es intencional. El cansancio, el estrés y el entorno influyen directamente en la capacidad de escuchar. Por eso, los especialistas recomiendan reconocer cuando no se está plenamente presente. En lugar de simular escucha, es preferible decirlo de manera directa. “Lo siento, me distraje. ¿Podrías repetirlo?”, es un ejemplo simple que puede evitar malentendidos y mejorar la calidad de la conversación. También es clave revisar el entorno: reducir el uso del celular, evitar multitareas y buscar espacios más tranquilos para conversar. Incluso pequeños cambios pueden marcar una diferencia significativa en la calidad de las interacciones. Escuchar bien no es solo una habilidad social, sino una herramienta central para construir relaciones más saludables. En un mundo donde todo compite por la atención, ofrecer presencia genuina se vuelve un gesto cada vez más valioso.

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