Las pymes no compiten contra productos, compiten contra arquitecturas económicas imposibles
El déficit de equidad en financiamiento, energía y logística pone en jaque a las pymes, afectando empleo, inversión y capacidad productiva.
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El déficit de equidad en financiamiento, energía y logística pone en jaque a las pymes, afectando empleo, inversión y capacidad productiva.
- Las pymes argentinas no compiten únicamente contra un producto
- Compiten contra estructuras económicas completamente diferentes
- Compiten contra empresas que acceden a financiamiento al 2 o 3% anual mientras en Argentina muchas líneas comerciales continúan operando con costos financieros extremadamente superiores
- El Radar Pyme de ENAC señaló que apenas el 32% de las empresas opera hoy con rentabilidad positiva, mientras más de un cuarto trabaja directamente con pérdidas y un 6,3% anticipa riesgo concreto de cierre
Durante años se instaló una idea simplificada: si un producto importado es más barato, el problema sería la ineficiencia local. Bajo esa lógica, la desaparición de empresas sería apenas una consecuencia natural de una economía que evoluciona hacia sistemas más eficientes. Pero la realidad que atraviesan hoy miles de pymes argentinas es mucho más compleja.
Las pymes argentinas no compiten únicamente contra un producto. Compiten contra estructuras económicas completamente diferentes. Compiten contra empresas que acceden a financiamiento al 2 o 3% anual mientras en Argentina muchas líneas comerciales continúan operando con costos financieros extremadamente superiores.
Incluso las líneas subsidiadas para pymes muestran tasas incompatibles con economías recesivas y márgenes industriales deteriorados. Compiten además contra energía subsidiada, escalas industriales gigantescas, logística integrada, estabilidad macroeconómica, menor presión fiscal, acceso al crédito productivo y políticas industriales sostenidas durante décadas. Realidad pyme Mientras tanto, en Argentina cae el consumo, aumenta la capacidad ociosa, se deteriora el capital de trabajo, crece la morosidad comercial y muchas empresas sobreviven refinanciando pasivos.
En ese contexto, hablar simplemente de “libre competencia” empieza a resultar conceptualmente insuficiente. La apertura económica sólo puede generar modernización cuando existe algún nivel razonable de equivalencia competitiva. Y los indicadores empiezan a mostrarlo con crudeza: caída en la utilización de capacidad instalada, suspensiones, reducción de turnos, pérdida de rentabilidad y paralización de inversiones.
Cae el consumo Muchas pymes dejaron de competir por eficiencia y comenzaron a sobrevivir administrando deterioro: refinanciando deuda, postergando inversiones, reduciendo personal, demorando pagos, acumulando pasivos fiscales o ingresando lentamente en escenarios de concurso preventivo. Cuando una pyme cae, no desaparece solamente una empresa. También se deterioran empleos actuales y futuros, proveedores, talleres, redes de conocimiento, oportunidades para jóvenes y economías regionales completas.
Se pierde movilidad social, experiencia acumulada y capacidad productiva. El Radar Pyme de ENAC señaló que apenas el 32% de las empresas opera hoy con rentabilidad positiva, mientras más de un cuarto trabaja directamente con pérdidas y un 6,3% anticipa riesgo concreto de cierre. El problema deja entonces de ser exclusivamente empresario y comienza a transformarse en un problema social.
Distintos sectores ya describen niveles crecientes de sobre endeudamiento impulsados por el uso intensivo de tarjetas, descubierto bancario y financiamiento comercial para sostener consumo corriente. Quizás haya llegado el momento de abandonar discusiones simplistas entre “proteccionismo” y “apertura” para empezar a debatir cómo construir competencia equilibrada entre sistemas económicos radicalmente distintos. Porque dos productos pueden tener el mismo precio final y, aun así, provenir de universos económicos completamente diferentes.
El Movimiento Nacional Pyme (Monapy) propone avanzar hacia indicadores de competencia equilibrada. Desde Monapy se propone que las autoridades competentes y los organismos del Poder Ejecutivo integren y sistematicen la información ya disponible para construir indicadores técnicos que permitan medir con mayor precisión el impacto de las asimetrías competitivas sobre las pymes argentinas. Hoy gran parte de la discusión pública sobre importaciones, apertura económica y competitividad continúa desarrollándose más desde posiciones ideológicas que desde información integrada, comparable y trazable.
Sin embargo, ya existen numerosos datos públicos y privados que permitirían construir herramientas de análisis mucho más precisas. Organizarse y avanzar Actualmente es posible acceder a información vinculada a tasas de financiamiento, presión fiscal, costos energéticos, logística, utilización de capacidad instalada, evolución sectorial de importaciones, precios FOB internacionales, empleo registrado, actividad industrial y niveles de consumo. Muchos de estos datos son publicados periódicamente por organismos públicos, cámaras empresarias e instituciones del tercer sector.
La disponibilidad actual de información estadística, financiera, aduanera y sectorial permite incluso pensar en modelos de cálculo relativamente rápidos y dinámicos. El objetivo debería ser transformar percepciones dispersas de deterioro productivo en indicadores concretos, comparables y verificables que permitan anticipar situaciones críticas antes de que el daño sobre el empleo, el consumo y la capacidad productiva se vuelva irreversible. Tal vez el problema no sea que Argentina todavía no aprendió cómo abrir su economía, sino que todavía no aprendió a medir cuándo la competencia deja de ser virtuosa y empieza a destruir capacidad productiva irrecuperable. * Karina Hejler, presidente Ágora Global S.A.
Comisión Directiva Monapy Buenos Aires.
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