Laberintos, expectativas
La canchita había quedado atrás, mucho más allá del portón metálico estrangulado por la estructura de hierro
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La canchita había quedado atrás, mucho más allá del portón metálico estrangulado por la estructura de hierro
- Tenía una cualidad infantil –o bien una especie de benevolencia– que lo alejaba de inmediato del drama de la destrucción
- Héctor es el coordinador deportivo de este minúsculo club de Parque Chas (créanme: si sumamos Ortúzar y Agronomía, la mayor concentración de clubes por habitante en el mundo, un acto de fe en lo imposible de la vida)
- Héctor parece envuelto en una órbita espesa en la que está girando a millones de vuelta por segundo
- Mientras se rasca el mentón, dice a velocidad pedestre: “después de los 60, Ale, dejás de caminar sobre las hojas secas, oyendo crujir los huesos de las nervaduras; todo es cuenta regresiva, Ale”
La canchita había quedado atrás, mucho más allá del portón metálico estrangulado por la estructura de hierro
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