La última extravagancia para entrar en Harvard cuesta 40.000 dólares: mandar a tu hijo a fregar platos y limpiar retretes
Hay padres que pagan por semestre para que sus hijos frieguen platos, limpien retretes, corten leña y pasen horas trabajando en una granja de Vermont. No se han equivocado de escuela: Mountain School atrae a estudiantes brillantes de todo Estados Unidos y presume de antiguos alumnos admitidos en Harvard, Brown, Dartmouth o Berkeley. Por supuesto, hay otra motivación: en una carrera universitaria donde las buenas notas ya no garantizan destacar , hasta recoger estiércol puede convertirse en mater
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Hay padres que pagan por semestre para que sus hijos frieguen platos, limpien retretes, corten leña y pasen horas trabajando en una granja de Vermont. No se han equivocado de escuela: Mountain School atrae a estudiantes brillantes de todo Estados Unidos y presume de antiguos alumnos admitidos en Harvard, Brown, Dartmouth o Berkeley. Por supuesto, hay otra motivación: en una carrera universitaria donde las buenas notas ya no garantizan destacar , hasta recoger estiércol puede convertirse en mater
- No se han equivocado de escuela: Mountain School atrae a estudiantes brillantes de todo Estados Unidos y presume de antiguos alumnos admitidos en Harvard, Brown, Dartmouth o Berkeley
- Qué duda cabe, eso no convierte los 40.000 dólares en una entrada VIP a la Ivy League
- Familias capaces de desembolsar 40.000 dólares pagan para que sus hijos vivan durante unos meses sin teléfono, trabajen con las manos, asuman responsabilidades y descubran que alguien tiene que limpiar el baño...
- Pero en un sistema de admisiones como el estadounidense, donde miles de candidatos llegan con expedientes "extraordinarios"...
Hay padres que pagan por semestre para que sus hijos frieguen platos, limpien retretes, corten leña y pasen horas trabajando en una granja de Vermont. No se han equivocado de escuela: Mountain School atrae a estudiantes brillantes de todo Estados Unidos y presume de antiguos alumnos admitidos en Harvard, Brown, Dartmouth o Berkeley. Por supuesto, hay otra motivación: en una carrera universitaria donde las buenas notas ya no garantizan destacar, hasta recoger estiércol puede convertirse en material para construir una candidatura diferente.
Un dineral para aprender a fregar. Lo contaba hace unos días el Wall Street Journal. Mountain School ocupa una zona rural de Vermont y funciona como programa de un semestre para estudiantes de penúltimo año de secundaria.
Tres veces al día hay adolescentes fregando utensilios, limpiando aulas, preparando verduras o revisando sistemas de riego. Además, dedican unas ocho horas semanales a trabajos agrícolas como recoger maíz, cuidar vacas, pastorear ovejas o cortar madera. Un alumno, por ejemplo. pasó una semana encargado del retrete de compost y un cartel invitaba a sus compañeros a agradecérselo si estaba limpio o reclamarle si era un desastre.
El CV oculto. Parte de la gracia está precisamente en que muchos llegan sin saber hacer esas cosas. El director, Alex Myers, cuenta al medio que ha visto alumnos intentar barrer sin que la escoba toque el suelo, mientras la responsable de la granja recuerda estudiantes metiendo 50 semillas en un agujero donde bastaba una.
Plus: los profesores también participan en las tareas y el objetivo declarado es que los adolescentes comprendan cuánto trabajo invisible sostiene su vida cotidiana. El elefante en la granja: Harvard. Mountain School ofrece asignaturas académicamente exigentes como AP Calculus, pero algunos alumnos reconocen que esperan que pasar por allí les permita sobresalir en sus solicitudes universitarias.
La propia cuenta de Instagram del centro ha destacado admisiones recientes en Harvard, Brown, Dartmouth y Berkeley, y su director de admisiones presume de un historial extraordinario. Una estudiante lo resume sin demasiados rodeos al Journal: ya tiene notas suficientemente buenas para entrar en una buena universidad, pero lo que busca allí es algo que consiga distinguirla de todos los demás candidatos que también las tienen. UN VISTAZO A...
Pagar no compra el atajo. Qué duda cabe, eso no convierte los 40.000 dólares en una entrada VIP a la Ivy League. El consultor de admisiones Adam Nguyen advierte de que una experiencia cara y aleatoria no impresiona a los responsables universitarios y puede incluso volverse contra el candidato si no encaja con sus intereses ni produce una evolución real.
Lo valioso, explica, sería que esos meses generasen una dirección académica más clara, mayor madurez o simplemente una historia auténtica que contar. De hecho, antiguos alumnos llevan años convirtiendo sus experiencias en la granja en ensayos universitarios. Una de ellas respondió a una pregunta de la Universidad de Chicago escribiendo sobre su archienemigo: una gallina que defendía con toda sus fuerzas sus huevos.
Cuatro meses sin móvil. La otra mercancía extraordinariamente escasa que compran esas familias es simple: desconexión. Los estudiantes entregan sus teléfonos al comenzar el semestre y permanecen en una especie de “cárcel para móviles”.
Los portátiles quedan fundamentalmente reservados al trabajo académico, el Wi-Fi desaparece cada noche de los edificios principales y ni siquiera llega a los dormitorios. El experimento culmina con cuatro días y tres noches en solitario en plena naturaleza. Un profesor veterano asegura que antes el gran miedo eran los osos, ahora, para muchos adolescentes, es quedarse solos con sus propios pensamientos (y sin móvil).
Una élite que paga por vivir una vida que antes era normal. Puestos a buscar paradojas, posiblemente ahí esté lo más interesante de Mountain School. Familias capaces de desembolsar 40.000 dólares pagan para que sus hijos vivan durante unos meses sin teléfono, trabajen con las manos, asuman responsabilidades y descubran que alguien tiene que limpiar el baño, alimentar a los animales o recoger la comida.
Alrededor del 30% de los estudiantes recibe ayuda financiera y muchos aseguran buscar principalmente esa experiencia, no una universidad concreta. Pero en un sistema de admisiones como el estadounidense, donde miles de candidatos llegan con expedientes "extraordinarios", hasta una temporada fregando platos y abrazando árboles parece poder adquirir un valor inesperado: no porque Harvard premie limpiar retretes, sino porque ser simplemente brillante ya no siempre basta para parecer diferente. Imagen | Wgreaves
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