La medicina entre la vocación y el desgaste, según un médico de guardia
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- Es estar preparado para lo peor, pero esperando que nunca suceda
- Nada prepara al personal de guardia para el huracán de emociones que se puede vivir en estas 24 horas
- Lee también Emergencias médicas: la importancia de mantener el criterio humano en la era de la Inteligencia Artificial Dicen que nosotros elegimos esto; sí, es verdad
- Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre. (*) Dr Leonardo Valente Magallanes (jefe de Guardia del Hospital General de Agudos Ignacio Pirovano...
¿Cómo explicar qué es lo que se siente trabajar en la emergencia, en el riesgo de vida? Es estar preparado para lo peor, pero esperando que nunca suceda. Pero, de ser así, tratar de ser más racional que emocional, actuar con el mayor profesionalismo posible. Es un estado de alerta que consume las energías y pone a prueba las emociones y la templanza. Es saber que en un momento podemos estar haciendo la diferencia entre la vida y la muerte. En mis años aprendí que esto no es para muchos. Si bien vi comenzar en esta actividad a muchos, con el paso de los años vi colegas bajarse, desgastarse, consumirse y los que vamos quedando somos siempre las mismas caras. A qué costo muy bien no lo tengo en claro, pero sin dudas el cuerpo, la mente, la vida social y familiar van pagando el costo. Nada prepara al personal de guardia para el huracán de emociones que se puede vivir en estas 24 horas. Desde una victoria hasta un “no fue suficiente”. No solo el sufrimiento del paciente y del familiar, también el del mismo equipo, ya que muchas veces nos cuesta gestionar estas emociones. Desde acompañar en la toma de decisiones, de saber cuándo nuestro arte se vuelve cruento, tomar la decisión ya no de tratar de curar, sino más bien de priorizar la dignidad humana sobre la enfermedad. De tener que la madre de un suicida te pida leer su carta de despedida, hasta llamar a allegados para decir que su ser querido está con nosotros en un mal momento; ver a un padre besando y abrazando el cuerpo sin vida de su hijo. También tenemos de los otros momentos: de aquellos que quieren venir a la guardia a conocer a quienes lo ayudaron, a quienes lo arrebataron de las manos de la muerte; de las facturas o un café de regalo como acto de agradecimiento por lo brindado, hasta a veces ni un gracias por el trabajo, pero nosotros con la paz interior de haber hecho lo correcto. Ser médico de guardia no es para todos Sin dudas no es para todos. Hay que abrazar trabajar en la emergencia; abrazar algo que sabemos que nos daña y consume más de lo que imaginamos. Todavía recuerdo las palabras que escribí después de una reunión con mi equipo, casi a la perfección: me fue imposible no ponerme a pensar en dónde estamos situados hoy como médicos y cómo eso nos afecta como grupo de trabajo. No cabe duda de que perdimos el reconocimiento social, pero creo que el peor reconocimiento que perdimos es el de nosotros mismos. Sin dudas no somos dioses; no creo en el “salvamos vidas” y menos aún en el “se me murió el paciente”. La vida y la muerte forman parte de nuestra humanidad. Somos como vos, como cualquiera, salvo la motivación por el otro, por el que sufre o padece alguna enfermedad. Somos por naturaleza altruistas. Ni más ni menos inteligentes, solo recibimos formación en el arte de curar. Somos la profesión con la tasa de suicidios y divorcios más alta, morimos jóvenes y sufrimos de burnout. Convivimos con el sufrimiento y el dolor ajeno, lo que hace que a veces te vayas de tu lugar de trabajo con una carga emocional que pocos pueden comprender. Sin mencionar que estamos ahí para vos, para los tuyos, hasta cuando nosotros mismos estamos pasando un mal momento. Estamos despiertos mientras muchos duermen, nos vamos de casa cuando los nuestros todavía no se despertaron y hasta llegamos cuando ya los demás se fueron a acostar. Nos perdemos fiestas en familia, cumpleaños, actos escolares. Y no somos duros ni fríos; solo a veces tenemos la piel llena de cicatrices y curtida por el sufrimiento ajeno, pero debemos tomar una distancia emocional para no perder la objetividad y que nuestras decisiones sean más racionales que emocionales. La vocación es fuerte De estudiantes teníamos que elegir entre comer y dormir, entre dormir y estudiar. Ya de médicos, como residentes volvimos a pasar por lo mismo: priorizar nuestras necesidades o las del paciente. Ya habiendo terminado la residencia, las cosas no cambiaron mucho. Lee también Emergencias médicas: la importancia de mantener el criterio humano en la era de la Inteligencia Artificial Dicen que nosotros elegimos esto; sí, es verdad. La vocación es fuerte, pero la profesión vino con un plus del cual nadie nos habló ni nos contó. Pero debemos detenernos un momento, pensar y volver a encender la llama que nos llevó a elegir SER MÉDICOS. Que no vayamos a trabajar solo por el sueldo, porque ese día seguro nos habremos transformado en mercenarios de la medicina. Creo que no se puede ejercer la profesión sin empatía y que el paciente debe seguir siendo nuestro objetivo, nuestro bien más preciado. A pesar de todo, vuelvo a elegir ser médico, a seguir formándome, no por soberbia profesional, sino porque cuando estés mal, en peligro, padeciendo, yo tenga cada vez más herramientas para tratar de aliviar. Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre. (*) Dr. Leonardo Valente Magallanes (jefe de Guardia del Hospital General de Agudos Ignacio Pirovano, Docente Universitario en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad Católica Argentina (UCA))
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