La Antártida y la competencia global: recursos, ciencia y poder
Aunque el Tratado Antártico sigue vigente, los cambios en el sistema internacional plantean nuevos desafíos para la gobernanza de un continente cada vez más relevante desde el punto de vista económico y geopolítico
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La Ant�rtida y la competencia global: recursos, ciencia y poder Aunque el Tratado Ant�rtico sigue vigente, los cambios en el sistema internacional plantean nuevos desaf�os para la gobernanza de un continente cada vez m�s relevante desde el punto de vista econ�mico y geopol�tico Cuando se firm� el Tratado Ant�rtico en 1959, el objetivo principal era evitar que las disputas territoriales y la competencia propias de la Guerra Fr�a se trasladaran al continente m�s austral del planeta. Casi siete d�cadas despu�s, la Ant�rtida ha permanecido desmilitarizada, la cooperaci�n cient�fica se ha consolidado como principio rector y el sistema ha logrado atravesar cambios pol�ticos internacionales que pusieron en jaque a otros acuerdos multilaterales. Sin embargo, el contexto internacional actual plantea desaf�os diferentes a los que exist�an cuando se dise�� este esquema institucional.
Si bien no hay intenciones manifiestas de revisar el Tratado Ant�rtico en el corto plazo y la explotaci�n masiva de los recursos minerales ant�rticos tampoco se ha puesto sobre la mesa, el valor estrat�gico de la Ant�rtida aumenta a medida que el mundo se vuelve m�s competitivo. La rivalidad entre Estados Unidos y China, la creciente importancia de los minerales cr�ticos y las preocupaciones vinculadas con la seguridad alimentaria est�n modificando el entorno en el que opera el Sistema del Tratado Ant�rtico. Durante a�os, gran parte del debate econ�mico sobre la Ant�rtida se concentr� en la posibilidad de que el continente ocultara importantes recursos minerales.
Sin embargo, la explotaci�n minera contin�a prohibida por el Protocolo de Madrid y no existe informaci�n suficiente para determinar con precisi�n la magnitud ni la viabilidad econ�mica de tales yacimientos bajo la capa de hielo. En contraposici�n, existen recursos de los que hay probada informaci�n y que tienen relevancia econ�mica concreta. Entre ellos destaca el krill ant�rtico, un peque�o crust�ceo que constituye uno de los pilares biol�gicos del Atl�ntico Sur y cuyo nombre cient�fico es Euphausia superba.
Se estima que la biomasa total de krill ant�rtico supera las sesenta millones de toneladas, aunque algunas evaluaciones han planteado cifras considerablemente superiores dependiendo de las zonas analizadas y de las metodolog�as empleadas. De cualquier manera, existe consenso acerca de que el krill es uno de los recursos biol�gicos m�s abundantes del planeta y su importancia econ�mica ha crecido sostenidamente, ya que se utiliza para la producci�n de aceites ricos en omega-3, suplementos nutricionales, productos farmac�uticos, alimentos para acuicultura y distintos desarrollos vinculados con la biotecnolog�a. La expansi�n global de la acuicultura resulta particularmente relevante: m�s de la mitad de los productos acu�ticos destinados al consumo humano provienen de sistemas de cultivo.
De acuerdo con la Comisi�n para la Conservaci�n de los Recursos Vivos Marinos Ant�rticos (CCRVMA), organismo del Sistema del Tratado Ant�rtico que supervisa la gesti�n de la pesca de krill, durante la temporada 2024-2025 las capturas alcanzaron el l�mite de 620000 toneladas establecido para las sub�reas 48.1 a 48.4, divisiones de gesti�n del �rea 48 en el oc�ano Austral que abarcan distintas regiones del Atl�ntico Sur -48.1 (Pen�nsula Ant�rtica e Islas Shetland del Sur), 48.2 (Islas Orcadas del Sur), 48.3 (Isla Georgia del Sur) y 48.4 (Islas Sandwich del Sur)-, zonas principales de pesca, lo que oblig� a cerrar anticipadamente la temporada. Fue la primera vez que se alcanz� ese umbral desde su implementaci�n. La campa�a inmediatamente anterior hab�a registrado aproximadamente 498000 toneladas, uno de los niveles m�s elevados desde que existen registros sistem�ticos.
La discusi�n tambi�n involucra cuestiones vinculadas con la distribuci�n geogr�fica de la actividad pesquera (especialmente trascendente para Argentina, dado que parte importante se da en la sub�rea 48.1, en el entorno de la Pen�nsula Ant�rtica, sector reclamado por el pa�s), la conservaci�n de ecosistemas marinos y la creaci�n de nuevas �reas marinas protegidas. En los �ltimos a�os, las negociaciones dentro de la CCRVMA han mostrado dificultades para alcanzar consensos amplios, reflejando tensiones que exceden al continente y forman parte de la din�mica geopol�tica global. Aunque el Sistema del Tratado Ant�rtico ha permitido compatibilizar intereses nacionales diversos sin poner en riesgo la estabilidad institucional del continente durante d�cadas, el escenario internacional actual presenta cada vez mayores niveles de competencia.
La presencia cient�fica constituye otro indicador de esta tendencia. M�s de treinta pa�ses mantienen estaciones de investigaci�n en la Ant�rtida. China inaugur� en 2024 su quinta base en el continente, mientras que otras potencias contin�an ampliando sus capacidades log�sticas y cient�ficas.
Y aunque, formalmente, estas actividades responden a objetivos de investigaci�n, tambi�n representan inversi�n estatal, desarrollo tecnol�gico, experiencia operativa y presencia permanente en una regi�n observada con creciente atenci�n. La dimensi�n econ�mica de estas inversiones no debe pasarse por alto. La ciencia polar produce informaci�n cr�tica para la comprensi�n del cambio clim�tico, la evoluci�n de los oc�anos, la meteorolog�a y los sistemas ambientales globales.
En una econom�a cada vez m�s basada en el conocimiento, la capacidad de generar informaci�n constituye una forma de poder. Argentina no est� ajena a estas discusiones. Desde 1904, el pa�s mantiene la presencia estatal permanente e ininterrumpida m�s prolongada del mundo en la Ant�rtida y cuenta con una de las trayectorias m�s extensas en materia de investigaci�n y operaciones polares.
Sin embargo, el debate p�blico suele concentrarse en aspectos hist�ricos y diplom�ticos, dejando en segundo plano la dimensi�n econ�mica y estrat�gica de largo plazo. La relevancia de la Ant�rtida en el futuro cercano probablemente no depender� de una carrera por explotar recursos minerales actualmente inaccesibles, sino de la capacidad de gestionar recursos biol�gicos cada vez m�s valiosos, de sostener mecanismos eficaces de cooperaci�n internacional y de preservar un sistema institucional que deber� operar en un contexto global distinto de aquel para el cual fue concebido. La fortaleza del Sistema del Tratado Ant�rtico ha sido, hist�ricamente, su capacidad para aislar al continente de los conflictos internacionales.
El interrogante que se plantea es si podr� seguir haci�ndolo con la misma eficacia en un escenario donde la competencia por recursos, tecnolog�a e influencia estrat�gica ocupa un lugar cada vez m�s central.
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