Hugo Lescano, experto en lenguaje no verbal, supo que tenía ELA cuando leyó el miedo en la cara de una médica
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- Hugo Lescano pasó más de tres décadas analizando los gestos de los demás
- Bautizado por los medios como el “detector de mentiras”, este consultor de la OEA y experto en lenguaje no verbal se encontraba en Washington dando una conferencia cuando detectó que arrastraba la “r” mientras hablaba
- Tras meses de estudios y la confirmación del diagnóstico, el especialista transitó todas las etapas del duelo: la negación —que lo llevó a sacar pasajes para una expedición en Papúa Nueva Guinea— y el enojo por la...
- Con el objetivo de gestionar el dolor, Lescano aplica una técnica singular: marcarle agenda a la tristeza. “De 1 a 2 es mi horario para llorar
Hugo Lescano pasó más de tres décadas analizando los gestos de los demás. Bautizado por los medios como el “detector de mentiras”, este consultor de la OEA y experto en lenguaje no verbal se encontraba en Washington dando una conferencia cuando detectó que arrastraba la “r” mientras hablaba. Su médico de cabecera no estaba en la ciudad y fue a la consulta con otra profesional.
Ese fue el inicio de una paradoja que cambiaría su vida: el hombre que descifra verdades ocultas en los demás tuvo que leer, en la cara de una médica, el diagnóstico que no quería escuchar. “Fue una microexpresión de miedo”, cuenta Telenoche. “Ella no pudo ocultar su reacción. Sobre la unidad de acción cinco aparece el miedo: los párpados se elevan, las cejas no, y la boca se contrae”, describe Hugo con precisión técnica. A pesar de que la doctora intentó postergar la noticia, él ya lo había leído todo: “Salimos del consultorio y le dije a mi esposa: esto es ELA como mínimo.
Tuve que analizar el rostro de alguien que tenía una verdad escondida para mí”. Tras meses de estudios y la confirmación del diagnóstico, el especialista transitó todas las etapas del duelo: la negación —que lo llevó a sacar pasajes para una expedición en Papúa Nueva Guinea— y el enojo por la estadística arbitraria de una enfermedad que afecta a 20 cada 100 mil personas. “Mi mente fue directo al peor escenario. Es un mecanismo humano.
Pero en enfermedades como esta, ese escenario puede ser muy duro. Pensé en traqueotomías, sillas especiales, dependencia total. Después me detuve: eso todavía no pasó y no sabemos si va a pasar.
Incluso siempre existe la posibilidad de morirse de otra cosa”, afirmó con humor. “Hoy tengo la suerte de que mi único síntoma fuerte es la dificultad en el habla. Sigo viviendo mi vida. No puedo permitirme que la enfermedad ocupe todo.
Incluso le puse horario a la tristeza: de una a dos de la tarde. Después sigo con mi día. Si no, la vida queda tomada por el dolor".
Con el objetivo de gestionar el dolor, Lescano aplica una técnica singular: marcarle agenda a la tristeza. “De 1 a 2 es mi horario para llorar. Así me queda todo el día para mi gato, mi familia y para sonreír. La familia, un factor fundamental “Mi esposa tiene una enorme capacidad de acompañar sin dramatizar.
Mi hija, ingeniera, aporta una mirada lógica y práctica. Entre los dos lograron que el proceso sea más llevadero". Desde lo espiritual, Hugo tiene formación en teología que lo ayudó mucho. “Aprendí a vivir el presente.
Hoy aplico eso: mirar lo que sí tengo. Si puedo mover nueve dedos, disfruto eso en lugar de lamentarme por el que falla”. Hugo no siente que la enfermedad le esté “enseñando” algo nuevo que no supiera, pero sí que lo desafía a aplicar lo que siempre dijo. “También me pregunto cómo esto puede servir a otros.
Ojalá mi experiencia le dé esperanza a personas que no tienen visibilidad". Lescano sigue trabajando, dando clases y buscando herramientas tecnologías -clonó su voz con inteligencia artificial para seguir enseñando en el futuro-. En cuanto al tratamiento Lescano sostiene: “Hago lo indicado por los médicos, y también estoy en contacto con desarrollos científicos que buscan alternativas.
Sin generar falsas expectativas, hay investigaciones en curso y eso abre puertas”. Pero más allá de todo, su mensaje es claro: “no perdamos los momentos maravillosos de la vida esperando un milagro. El milagro somos nosotros.
La enfermedad no borra lo que hicimos, lo que construimos, los vínculos, la historia. Producción: Anabella Romero Realización: Juan Pablo Chaves Edición: Belén Duré
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