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"Generación Sándwich" y la importancia de una reforma laboral que contemple estos casos

En un contexto de disminución de la natalidad y mayor expectativa de vida, aumentan los adultos que cuidan a sus hijos y a sus padres al mismo tiempo.

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"Generación Sándwich" y la importancia de una reforma laboral que contemple estos casos
Lo esencial

En un contexto de disminución de la natalidad y mayor expectativa de vida, aumentan los adultos que cuidan a sus hijos y a sus padres al mismo tiempo.

  • Quienes paternan o maternan a sus hijos y a sus padres, conforman la denominada "Generación Sándwich"
  • Cambio demográfico y desplazamiento etario Como bien se mencionó anteriormente, hay factores que facilitan estar "entre pan y pan": la caída en la natalidad con la mayor expectativa de vida por un lado...
  • Esto promueve el cuidado simultáneo entre adultos mayores y la crianza", sintetiza Sol González, doctora en Economía y coautora del estudio
  • A esta ecuación se le suma el factor biológico y temporal: mientras que en los menores de 34 años la tarea de cuidar afecta a uno de cada 10 encuestados...

Asumir el rol de padre o madre con un hijo, y el de "padre" o "madre" con los propios progenitores en simultáneo, siempre ha existido. Pero, sostener dicha responsabilidad convive no sólo con un compromiso sociocultural, sino que persiste y aumenta en una época de fuertes cambios demográficos, económicos y sociales; por caso, disminución de la natalidad, aumento en la esperanza de vida, el pluriempleo y las nuevas formas de desarrollar la vida. Esto conlleva a pensar en la necesidad de contemplar en una reforma laboral la licencia por cuidado de adultos mayores (además de la urgente modificación de las licencias por paternidad y otras aristas).

Quienes paternan o maternan a sus hijos y a sus padres, conforman la denominada "Generación Sándwich". Un reciente informe elaborado por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral expresa que, uno de cada ocho adultos en Argentina cuida a ambas generaciones al mismo tiempo. Un número que se espera, aumente en los próximos años.

Cambio demográfico y desplazamiento etario Como bien se mencionó anteriormente, hay factores que facilitan estar "entre pan y pan": la caída en la natalidad con la mayor expectativa de vida por un lado, y el retraso en la edad de la maternidad por el otro. "Mientras que hace un par de años la edad promedio para tener hijos era entre 25 y 30 años, hoy se corre de 30 a 35. Entonces, cada vez sos más grande para tener hijos, tenés hijos más pequeños y al mismo tiempo tus papás crecen. Esto promueve el cuidado simultáneo entre adultos mayores y la crianza", sintetiza Sol González, doctora en Economía y coautora del estudio.

A esta ecuación se le suma el factor biológico y temporal: mientras que en los menores de 34 años la tarea de cuidar afecta a uno de cada 10 encuestados, al cruzar la barrera de los 34 años la proporción trepa a casi un tercio de la población. Lo que representa la PEA en su punto de mayor desarrollo profesional. Las mujeres: principales cuidadoras y las más afectadas Si bien al analizar el ejercicio general de tareas de cuidado no se observan diferencias por género (alrededor del 20% en ambos casos), la brecha estructural emerge con fuerza cuando se indaga en quién recae la responsabilidad principal del hogar: el 60% de las cuidadoras principales son mujeres, frente a un 40% de varones.

Esta asimetría cobra un valor crítico al evaluar el impacto en las aspiraciones individuales. Mientras solo un 10% de los hombres cuidadores manifiesta interferencias en sus planes, más del 44% de las mujeres reporta que asumir este rol interfiere de forma directa con sus proyectos personales y laborales. "Más allá de cómo reportan quién cuida principalmente, nosotros atribuimos esto también a la carga mental del cuidado, que la lleva principalmente la mujer. El proyecto de vida, sea de distinta índole, se ve muy desafiado por estas tareas", advierte Victoria Bein, doctora en Psicología e investigadora de la Universidad Austral.

Salud y economía El impacto en la salud mental y física es una constante en la vida del cuidador. Según los datos del Observatorio, 6 de cada 10 cuidadores reportan cierto nivel de sobrecarga, y un 4 de cada 10 padece sobrecarga intensa, una condición que desencadena cuadros de ansiedad, aislamiento y depresión, además de patologías somáticas como hipertensión, cefaleas o resistencia a la insulina. El escenario se agrava drásticamente cuando el adulto o menor a cargo presenta alguna discapacidad: allí, la sobrecarga intensa escala al 50% (uno de cada dos cuidadores).

En el plano económico, el 60% de las personas debe responder económicamente de manera simultánea hacia ambas partes. Y contra lo que podría dictar el sentido común, la necesidad de trabajar no excluye el cuidado; lo profundiza. "Encontramos que las personas que trabajan al mismo tiempo son las que más están desarrollando tareas de cuidado. El mercado laboral no expulsa ni reemplaza estas tareas.

Al final, sobre todo con adultos mayores que no conviven, lo que tenés es a una persona gestionando dos y hasta tres hogares a la vez", explica González. Sin embargo, las personas que asumen este rol no denotan un deterioro en su vida personal de manera significativa, o se equilibra: el índice que mide el conflicto entre familia y trabajo (en una escala de 1 a 5) salta de un promedio de 2,5 puntos a casi 3 puntos. Argentina: falta de licencias o deficiencia en las mismas Pese a los datos anteriores, el 96% de los encuestados afirma que cuidar es una tarea gratificante.

El afecto y la decisión de acompañar a los seres queridos está presente, pero choca de contra un sistema que no acompaña los cambios y necesidades que la época exige. Actualmente, el debate plantea avanzar hacia reformas que contemple estos casos. Analicemos otros países: En América Latina: Uruguay cuenta con marcos pioneros (como la Ley N° 18.345), aunque con la limitante de enfocar sus licencias especiales de cuidado principalmente en situaciones de discapacidad declarada o enfermedades terminales.

Chile carece de permisos laborales pagados para este fin. La ley SANNA es exclusiva para el cuidado de hijos menores con enfermedades graves, por lo que los trabajadores deben recurrir a pactos de adaptabilidad laboral o apoyarse en la red estatal Chile Cuida (enfocada en credenciales de atenciones preferentes y cuidadores de relevo domiciliario). Modelos internacionales: En Francia, el Congé de proche aidant permite licencias financiadas por el Estado para la asistencia a familiares cercanos.

En Alemania, el sistema de tiempo protegido (Pflegezeit) permite reducir la jornada laboral o tomar licencias a mediano plazo para atender las demandas de cuidado continuas. Incluso China implementa en las grandes ciudades licencias específicas por cuidado y acompañamiento de ancianos ante internaciones o requerimientos de asistencia. En los últimos días, la diputada bonaerense de Fuerza Patria, Soledad Alonso, presentó un proyecto de ley que busca establecer un régimen de licencias laborales (15 días hábiles anuales con goce íntegro de haberes) destinado a quienes deben asistir y cuidar de forma directa a personas mayores, contemplando la diversidad de vínculos familiares actuales.

La propuesta busca abarcar el cuidado de adultos mayores de 60 años con problemas de salud, discapacidad, pérdida de autonomía u otras dificultades para realizar actividades cotidianas.

Fuente: MDZ Online|Fuente primaria|Editado por Tempranísimo IA

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