Gabriel Rolón: “El enojo es una emoción a la que tenemos derecho”
El reconocido psicoanalista analizó la gestión de las emociones en la vida cotidiana; sostiene que la clave para evitar conductas patológicas reside en diferenciar el sentir de la ejecución de acciones violentas
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El reconocido psicoanalista analizó la gestión de las emociones en la vida cotidiana; sostiene que la clave para evitar conductas patológicas reside en diferenciar el sentir de la ejecución de acciones violentas
- Durante una intervención en el programa Perros de la Calle (Urbana Play), Rolón advirtió que el desafío principal no es la aparición del afecto en sí...
- El enojo es un afecto que a veces es necesario y al que uno tiene derecho”, subrayó el autor, al tiempo que señaló que la respuesta emocional varía según la personalidad de cada persona
- No obstante, el especialista trazó una línea divisoria entre la experiencia interna del enojo y la manifestación externa de la conducta
- En este sentido, Rolón explicó que una cosa es atravesar la emoción y otra muy distinta es ejecutar una acción violenta. “Si me enojé y voy y te estrello el coche contra la puerta de tu casa, es una cosa
Gabriel Rolón: “El enojo es una emoción a la que tenemos derecho” El reconocido psicoanalista analizó la gestión de las emociones en la vida cotidiana; sostiene que la clave para evitar conductas patológicas reside en diferenciar el sentir de la ejecución de acciones violentas - 4 minutos de lectura' El psicoanalista y escritor Gabriel Rolón profundizó en las dinámicas del mundo emocional contemporáneo, donde destacó la legitimidad del enojo como una respuesta humana necesaria a través de la frase “El enojo es una emoción a la que tenemos derecho”. Según el especialista, no existen emociones prohibidas, por lo que experimentar bronca ante situaciones percibidas como injustas, invasivas o hirientes constituye un derecho fundamental de cada individuo. Durante una intervención en el programa Perros de la Calle (Urbana Play), Rolón advirtió que el desafío principal no es la aparición del afecto en sí, sino el modo en que el sujeto procesa y gestiona esa intensidad emocional para evitar consecuencias destructivas. “No es bueno siempre no enojarse.
El enojo es un afecto que a veces es necesario y al que uno tiene derecho”, subrayó el autor, al tiempo que señaló que la respuesta emocional varía según la personalidad de cada persona. No obstante, el especialista trazó una línea divisoria entre la experiencia interna del enojo y la manifestación externa de la conducta. En este sentido, Rolón explicó que una cosa es atravesar la emoción y otra muy distinta es ejecutar una acción violenta. “Si me enojé y voy y te estrello el coche contra la puerta de tu casa, es una cosa.
Si me enojé y decís ‘mirá, yo no tengo más ganas de hablar con vos’, es otra cosa”, ejemplificó para ilustrar que el derecho al enojo termina donde comienza el daño al otro. Desde su perspectiva profesional, el enojo suele funcionar como una alarma que indica que los límites personales son vulnerados, convirtiéndose en un mensajero de cambio necesario para activar el amor propio. En sus reflexiones, Rolón conecta este manejo de los límites con la integridad en los vínculos afectivos.
Al respecto, el analista definió previamente al amor como un poder otorgado al otro, cuya sanidad depende de la renuncia voluntaria a utilizar dicho poder para herir durante los conflictos. La conexión del enojo con la felicidad “La persona que te ama con sanidad es la que renuncia a usar ese poder. Nunca usa el poder que tiene sobre vos para dañarte, para ganar una discusión porque siente enojo”, sostuvo en LN+.
Para el psicólogo, evitar que el enojo se vuelva patológico requiere de un trabajo consciente y valiente, donde se debe despojar al término de expectativas inalcanzables. Rolón insiste en que, si bien el pasado moldea la identidad, la posibilidad de bienestar se juega en el presente, lo que insta a los individuos a no postergar la felicidad ni refugiarse únicamente en recuerdos idealizados mediante una suerte de “photoshop” emocional que distorsiona la realidad de lo vivido. En este escenario, el psicoanalista advierte contra la trampa de buscar soluciones mágicas o inmediatas para la gestión de las pasiones humanas.
Al contrario, propone una postura responsable donde el sujeto acepte su propia finitud y la memoria de las faltas que lo habitan. “La felicidad es en la eternidad del aquí y ahora”, enfatizó, con lo que recordó que es precisamente en el presente donde se debe construir el bienestar. Así, el manejo del enojo se integra como una pieza más de este complejo rompecabezas existencial, donde la capacidad de reconocer y validar las emociones propias sin dañar la integridad del otro es, según Rolón, un requisito indispensable para habitar el tiempo actual de manera plena y consciente, donde se asume la responsabilidad que conlleva cada elección en la vida cotidiana.
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