En un edificio de leyenda: los 150 años de la tienda de moda y diseño que es parte de la historia moderna de Londres
Liberty revolucionó usos y estilos, llenó de arte la vida cotidiana y hoy sigue dictando tendencia desde su enorme casona Tudor que parece detenida en el tiempo
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Liberty revolucionó usos y estilos, llenó de arte la vida cotidiana y hoy sigue dictando tendencia desde su enorme casona Tudor que parece detenida en el tiempo
- Todo comenzó en 1875, cuando Arthur Lasenby Liberty, con un préstamo de 2.000 libras de su futuro suegro, abrió un pequeño negocio en Regent Street con apenas tres empleados
- No imaginaba por entonces que esa convicción terminaría definiendo gran parte de la historia del diseño moderno
- El edificio que se convirtió en leyenda En 1924 se inauguró el edificio de Great Marlborough Street, concebido por Edwin T
- Para su construcción se utilizaron más de 680 metros cúbicos de madera proveniente de dos antiguos buques de guerra de la Marina Real Británica, el HMS Impregnable y el HMS Hindustan
Liberty revolucionó usos y estilos, llenó de arte la vida cotidiana y hoy sigue dictando tendencia desde su enorme casona Tudor que parece detenida en el tiempo - 5 minutos de lectura' En Londres, donde cada calle parece guardar una lección de historia, existe un sitio que moldea el paso del tiempo y lo transforma en objeto, en estampado, en deseo. Liberty cumple 150 años. Un número que es algo más que el aniversario de una tienda.
Es la celebración de una sensibilidad que atravesó generaciones, de una estética nacida en plena era victoriana que hoy continúa latiendo en Instagram, en las pasarelas de moda y en los interiores más admirados del mundo. Todo comenzó en 1875, cuando Arthur Lasenby Liberty, con un préstamo de 2.000 libras de su futuro suegro, abrió un pequeño negocio en Regent Street con apenas tres empleados. Su ambición resultaba tan poética como revolucionaria: anclar metafóricamente un barco en el corazón de la ciudad, cargado de sedas, tejidos, ornamentos y objetos provenientes de tierras lejanas.
La fascinación de esa sociedad por Japón y el Lejano Oriente encontró allí su escenario perfecto. “Estaba decidido a no seguir las modas existentes, sino a crear unas nuevas”, afirmó Liberty en el momento de abrir las puertas de lo que se convertiría en un ícono. No imaginaba por entonces que esa convicción terminaría definiendo gran parte de la historia del diseño moderno. En menos de dieciocho meses, la deuda quedó saldada y su tienda se convirtió en un santuario para artistas, diseñadores y espíritus bohemios en busca de belleza auténtica.
Oscar Wilde lo sintetizó con una frase que sería eterna: “Liberty es el refugio elegido por el comprador artístico”. Su influencia fue tan profunda que en Italia el Art Nouveau adoptó el nombre de Liberty Style. Vinculada al movimiento Arts & Crafts, la tienda defendió desde sus orígenes el trabajo artesanal, la singularidad y la noción de que el arte debía impregnar la vida cotidiana, en un mundo que empezaba a rendirse ante la producción en masa.
El edificio que se convirtió en leyenda En 1924 se inauguró el edificio de Great Marlborough Street, concebido por Edwin T. Hall y su hijo como una joya del revival Tudor. Para su construcción se utilizaron más de 680 metros cúbicos de madera proveniente de dos antiguos buques de guerra de la Marina Real Británica, el HMS Impregnable y el HMS Hindustan.
Las cubiertas de esos barcos pasaron a ser los pisos que hoy crujen suavemente bajo los pasos de los visitantes, como si aún conservaran la memoria del océano y los viajes lejanos. El interior fue pensado como una casa habitada por la inspiración. Tres grandes atrios organizan la circulación, rodeados de habitaciones más pequeñas, chimeneas, paneles ricamente tallados y mobiliario único producido en el propio taller que Liberty tenía en Londres.
Arthur murió siete años antes de ver este edificio terminado, pero su estatua, ubicada cerca de la entrada, sigue recibiendo a quienes cruzan las puertas de su emporio de maravillas. Entre los secretos mejor guardados de la tienda aparecen diminutas pinturas en miniatura sobre vidrio escondidas entre los paneles de madera, escudos vinculados a Shakespeare, retratos de las seis esposas de Enrique VIII y monumentos tallados que recuerdan al personal de Liberty que perdió la vida durante la Segunda Guerra Mundial. Pequeños animales de madera se ocultan entre balcones y columnas, especialmente en el atrio central del tercer piso.
Bajo el Reloj de la Libertad, ubicado en Kingly Street y coronado por la figura de San Jorge y el Dragón, puede leerse una advertencia que invita a detenerse: “ningún minuto que pasa vuelve, presten atención y no hagan nada en vano”. Sobre el techo, una veleta de cobre dorado con la figura del mítico Mayflower se yergue como símbolo de aventura y descubrimiento, mientras en el interior una imponente estructura, considerada por muchos la lámpara de araña más larga de Europa, atraviesa el edificio como un hilo dorado suspendido en el aire. Un legado que sigue creando futuro Hoy Liberty es mucho más que una tienda histórica.
Su estudio interno continúa creando y reinventando los famosos estampados florales a partir de un archivo de más de 45.000 diseños que atraviesan diferentes épocas y estilos. La marca colabora con diseñadores contemporáneos, artistas emergentes y casas de moda internacional, demostrando que su espíritu innovador permanece intacto. Cada temporada propone una narrativa visual que mezcla pasado y vanguardia sin perder identidad.
Recorrer Liberty es entregarse a una coreografía delicada entre memoria y modernidad. Los pasillos invitan a perderse entre textiles, perfumes, piezas de autor, libros, cerámicas y objetos que parecen extraídos de un universo paralelo, donde la lógica del consumo rápido queda suspendida. Durante las fiestas, el edificio se transforma en un escenario casi teatral, con vidrieras que cuentan historias, luces cálidas que envuelven la fachada y una atmósfera que combina nostalgia, elegancia y misterio.
Para muchos londinenses, regalar algo de Liberty es obsequiar una parte de la ciudad, pero también una filosofía ligada al detalle, al tiempo y al arte del hacer. Liberty logró lo que muy pocas marcas en el mundo consiguieron: convertirse en un símbolo cultural. Es reliquia y vanguardia, archivo y laboratorio, refugio bohemio y faro creativo.
En un tiempo dominado por la copia, la prisa y la uniformidad, su permanencia se vuelve un acto de resistencia estética. A 150 años de su nacimiento, continúa fiel a la obsesión de su fundador: provocar asombro, invitar al descubrimiento y transformar una simple visita en una experiencia inolvidable. Quizá en eso resida su verdadero secreto, haber comprendido que la belleza no es un lujo superficial, sino un idioma que atraviesa los siglos y sigue hablándole, con la misma intensidad, a quienes se dejan seducir por lo extraordinario.
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