El Plan Cóndor se abordó en el juicio Escuelita en Neuquén
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- «Ella pensaba que la habían abandonado«, dijo Víctor Herrero Rojas cuando describió aquel primer encuentro, 30 años después, con la joven que tuvo en sus brazos en 1.977...
- Así comenzó el abordaje de un caso de Plan Cóndor, la coordinación de las dictaduras de América Latina para la persecución política
- El testigo, que viajó desde Chile para declarar en el noveno juicio por delitos de lesa humanidad en Neuquén, dijo que «sepultó» durante 54 años lo que había vivido en Argentina porque era un «dolor de la vida» que...
- Explicó que estuvo cautivo en la escuela militar de Instrucción Andina de Bariloche con maltratos y vejámenes y también en la comisaría andina, donde describió interrogatorios sin golpes ni picana...
«Ella pensaba que la habían abandonado«, dijo Víctor Herrero Rojas cuando describió aquel primer encuentro, 30 años después, con la joven que tuvo en sus brazos en 1.977, cuando su mamá fue a la comisaría a denunciar el secuestro de su compañero y nunca más se supo de ella. Así comenzó el abordaje de un caso de Plan Cóndor, la coordinación de las dictaduras de América Latina para la persecución política. El testigo, que viajó desde Chile para declarar en el noveno juicio por delitos de lesa humanidad en Neuquén, dijo que «sepultó» durante 54 años lo que había vivido en Argentina porque era un «dolor de la vida» que lograron desandar con su esposa Graciela para este juicio, también protagonista de aquel suceso y recientemente fallecida.
La audiencia de ayer comenzó con el testimonio de Herrero Rojas y luego, desde Córdoba, resultó estremecedor la tortura descripta por Oscar Rodolfo Escobar, en un sótano de San Martín de los Andes, interrogado bajo picana eléctrica sobre supuesto tráfico de armas. Explicó que estuvo cautivo en la escuela militar de Instrucción Andina de Bariloche con maltratos y vejámenes y también en la comisaría andina, donde describió interrogatorios sin golpes ni picana, pero llevados a cabo por un cura de apellido Cristina que le pedía nombres y datos. «Te ponían preso y no había forma de defenderse, ni abogados se conseguían porque era peligroso para ellos. Estábamos en la absoluta indefensión», sostuvo Escobar, militante peronista en Bariloche y empleado municipal quien buscaba permanecer en su cargo de jefe de compras, que había logrado por concurso.
Describió situaciones violentas en la municipalidad de Bariloche, cuando los jefes militares de la escuela militar de Instrucción Andina ocuparon la comuna tras el golpe. Inclusive Escobar fue testigo de cómo los jefes militares le pusieron una pistola en la cabeza, lista para ser disparada, a Mónica Elvira, que era la jefa de personal. Elvira, que falleció y también es uno de los casos por los que se juzga este juicio, se exilió luego de que el personal de inteligencia la siguiera por todas partes y la señalara públicamente como subversiva.
Padeció secuestros y allanamientos, además de la cesantía en la comuna. Fue obligada a dejar otros trabajos a los que ingresó por concurso y regresó al país con el retorno de la democracia. El secuestro del matrimonio Appel de la Cruz – Dellard Cabezas El día que secuestraron a José Luis Appel de la Cruz en la plaza de Cipolletti, su esposa Carmen Dellard Cabezas llegó a la casa de Graciela y Víctor Herrero en una pensión ubicada en Don Bosco y Arenales y le contó cómo un grupo de civiles armados se lo había llevado.
Con lágrimas en los ojos, Carmen le dijo a su esposa Graciela que iría a hacer la denuncia en la comisaría de Cipolletti por el secuestro de José Luis o iría a ver al obispo Jaime De Nevares si no tenía respuestas, pero nunca volvió. En el bolso de la beba, la joven le dejó una dirección y teléfonos de su padre en Francia y contactos con sus familiares en Buenos Aires por si algo le ocurría. Herrero había conocido a Appel en Valdivia (Chile) cuando el joven era médico y él un obrero de la construcción becado en la Universidad Austral, donde también trabajaba.
Appel militaba en el MIR en la casa de estudios y Herrero integraba las filas del Frente Patriótico de Trabajadores, dijo, una de las ramas del MIR. Dijo que en la universidad se conocían de vista y que cuando se encontraron cruzando de Neuquén a Cipolletti, fue cuando Appel comenzó a visitarlo en la pensión los sábados, porque era el día que no trabajaba en la obra. Herrero había llegado a Cipolletti en busca de trabajo, con temor por las violencia del golpe en Chile.
Aquí supo que Appel cruzó en forma clandestina con su compañera, a Argentina. También supo que seguía activando políticamente, a pesar de que en Argentina ya se había producido el golpe de estado el 24 de marzo de 1976. Y dijo que Appel sentía que lo estaban siguiendo.
Es marxista, dijo el militar de Inteligencia Los dichos de Herrero enojaron visiblemente a uno de los ocho imputados en este juicio, Jorge Di Pasquale quien pretendió «debatir» con el testigo cuando ya había terminado. «Son todas exposiciones, nada de debate», cuestionó Di Pasquale, en el desarrollo del juicio en el que está imputado como partícipe del asesinato del matrimonio chileno. El presidente del tribunal, Alejandro Cabral, le permitió dos preguntas basada en aspectos de la causa y cuando Di Pasquale pretendió debatir con Herrero sobre el rol de Ernesto «Che» Guevara, por una frase que utilizó el testigo, el fiscal general, Miguel Angel Palazzani, se opuso a ese tipo de interrogatorio. «Palazzani es un marxista», acusó en tono descalificador el imputado. El juez le recordó al militar de inteligencia que estaba en un juicio donde el Estado a través de sus operadores buscaba respuestas en el debate de la causa. «Aquí no se juzgan ideologías», le aclaró.
Di Pasquale, que ya tiene varias condenas por torturas y homicidios cometidos en la región, recibió otra sentencia a perpetuidad del tribunal de La Plata esta semana, por cinco asesinatos y 18 hechos de torturas a personas en cautiverio. "Ella pensaba que la habían abandonado", dijo Víctor Herrero Rojas cuando describió aquel primer encuentro, 30 años después, con la joven que tuvo en sus brazos en 1.977, cuando su mamá fue a la comisaría a denunciar el secuestro de su compañero y nunca más se supo de ella. Así comenzó el abordaje de un caso de Plan Cóndor, la coordinación de las dictaduras de América Latina para la persecución política.
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