DT débil: Ubeda, el ayudante de Russo que ahora es el ayudante de Riquelme
El presidente de Boca los quiere así: sumisos, temerosos hasta de hablar y tomar decisiones. Con Sifón, claro, se le fue la mano...
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El presidente de Boca los quiere así: sumisos, temerosos hasta de hablar y tomar decisiones. Con Sifón, claro, se le fue la mano...
- Esta vez fue más de lo mismo, pero un poco peor tal vez, porque en el post empate frente a San Lorenzo el único insultado fue él
- El Sifón es así: expone sus debilidades sin filtros y ese es la génesis de un entrenador que no defiende nadie, porque nadie lo trajo...
- Claudio Ubeda se refirió al reproche de los hinchas tras el empate 1-1 entre Boca y San Lorenzo. @catasarra El trámite le pedía un Zenón para asociar juego, un Janson para desbordar. ¿Que no son gran cosa?
- El sistema Riquelme Ahora bien, Riquelme puede gesticular todo lo que quiera, pero el monstruo lo creó él
Claudio Ubedadecidió inmolarse a cielo abierto y fue él, solito, a ponerle el pecho a las puteadas que bajaban de las tribunas de la Bombonera, otra vez, por los cambios que hizo, y que no hizo, como aquella noche contra Racing, cuando el hincha de Boca le picó el boleto por haber sacado al único jugador que no podía sacar, el Chango Zeballos. Esta vez fue más de lo mismo, pero un poco peor tal vez, porque en el post empate frente a San Lorenzo el único insultado fue él. Cuando la reprobación se acallaba a medida que el DT se metía en el túnel del olvido, los jugadores que venían detrás, tal vez esperando lo peor, fueron aplaudidos.
El Sifón es así: expone sus debilidades sin filtros y ese es la génesis de un entrenador que no defiende nadie, porque nadie lo trajo, quedó ahí por default y porque le fue funcional a esta idea indefendible de Juan Román Riquelme de tener en un puesto clave a figuras frágiles, que piden permiso para hablar, que se les nota ese andar a tientas permanente, y que se juegan el cargo en cada partido. Así, no hay ciclo que perdure, ni que pueda construir la mística de un equipo campeón. Tan simple como eso.
La construcción de la debilidad La gente, claro, huele sangre y odia la debilidad. El entrenador de Boca tiene que ser de hierro y si no lo es está obligado a construir una fortaleza a su alrededor, porque es un lugar frío, solitario y despiadado, en el que no sobreviven los timoratos. Para colmo, Ubeda se sigue manejando como si fuera ayudante de campo.
En este caso, a falta de un entrenador principal desde la muerte de Miguel Russo, como si fuera el ayudante de Riquelme, que desde su palco despotrica con gestos ampulosos que a kilómetros denotan inconformidad. Video: Olé. Al Sifón no le da la talla para ser el DT de Boca, lo marca su carrera como head coach.
Y eso no es ningún demérito, simplemente parece seteado para ser una buena segunda guitarra. Y también lo marcan sus reacciones en caliente, cuando el partido le exige decisiones creativas, inteligentes y osadas, porque con valentía también se ganan algunas batallas que desde la lógica parecen perdidas. Decisiones que condenan Ubeda se reitera esta letanía para hacer cambios, muy a menudo se queda con cartas en la mano que podría utilizar, y abusa de los minutos de los titulares, que por la lógica del simple cansancio pierden ante rivales que pueden ser más rústicos pero que lo superan solamente con energía.
Contra San Lorenzo volvió a quedar preso del triple cinco, mantuvo la línea de cuatro pese a que el rival atacaba con medio delantero. Claudio Ubeda se refirió al reproche de los hinchas tras el empate 1-1 entre Boca y San Lorenzo. @catasarra El trámite le pedía un Zenón para asociar juego, un Janson para desbordar. ¿Que no son gran cosa?
Bueno, por algo un club como Boca los compró. También es tarea de técnico potenciarlos, darles confianza para quebrar la inercia del bajo rendimiento, y en eso también se quedó corto. Por eso, cuando en el minuto 92 puso a Zufiaurre para sacar a Bareiro, el hincha lo tomó como una afrenta y le picó el boleto por segunda vez.
El sistema Riquelme Ahora bien, Riquelme puede gesticular todo lo que quiera, pero el monstruo lo creó él. Le entregó el vestuario a Ubeda en alquiler, no sin antes dejarlo a la intemperie del armado del plantel, en cuanto a incorporaciones y salidas. Todo, mientras coqueteaba con otros entrenadores durante el receso por las Fiestas y no confirmaba la continuidad del sucesor de Russo.
Así, con esa fragilidad de origen, Ubeda agarró las riendas del equipo, con un apoyo inicial, aunque tibio, de los referentes que por ahora pareciera mantenerse. Entonces, es una renovación semana a semana, hasta que Riquelme se decida y haga lo que hizo con todos los antecesores del Sifón (a excepción de Almirón, que se fue solo): echarlos. Porque Ubeda, así como está, no se va a ir.
Atornillado al puesto, es su última esperanza de trascender. Esta chance le llegó de la manera más impensada, y a ella quedará aferrado hasta el final, por más que lo insulte la Boca entera. Es el peligro de los que no tienen más nada que perder.
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