Drones y algoritmos permiten bajar más del 50% del nitrógeno aplicado
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- Un reciente ensayo llevado adelante por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en su estación experimental de Reconquista, en la provincia de Santa Fe...
- La experiencia se desarrolló sobre un cultivo de girasol y tuvo como eje el uso combinado de drones, sensores multiespectrales y algoritmos para ajustar la fertilización en función de las necesidades reales de cada...
- Tecnología para decidir mejor El proceso comenzó con un relevamiento aéreo mediante drones equipados con sensores capaces de captar información en distintas longitudes de onda
- A partir de estas imágenes, los técnicos obtuvieron índices vegetativos como NDVI, GNDVI y NDRE, herramientas que permiten medir el vigor del cultivo y detectar diferencias dentro del lote
En un contexto donde cada insumo cuenta y la eficiencia productiva se vuelve determinante, la agricultura de precisión empieza a consolidarse como una herramienta clave en el manejo de los cultivos. Un reciente ensayo llevado adelante por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en su estación experimental de Reconquista, en la provincia de Santa Fe, mostró resultados contundentes: es posible reducir a más de la mitad el uso de nitrógeno sin resignar rendimiento. La experiencia se desarrolló sobre un cultivo de girasol y tuvo como eje el uso combinado de drones, sensores multiespectrales y algoritmos para ajustar la fertilización en función de las necesidades reales de cada sector del lote. El objetivo fue claro: dejar atrás el esquema tradicional de aplicación uniforme y avanzar hacia un manejo sitio-específico, capaz de interpretar la variabilidad del cultivo. Tecnología para decidir mejor El proceso comenzó con un relevamiento aéreo mediante drones equipados con sensores capaces de captar información en distintas longitudes de onda. A partir de estas imágenes, los técnicos obtuvieron índices vegetativos como NDVI, GNDVI y NDRE, herramientas que permiten medir el vigor del cultivo y detectar diferencias dentro del lote. Con esos datos, se generaron mapas detallados que reflejan la heterogeneidad del cultivo. Pero el verdadero salto se dio en la etapa de procesamiento: un algoritmo transformó esa información en recomendaciones concretas de fertilización, definiendo cuánta cantidad de nitrógeno debía aplicarse en cada ambiente. “Logramos reducir de manera significativa la cantidad de nitrógeno aplicado sin perder rendimiento”, explicó el investigador Gonzalo Scarpín, quien destacó que la clave estuvo en “darle a cada sector exactamente lo que necesita”. Esta lógica rompe con el paradigma tradicional de aplicar una misma dosis en toda la superficie, una práctica que muchas veces implica sobreutilización de insumos en algunas áreas y déficit en otras. El ensayo comparó tres estrategias: la fertilización variable basada en mapas, el manejo convencional de dosis fija y parcelas sin aplicación de nitrógeno. Los resultados fueron elocuentes. En los tratamientos ajustados con tecnología, la cantidad promedio de fertilizante utilizada fue considerablemente menor, en muchos casos por debajo del 50% respecto al esquema tradicional. A pesar de esta reducción, los rindes se mantuvieron en niveles competitivos, lo que permitió mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno. En términos productivos, esto significa obtener más grano por cada kilo de fertilizante aplicado, un indicador clave tanto desde el punto de vista económico como ambiental. Además del ahorro en costos, la estrategia tiene implicancias directas en la sustentabilidad del sistema agrícola. El uso excesivo de nitrógeno no solo impacta en los márgenes del productor, sino que también puede generar efectos negativos en el ambiente, como la contaminación de suelos y aguas. En este sentido, la posibilidad de ajustar las dosis con precisión representa un avance significativo. El trabajo también pone en evidencia el potencial de integrar distintas tecnologías en un mismo sistema de decisión. Drones, sensores, análisis de datos y algoritmos se combinan para transformar información en acciones concretas, acercando la producción agrícola a un modelo más inteligente y eficiente. Desde el equipo técnico destacaron que este tipo de herramientas no solo mejora la toma de decisiones, sino que también permite anticiparse a problemas y optimizar el uso de recursos en un contexto de alta variabilidad climática y económica. La experiencia del INTA Reconquista se suma a una tendencia creciente en el agro argentino, donde la digitalización y la agricultura de precisión ganan terreno como respuesta a los desafíos productivos actuales. En un escenario donde los costos se incrementan y los márgenes se ajustan, la tecnología aparece como una aliada estratégica. Así, el ensayo no solo demuestra que es posible producir de manera más eficiente, sino que también abre la puerta a una nueva forma de pensar la fertilización: más precisa, más sustentable y basada en datos. Un cambio de paradigma que, poco a poco, empieza a consolidarse en los campos argentinos.
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