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Dios hizo muy bien en llevarte

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Dios hizo muy bien en llevarte

Dios hizo muy bien en llevarte �Qu� r�pido pasa todo! Se nos fue el tiempo juntos en un respiro. Un a�o de duelo es la primera vez de d�as distintos. El celular deja de sonar, tu voz no se oye m�s. La Semana Santa no te tiene de consuelo. En las navidades est�s ausente. Nuestras risas desfachatadas vaya a saber ad�nde fueron a parar. Dios hizo muy bien en llevarte. Esa vida, con los achaques del cuerpo, no era para vos. Acepto la realidad, pero el dolor me atraviesa. Tambi�n Dios, s�lo �l, sabe por qu� nos acerc� de una vez y para siempre. Estoy agradecida as� a memoria alzada, te llevo grabado en mi coraz�n. Esos inolvidables gestos de santidad, caminar al lado de un santo es una experiencia del testimonio que se puede dejar. Milagroso. Verte bendecir con esa fuerza de pastor que cumpl�a deseos. La cantidad de chicos que trajiste al mundo. A los maridos les dec�as una y otra vez: "Ojo, porque Bergoglio las deja embarazadas a todas". Rezar juntos en Santa Marta con esa seguridad de que Dios nos escuchaba. Eso es la fe, creer en el otro. Sin complicaciones. Un amigo de ley. Incondicional. Cari�oso. Caminar de la mano con esa tibieza en�rgica que irradiabas. Ese calor a�n lo tengo atrapado. Los abrazos tan necesarios, sinceros, interminables. Las alegr�as del encuentro. Nuestros hombro a hombro en las procesiones. El compromiso con los pobres. Haberles devuelto la dignidad. Las c�rceles, los presos y decirme bajito: "Por qu� no estoy yo ah�". "Te pregunto, �qu� hago ac�?". El pacto: a pocos d�as de conocernos, fuimos a hablar en secreto a un lugar de la curia que estaba lejos de micr�fonos y o�dos indiscretos. Y le coment�: "Me pidieron que no te cuente algo que pas�". Se lo cont�. �l sab�a que lo estaban escuchando. "A partir de hoy -sentenci�- nosotros dos no nos vamos a ocultar nada". Extendi� la mano y cerramos un trato. A los dos d�as aparec� con dos radios a transistores enormes. Una la ubic� detr�s de �l con m�sica cl�sica, la otra la llev� a otro escritorio con tangos. En esa �poca, cuando los drones no exist�an, de este modo costaba interferir conversaciones. Siempre me daba las homil�as el d�a anterior a los Tedeum. Un presidente de cuyo nombre no quiero acordarme me acosaba por medio de sus colaboradores para que se la diera. Ten�a terror de lo que iba a decir el cardenal. No s�lo eso, en la puerta de mi casa hab�a un m�vil de la SIDE (Secretar�a de Inteligencia del Estado) montando guardia, esperando que yo saliera a llev�rsela. No me mov� de mi casa. As� estuvieron hasta la madrugada. Bergoglio sufri� much�simo. Soy testigo. Ten�a enemigos poderosos. Era jesuita. No les iba a ser f�cil con �l. Fue muy duro cuando cumpli� 75 a�os y present� su renuncia al papa Ratzinger. Este hombre de Dios hizo caso omiso. Los que estaban desesperados eran algunos obispos que ya se estaban probando el solideo de cardenal para ocupar su lugar. No falt� la traici�n de quienes eran de confianza de Bergoglio. Doloroso. Mi sufrimiento era silencioso, pero el compromiso una bandera. A partir de la renuncia de Benedicto, tuve la intuici�n de que iba a ser Papa. As� llegamos a Roma al c�nclave. Y fue elegido como el vicario de Cristo. Seguimos caminando juntos. Cubriendo todo su papado hasta la muerte. Esa misma madrugada del 21 de abril, cuando trascendi� la noticia, empec� a escribir una poes�a que era nuestro modo de comunicarnos tantas veces. Me ped�a que le copleara y le daba todos los gustos. Comparamos poemas. Recit�bamos el Mart�n Fierro. En eso and�bamos siempre. Hab�a una esquina por la cual nunca m�s pude pasar desde que se fue de Buenos Aires, que era la de la de Luis S�enz Pe�a y Avenida de Mayo, adonde lo esperaba en la boca del metro para ir peregrinando hasta la catedral los Viernes Santos. Saqu� fuerzas de donde no ten�a, pude volver y le hice la poes�a como a �l le gustaba. "Esquina de Bergoglio y Luis S�enz Pe�a. La procesi�n, la noche y las palmeras. Los faroles del tango alumbran la oraci�n. La custodia de pl�tanos acompa�an el comp�s de los pasos del jesuita, con las suelas gastadas. De tanto ir y venir, junto a las almas que a tu lado se liberan de penas, esperando el milagro. Las chispas de la estatua de Moreno iluminan las miradas asombradas de verte tan as�, cercano, santo, p�caro y sencillo. Las voces elevan la plegaria hasta llegar a Dios. Bienvenido el recuerdo que se acuna en las c�pulas de esas madres del cielo. La piedad popular, las velas encendidas, tus manos bendiciendo las frentes que piden sanaci�n. Las cuentas del rosario, calmando la agon�a, tristezas que solo la fe convierte en alegr�a. La Catedral te espera, abierta a la epopeya de este pueblo de Dios, que llora y espera la resurrecci�n".

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