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Crítica: ¡Behemoth! Una vida. En piezas

Pedro Pascal protagoniza una fascinante exploración del amor, la música, los vínculos familiares y las heridas emocionales que nos acompañan durante toda la vida The post Crítica: ¡Behemoth! Una vida. En piezas appeared first on Rolling Stone en Español .

22 de octubre de 2026Actualizado hace menos de un minuto9 min de lectura3 lecturasComentarios

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Crítica: ¡Behemoth! Una vida. En piezas
#música
Lo esencial

Pedro Pascal protagoniza una fascinante exploración del amor, la música, los vínculos familiares y las heridas emocionales que nos acompañan durante toda la vida The post Crítica: ¡Behemoth! Una vida. En piezas appeared first on Rolling Stone en Español .

  • Al igual que sucedió con Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu, Behemoth! ha recibido una buena cantidad de ataques por parte de la crítica especializada
  • Gilroy, responsable de Michael Clayton y El legado de Bourne, además de ser el creador de la extraordinaria serie Andor, regresa a la dirección cinematográfica después de catorce años
  • Desde una perspectiva psicoanalítica, Behemoth! (monstruo colosal en inglés) resulta particularmente interesante por la manera en que explora las relaciones de Alex con sus padres y su hermano Andy (Will Arnett)
  • Su padre, Peter (Hank Azaria), fue un reconocido compositor cinematográfico, mientras que su madre, Ginnie (JoBeth Williams), alcanzó prestigio como arpista

Al igual que sucedió con Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu, Behemoth! ha recibido una buena cantidad de ataques por parte de la crítica especializada. Se le acusa de ser dispersa, pretenciosa, confusa y emocionalmente distante. ¿Saben qué?

Es una buena película, siempre y cuando el espectador esté dispuesto a utilizar sus ojos y sus oídos para verla y escucharla. Tony Gilroy ha realizado una obra que exige prestar atención a sus imágenes, a sus personajes y, especialmente, a su música, porque buena parte de lo que quiere contarnos se encuentra precisamente en aquello que sus protagonistas son incapaces de expresar con palabras. Alex Serian (Pedro Pascal) es un virtuoso violonchelista que, después de casi dos décadas trabajando con prestigiosas orquestas, regresa a Los Ángeles para dedicarse a interpretar bandas sonoras cinematográficas.

Su vida ha estado marcada por el talento, los viajes, las relaciones sentimentales y una extraordinaria capacidad para escapar de cualquier compromiso duradero. Sin embargo, detrás de esa existencia aparentemente privilegiada se esconde un hombre que nunca ha terminado de comprender quién es, qué quiere y hasta qué punto sus decisiones han sido determinadas por las personas que lo rodearon durante su infancia. Gilroy, responsable de Michael Clayton y El legado de Bourne, además de ser el creador de la extraordinaria serie Andor, regresa a la dirección cinematográfica después de catorce años.

Su cine siempre ha mostrado interés por personajes falibles, contradictorios y moralmente complejos, seres humanos que intentan encontrar algún sentido a sus vidas mientras cargan con las consecuencias de sus decisiones. Alex pertenece a esa familia de personajes, aunque aquí el conflicto se desarrolla en un territorio mucho más íntimo, donde las grandes conspiraciones y los enfrentamientos políticos han sido reemplazados por los recuerdos, los afectos y las frustraciones familiares. Desde una perspectiva psicoanalítica, Behemoth! (monstruo colosal en inglés) resulta particularmente interesante por la manera en que explora las relaciones de Alex con sus padres y su hermano Andy (Will Arnett).

Su padre, Peter (Hank Azaria), fue un reconocido compositor cinematográfico, mientras que su madre, Ginnie (JoBeth Williams), alcanzó prestigio como arpista. Ambos construyeron un universo familiar donde el talento artístico parecía determinar el valor de las personas y donde los hijos crecieron bajo el peso de unas expectativas desmesuradas. Alex fue un niño prodigio que llegó a interpretar a Bach en el programa de Johnny Carson cuando apenas tenía seis años, mientras que Andy terminó alejándose de la música clásica para buscar su propio camino en el rock.

La relación entre los hermanos permite comprender dos respuestas diferentes ante una misma educación. Andy intentó romper con el legado paterno, aunque nunca consiguió escapar completamente de su influencia, mientras que Alex permaneció dentro del universo musical familiar, convirtiendo su virtuosismo en una forma de identidad y, posiblemente, en un mecanismo de defensa. La enfermedad de su madre y el recuerdo de su padre lo obligan a enfrentarse con una historia que durante años prefirió mantener a distancia.

Gilroy comprende que los conflictos familiares rara vez desaparecen con la edad y que muchas veces continuamos reproduciendo, sin advertirlo, las relaciones afectivas que aprendimos durante la infancia. Esa herencia emocional se manifiesta especialmente en las mujeres que atraviesan la vida de Alex. Carol (Olivia Wilde), una adinerada benefactora de la música clásica con quien mantiene una relación extramatrimonial representa una pasión posesiva y desbordada que termina convirtiéndose en una pesadilla.

Wilde interpreta al personaje con una energía casi operática, pasando del deseo a la furia con una intensidad que contrasta deliberadamente con la serenidad de Alex. Por su parte, Nadia (Eva Victor), una brillante violinista con quien el protagonista vivió una relación apasionada ocupa un lugar mucho más profundo en su memoria. Su presencia continúa acompañándolo incluso después de su muerte, como sucede con aquellos amores que permanecen abiertos porque nunca tuvieron la oportunidad de encontrar una conclusión.

Eva Victor, a quien recientemente descubrimos como una extraordinaria cineasta y actriz en Sorry, Baby, posee una presencia magnética y consigue que Nadia permanezca en nuestra memoria mucho después de abandonar la pantalla. Olivia Wilde, por su parte, comprende el carácter excesivo de Carol y se entrega a él sin reservas. Frente a estas mujeres impetuosas, Pedro Pascal construye a Alex desde la economía gestual, las miradas y los silencios.

Su personaje parece observar su propia existencia con una mezcla de perplejidad y resignación, como si hubiera aprendido a dominar las partituras más complejas sin conseguir descifrar sus propios sentimientos. La aparente pasividad que algunos críticos le reprochan constituye una parte esencial de su personalidad. Gilroy desarrolla estas relaciones mediante una estructura fragmentada que alterna recuerdos, acontecimientos presentes y anticipaciones.

Los saltos temporales reproducen el funcionamiento de una memoria que jamás obedece rigurosamente al calendario. Recordamos por asociaciones, por emociones, por sonidos que nos transportan de manera involuntaria hacia personas y situaciones que creíamos olvidadas. En ese sentido, la película encuentra una correspondencia particularmente ingeniosa entre su construcción narrativa y el lenguaje musical.

Una de sus propuestas más interesantes consiste en mostrarnos a Alex interpretando, junto con una orquesta, la banda sonora de una película titulada precisamente Behemoth!. La música que escuchamos durante esas sesiones de grabación termina convirtiéndose en el acompañamiento de la propia película que estamos viendo, estableciendo un juego entre la música que pertenece al universo de los personajes y aquella que organiza nuestra experiencia como espectadores. De esta manera, las composiciones orquestan los recuerdos, los encuentros y los desplazamientos temporales, como si la vida de Alex estuviera siendo musicalizada mientras transcurre ante nuestros ojos.

El recurso posee una dimensión metacinematográfica fascinante porque nos recuerda hasta qué punto la música determina nuestra percepción de las imágenes. Una misma situación puede convertirse en una escena romántica, una secuencia de suspenso o un episodio cómico dependiendo de la composición que la acompañe. Gilroy aprovecha esta posibilidad para jugar con los géneros y las expectativas del público, incluso permitiéndose una delirante secuencia de persecución que involucra a unos perros corgi.

La banda sonora, creada por nueve compositores reunidos bajo el nombre de The Behemoth! Collective, entre ellos Michael Giacchino, James Newton Howard y Alan Silvestri, se convierte así en un elemento narrativo fundamental. También merece destacarse el cuidado con el que se representa el trabajo de los músicos profesionales.

Pascal aprendió a tocar el violonchelo para interpretar a Alex, y ese esfuerzo se refleja en la credibilidad de sus movimientos y en su relación física con el instrumento. Las escenas de grabación poseen una energía extraordinaria y permiten observar la precisión, la disciplina y las tensiones que acompañan la creación de una banda sonora. Gilroy demuestra un profundo amor por la música cinematográfica y por esos artistas cuyo trabajo resulta indispensable para el cine, aunque sus nombres rara vez reciban la atención que merecen.

Sin embargo, el aspecto más conmovedor de Behemoth! aparece cuando Alex comienza a relacionarse con una nueva generación de músicos. Su vínculo con Bronte (Kaya Ralls), una joven violonchelista a quien ayuda a preparar una audición revela una faceta más generosa del personaje. Pero es su interés por Viviana (Alexa Swinton), la prodigiosa hija adolescente de Nadia, el que termina otorgándole a la historia una nueva dimensión emocional.

La posibilidad de que exista un vínculo de paternidad entre ambos despierta preguntas que van mucho más allá de la biología y que tienen que ver con la responsabilidad, la transmisión del conocimiento y la necesidad de establecer relaciones diferentes de aquellas que marcaron nuestra infancia. Swinton resulta magnífica como una adolescente que comprende la música desde una sensibilidad distinta a la de las generaciones anteriores, moviéndose entre la composición clásica y las nuevas expresiones sonoras. Su encuentro con Alex plantea una reflexión sobre el futuro del arte y sobre la manera en que cada generación recibe, transforma y eventualmente cuestiona el legado de quienes la precedieron.

Es aquí donde la película alcanza sus momentos más hermosos, cuando el protagonista comienza a descubrir que su experiencia y su talento pueden adquirir un sentido diferente al ponerse al servicio de alguien más. Behemoth! tiene algunas irregularidades. Ciertos personajes secundarios aparecen y desaparecen sin alcanzar todo su potencial, algunas transiciones temporales podrían ser más claras y el desarrollo de los conflictos familiares deja preguntas sin resolver.

Sin embargo, esa construcción fragmentaria también responde a la naturaleza de una historia protagonizada por un hombre que intenta reconstruirse a partir de recuerdos dispersos. Gilroy confía en la inteligencia del espectador y le concede el espacio necesario para interpretar los comportamientos de sus personajes, comprender sus contradicciones y establecer conexiones entre acontecimientos separados por varios años. En una época en la que tantas producciones parecen obsesionadas con explicarlo todo, resulta estimulante encontrarse con un cineasta dispuesto a permitir que sus personajes respiren, se equivoquen y permanezcan parcialmente misteriosos.

Tony Gilroy ha realizado una película sobre un hombre enamorado del arte, sobre las mujeres que han marcado su existencia y sobre la influencia que nuestros padres ejercen en nuestra manera de amar. También ha construido una hermosa reflexión acerca del encuentro entre generaciones y de la posibilidad de transformar una herencia emocional dolorosa en algo valioso para quienes vienen detrás. Quizás por eso su música resulta tan importante.

Una composición adquiere sentido gracias a la relación entre sus diferentes movimientos, incluso cuando algunos parecen contradecir a los demás. Algo semejante sucede con nuestras vidas, construidas a partir de encuentros, pérdidas, errores y descubrimientos que solamente conseguimos comprender cuando aprendemos a escucharlos en conjunto. Behemoth! nos invita a realizar ese ejercicio y nos recuerda que, por extraordinario que sea nuestro talento, siempre habrá aspectos de nuestra propia existencia que tendremos que aprender a interpretar.

Fuente: Rolling Stone AR|Fuente primaria|Editado por Tempranísimo IA

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