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Callarse la boca: The Radio Dept. y los 20 años de Pet Grief

Suecia tiene una tradición larga de meter tristeza dentro de canciones que no lo parecen. ABBA lo hizo, Robyn lo perfeccionó: música para bailar llorando. En 2006, el indie sueco estaba en un gran momento: The Knife acababa de sacar Silent Shout, Loney, Dear publicaba Loney, Noir, Air France empezaba a circular desde Gotemburgo y [...]

21 de abril de 2026Actualizado hace menos de un minuto11 min de lectura2 lecturasComentarios

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Callarse la boca: The Radio Dept. y los 20 años de Pet Grief
#boca#música
Lo esencial

Suecia tiene una tradición larga de meter tristeza dentro de canciones que no lo parecen. ABBA lo hizo, Robyn lo perfeccionó: música para bailar llorando. En 2006, el indie sueco estaba en un gran momento: The Knife acababa de sacar Silent Shout, Loney, Dear publicaba Loney, Noir, Air France empezaba a circular desde Gotemburgo y [...]

  • En 2006, el indie sueco estaba en un gran momento: The Knife acababa de sacar Silent Shout, Loney, Dear publicaba Loney, Noir...
  • The Radio Dept. venían de Lesser Matters (2003), un debut que les había valido el P3 Guld (el premio de la radio pública sueca)...
  • Después vinieron "The New Improved Hypocrisy" (2010, publicada días antes de las elecciones), “Death to Fascism” (muerte al fascismo, 2014) y “Swedish Guns” (armas suecas, 2017)
  • En 2020, la banda reeditó Pet Grief en vinilo a través de Just So!, el sello propio que fundaron después de separarse de Labrador. 140 gramos, gatefold, remasterizado

Suecia tiene una tradición larga de meter tristeza dentro de canciones que no lo parecen. ABBA lo hizo, Robyn lo perfeccionó: música para bailar llorando. En 2006, el indie sueco estaba en un gran momento: The Knife acababa de sacar Silent Shout, Loney, Dear publicaba Loney, Noir, Air France empezaba a circular desde Gotemburgo y el silbido de "Young Folks" de Peter Bjorn and John estaba por dominar el mundo.

The Radio Dept. venían de Lesser Matters (2003), un debut que les había valido el P3 Guld (el premio de la radio pública sueca); los tres singles que XL sacó del debut fueron elegidos single de la semana en NME y llamaron la atención de Sofia Coppola. Todo indicaba que iban a crecer. En 2006 sacaron su segundo disco como si no quisieran que nadie se enterara.

En esos años la música circulaba de otra manera: una carpeta en Soulseek con las canciones desordenadas, un blog recóndito, un post en un foro aún más subterráneo. Un boca a boca digital, lento, sin algoritmo. A cierta distancia de todo El segundo disco de la banda salió el 12 de abril de 2006.

Lo hicieron entre tres: Johan Duncanson, Martin Larsson y Daniel Tjäder, repartidos entre Björnstorp, Malmö y Gubbängen. Seiscientos kilómetros separan Malmö de Estocolmo, y las canciones hicieron ese viaje varias veces, de una casa a otra, de una computadora a otra. No había estudio.

Larsson tocaba guitarras, teclados y bajo. Tjäder, teclados. Duncanson, guitarras, teclados y voz.

La batería es una caja de ritmos, no hay baterista. El disco se llama Pet Grief y sale sin gira, sin campaña, casi sin ruido. A Duncanson nunca le importó demasiado cuánta gente los escuchara, y se nota.

La foto de tapa la sacó su padre, Alan Duncanson, en un parque de Galashiels, Escocia, durante unas vacaciones familiares en 1984. Johan tenía cinco años. El álbum nace, en parte, de un rechazo.

En 2005, el productor Brian Reitzell viajó a Estocolmo porque quería que la banda escribiera canciones nuevas para María Antonieta de Sofia Coppola. Les mandó un fanzine con imágenes de Francia para inspirarlos. Trabajaron, mandaron material.

Coppola escuchó todo y al final prefirió lo que ya tenían: “Pulling Our Weight”, “I Don’t Like It Like This” y “Keen On Boys” quedaron en la película. Lo nuevo quedó afuera. Pero la distancia con Coppola no fue solo eso.

En una entrevista, Duncanson dijo que les daba miedo quedar para siempre como “la banda de Coppola”. Eran un grupo chico y esa etiqueta podía tragarse todo lo demás. Esas canciones rechazadas para una película sobre "L'Ancien Régime" se convirtieron en Pet Grief.

Duncanson tenía reservas acerca del mismo: demasiado calmo de punta a punta. De las giras dijo algo peor: que se aburrió, que terminó tocando temas viejos en lugar de los nuevos. Se puede estar de acuerdo o no.

Lo que sí se puede decir es que Pet Grief no busca sorprenderte. No te sacude ni te cambia el ánimo. Se queda donde está y te espera ahí.

Si estás dispuesto a escucharlo en esos términos, el disco te devuelve mucho más de lo que pide. El límite de lo compartido Empieza sin palabras. El primer tema se llama “It’s Personal” y el título ya avisa: lo que viene es privado.

La caja de ritmos marca un pulso mecánico que no va a soltar en todo el disco. Cuando llega la canción que le da título al álbum, la letra pone las cosas en su lugar. Alguien sufre por algo que nadie alrededor reconoce como pérdida: un pet grief, un duelo privado, de esos que no tienen nombre ni permiso.

Duncanson canta que nunca vio a esa persona tan triste, y lo único que encuentra para ofrecer es callarse la boca. Pero callarse tampoco funciona: la canción lo dice claro, es una trampa doble, no puede ganar. Si hablás, decís algo equivocado.

Si te callás, fallás igual. El disco tiene un solo momento donde todo suena lleno, denso, como si hubiera encontrado un cuerpo: “A Window”, la única canción donde Per Blomgren toca una batería real. Y sin embargo ahí Duncanson canta que no quiere hacer ruido, que no quiere gritar.

La canción más física del disco es la que pide menos atención. Más adelante, en “I Wanted You To Feel The Same”, Duncanson confiesa que cuando él sufría quería que el otro también sufriera. No por venganza.

Por la necesidad desesperada de que al menos entienda de qué le estás hablando. Después llega “The Worst Taste In Music” como un respiro: lo que salva de una separación no es la dignidad ni el amor propio, es saber que el ex tiene pésimo gusto musical. Hay una canción que recompensa especialmente la escucha. “What Will Give?” abre con una línea de "Invictus", el poema que W.E.

Henley escribió en 1875 en un hospital de Edimburgo mientras se recuperaba de la tuberculosis que le había costado una pierna. A los veinte segundos entra Jandek. Jandek es Sterling Smith, un músico de Houston que desde 1978 publica discos de folk atonal a través de Corwood Industries.

Durante veintiséis años existió solo como obra: casi sin entrevistas, sin shows (hay dos documentales que valen la pena: Jandek on Corwood y I Know You Well). En octubre de 2004 apareció sin aviso en el festival Instal de Glasgow y tocó en vivo por primera vez. Duncanson canta en “What Will Give?” que quiere esconderse, como Jandek antes de tocar en vivo.

El deseo de existir solo como obra, sin poner el cuerpo. “Sleeping In” arranca despojada. La voz entra como si le costara. Hay algo que cualquiera que haya querido quedarse en la cama reconoce: no el cansancio del cuerpo sino el otro, el que no tiene que ver con haber dormido poco.

El que te hace mirar el techo y negociar con vos mismo cinco minutos más, diez más, hasta que los minutos dejan de importar. No es que no puedas levantarte. Es que no encontrás una razón suficiente para hacerlo.

Duncanson canta sobre negarse a estar vivo y lo llama “compromiso” y “gracia”. Lo que hace la letra es tomar un malestar que se suele tratar como problema privado y darle la forma de algo casi sagrado. No un déficit ni una falla: un acto de gracia.

Y al final, cuando la canción parece terminada, se escuchan trenes. Y hay una pandereta que entra fuera de tempo (o en un tempo propio) contra el pulso mecánico de la caja de ritmos. Justo donde esperás que el golpe caiga, no cae.

Cae en otro lugar. “Always A Relief” cierra todo. Duncanson canta que siempre es un alivio verte de nuevo, pero enseguida agrega que el otro no cambia, que siempre se queja, que odian cosas distintas. Suena positivo.

En dos líneas lo desmiente. Una relación que sigue no porque funcione sino porque la alternativa es peor. El tipo de dolor que no tiene fecha de vencimiento, que se queda como ruido de fondo hasta que un día dejás de notarlo.

Todo lo que no se dice entre dos personas que ya dijeron demasiado. El disco que empezó sin palabras termina sin resolución. No hay cierre.

Hay costumbre. Todo nuestro, nada nuestro La historia de Pet Grief no termina en las canciones. Labrador Records, el sello que publicó el disco, lo fundó Bengt Rahm en Malmö en 1997-1998.

Johan Angergård, de Acid House Kings y Club 8, terminó como responsable principal. En 2002, cuando The Radio Dept. firmaron con Labrador, el contrato tenía dos páginas. Martin recuerda que lo leyeron pero no entendieron lo que significaba.

Duncanson lo resumió en una frase en un reportaje de Sveriges Radio: “Era como la escena de Wayne’s World en que Wayne lee un contrato. Solo dijimos ‘sí, se ve bien’. No contratamos un abogado.

Recuerdo que esa noche estábamos un poco borrachos.” El contrato original era 30% para la banda, 70% para el sello. Después de que XL Recordings, el sello de Radiohead y Adele, quisiera ficharlos para tres discos más, negociaron un 50/50 con Labrador. La condición: firmar un acuerdo de publishing.

No recibieron adelanto. No entendieron el alcance. Años después descubrirían que ese contrato les cedía los derechos de sus canciones de por vida más setenta y cinco años.

Ola Borgström, ingeniero de mastering, fue quien les señaló que tampoco eran dueños de sus masters. Habían financiado las grabaciones ellos mismos, pero el contrato decía que en el momento en que existía una grabación terminada, Labrador la poseía. Martin lo comparó con construir una casa, pagar cada ladrillo y después tener que alquilarla porque otro era el dueño.

La demanda llegó en 2011. La perdieron. Antes de la apelación, en 2014-2015, llegaron a un acuerdo: recuperaron su catálogo pero tuvieron que pagar los costos legales y entregar un último disco.

Alrededor de 2011-2012 tenían un álbum casi terminado que les encantaba. Decidieron no dárselo. Era demasiado bueno.

Callarse la boca tiene consecuencias y, a veces, a las mismas las pagás setenta y cinco años. Cuando lo privado deja de alcanzar Pet Grief no es un disco político. Doce canciones sobre duelos privados, relaciones que no funcionan y la dificultad de quedarse al lado de alguien sin decir algo equivocado.

Nada sobre Suecia, nada sobre un partido, nada sobre lo que se venía. Pero salió cinco meses antes de que el país cambiara de rumbo. En septiembre de 2006, Fredrik Reinfeldt ganó las elecciones y terminó con doce años de gobierno socialdemócrata.

Había rebautizado a su partido como los “Nuevos Moderados”: la promesa era no desmantelar el estado de bienestar sino hacerlo “más eficiente”. En la práctica, empezaron los recortes, las privatizaciones y el debilitamiento de la red social que había definido a Suecia durante décadas. En esa misma elección, Demócratas de Suecia, el partido de ultraderecha, sacó un 2,9%.

Casi nadie les prestó atención. Veinte años después son la segunda fuerza política del país. Cuando un país empieza a desmantelar lo colectivo y a decirte que tu malestar es problema tuyo, un disco sobre no querer levantarse de la cama deja de ser solo un disco triste.

Pet Grief no nombra una sola vez la palabra Suecia, pero dice mucho sobre cómo se sentía vivir ahí en ese momento. Dos años después de Pet Grief, en junio de 2008, la banda publicó Freddie and the Trojan Horse, un EP dirigido al propio Reinfeldt. En una entrevista con Stomp and Stammer, Duncanson contó que el Partido Moderado ganó las elecciones haciéndose pasar por un partido de trabajadores, cosa que no son, y que eso le provocó escribir la letra.

Después vinieron "The New Improved Hypocrisy" (2010, publicada días antes de las elecciones), “Death to Fascism” (muerte al fascismo, 2014) y “Swedish Guns” (armas suecas, 2017). También siguieron comunicados, remeras, y no solo canciones: manifiestos que nombran al fascismo sin rodeos. En menos de una década, la banda que hizo un disco sobre callarse la boca se convirtió en una de las voces antifascistas más comprometidas del indie.

Es difícil no preguntarse qué cambió. Si Pet Grief fue el último disco antes de que la realidad política se volviera imposible de ignorar, o si esa fragilidad que tiene ya era una respuesta a algo que se sentía en el aire pero todavía no tenía nombre. Duncanson en Time Out Seoul comentó: “Cuando tenías ganas de escribir sobre otras cosas, la lapicera no quería hacerlo".

En 2020, la banda reeditó Pet Grief en vinilo a través de Just So!, el sello propio que fundaron después de separarse de Labrador. 140 gramos, gatefold, remasterizado. Rate Your Music lo ubica entre los cien mejores discos de 2006. No en los primeros puestos, no en los más visibles: en esa zona del ranking donde están los discos que nadie coronó y nadie olvidó.

Pet Grief no necesitó más que eso. Encontró su audiencia de a poco, sin campaña, sin momento viral. De a uno.

Veinte años después, con el ruido del mundo en niveles que ese año no podía anticipar, “I’ll shut my mouth for you” suena como algo más concreto. Algo que se parece menos a una canción y más a una forma de estar al lado de alguien. No analizar.

No responder. No explicar lo que no te pidieron que expliques. Callarse la boca y quedarse al lado.

A veces eso es todo lo que se puede hacer.

Fuente: Indie Hoy|Fuente primaria|Editado por Tempranísimo IA

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