Brasil, la política es el arte de lo posible
La elección en Brasil colocó a Lula otra vez en la presidencia pero es la política la gran ganadora. Por qué.
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La elección en Brasil colocó a Lula otra vez en la presidencia pero es la política la gran ganadora. Por qué.
- La política es el arte de lo posible, dice una de sus reglas de oro
- Lula en Brasil, en su versión 2026, la ratificó
- Lula Es evidente que si hay política también hay políticos: y la calidad de los actuales hace más razonable los reclamos contra este "arte de lo imposible"
- Un rival que pudo ganarle en primera vuelta por 2 puntos y que también perdió la elección importante por 3,5 puntos (Lula remontó asombrosamente esos porcentuales)
Lula logró este domingo casi lo imposible al transformarse en el nuevo pero viejo presidente de Brasil, en una definición de suspenso que revirtió derrota en primera vuelta en una campaña para caso de estudio. La política es el arte de lo posible, dice una de sus reglas de oro. Lula en Brasil, en su versión 2026, la ratificó.
En estos días la política suele ser atacada y en varios casos con razón. Son amplios sectores los que han dejado de creer en ella como vía al progreso. Lula Es evidente que si hay política también hay políticos: y la calidad de los actuales hace más razonable los reclamos contra este "arte de lo imposible".
Lula en su nuevo triunfo para ocupar la presidencia de Brasil ha reforzado el estirpe, el temple y la potencia del "ser" político. Es posible que en este triunfo muy inesperado, demasiado ilógico, fuera de los cálculos y la casuística, sea la política la que haya triunfado de modo contundente. Flota todavía en esa atmósfera que hoy atrapa a Brasil la mano de la Gran Política.
Es justamente una novedad en un panorama de políticos pequeños, apurados, desapasionados, arribistas, endebles, sin consistencia en ideas y menos en acciones. Para Lula fue una ventaja hacer política frente a un Bolsonaro que descree de la política. Confrontó con el arquetipo de un hombre de derechas más del siglo XX que del XXI.
Un rival que pudo ganarle en primera vuelta por 2 puntos y que también perdió la elección importante por 3,5 puntos (Lula remontó asombrosamente esos porcentuales). Ganó la política en Brasil. Y no hay en esta aseveración ninguna clase de apoyo o descrédito hacia los contendientes.
Sencillamente en Brasil se impuso la política. Y en esas luchas tienen las de ganar los que creen en su poder transformador. Se imponen en mejor condición a los que apenas buscan en la política explotar sus límites o adaptarlos según la conveniencia.
Los estados más poderosos de Brasil en su aparato productivo serán gobernados por hombres de la familia Bolsonaro. Es una liga de gobernadores con mucho peso en las decisiones politicas del Ejecutivo. Habrá allí, sí o sí, diálogo, acuerdos.
Ninguno es tan suicida para inmolarse con posiciones extremas. La situación económica dista de ser holgada. El Legislativo también estará dominado por la oposición.
No por Bolsonaro estrictamente, pese a que la mayoría de legisladores provienen de ese cuño. Flávio Bolsonaro Es que hay electos una gran constelación de diputados y senadores de otros partidos. Juntos son una gran fuerza para nada independiente.
Y es muy decisiva para las elecciones venideras en ambas cámaras, que serán reñidas, voto a voto. Habrá que esperar al reacomodamiento de ellos en torno a la figura planetaria de Lula, de aquí en más (el acto de reasunción es el 1 de enero de 2027). En cuanto al Poder Judicial y por lo antes mencionado no es de esperar nombramientos amables para el Ejecutivo.
Mejor dicho, con esta correlación de fuerzas, habrá tantos amables como desamables a Lula. Y aún así, el futuro parece más equilibrado que los escandalosos tribunales de sesgo oficialista, más escribanías de gobierno que ámbitos donde se imparte justicia. Este futuro de los tres poderes indispensables de la democracia ha sido respaldado por los brasileros.
Hoy se trata de otro país que sigue la lógica fabricada del "amigo-enemigo". Una narrativa cómoda para estos tiempos tan instantáneos. Fue una elección (en todos los tramos de la campaña) en la que Lula volvió a la política, a sus raíces, a su espíritu y a las posibilidades místicas de hacer, de lo imposible, lo posible.
Ganadores y perdedores Jair Bolsonaro es el gran derrotado. Y su momento más amargo. Seguirá preso, como bien lo ha demostrado la justicia en un fallo sin premeditaciones.
Su experimento político, Flávio, resultó tan endeble como siempre. Trump es el otro que dormirá con nuevas preocupaciones. El presidente norteamericano le asignó a esta elección un carácter fundamental.
Se refería más a su futuro político que a la relación entre ambos países. El mandatario argentino Javier Milei deberá recurrir a nuevos trucos en su galera. Y repensar con mayor contundencia su política exterior, la que requiere de un pensamiento más sofisticado que lo hecho hasta ahora.
Para el resto de su mandato tendrá a Lula como colega. Y de Milei dependerá en buena parte solucionar problemas, por ahora, de carácter diplomático, entre ambos socios comerciales. Veremos de qué está hecho el presidente hoy en la Casa Rosada.
El kirchnerismo es también perdedor. Atado a un destino ajeno, a una construcción que ni de cerca fue parecida a su experiencia en Argentina, el pensamiento mágico los invita a creer que el de Lula es también su triunfo. Quizá el kirchnerismo persista en su soberbia, en su amañada versión de los hechos, en un ensueño que fue pesadilla para las grandes mayorías en sus distintos gobiernos.
Es casi como el Club del Vinilo de la política celebrando el lanzamiento de un nuevo longplay en Japón. El gran ganador, en cambio, y quizá es lo único que me importa destacar, es una ciencia. Hablo de ella, una vieja mimada, una tan antigua como moderna seductora: la Gran Política.
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