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Borges, el palabrista

Esteban Peicovich fue uno de los periodistas que más pudo conocer a Jorge Luis Borges y antes de la ceguera. Qué pasó entre ellos después. La historia que los une: "Fui un adicto entusiasta y un lazarillo de ocasión". La anécdota del día que lo llevó en brazos, "como a un niño".

4 de julio de 2026Actualizado hace menos de un minuto8 min de lectura4 lecturasComentarios

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Borges, el palabrista

Borges, el palabrista Esteban Peicovich fue uno de los periodistas que m�s pudo conocer a Jorge Luis Borges y antes de la ceguera. Qu� pas� entre ellos despu�s. La historia que los une: "Fui un adicto entusiasta y un lazarillo de ocasi�n".

La an�cdota del d�a que lo llev� en brazos, "como a un ni�o". Por Hugo Ferrer Esteban Peicovich fue uno de los m�s grandes periodistas de la prensa gr�fica. Con una capacidad �nica para describir, hablar con letras y enriquecer cada frase.

De sus poros brotaban cultura, barrio, tabl�n, alfombra roja y olfato popular. Compartimos muchos a�os en la revista GENTE, de Editorial Atl�ntida, cuando �l "oficiaba" de corresponsal en Madrid (de Per�n, Serrat, Domingu�n, Isabelita, Paquirri, Miguel Boyer, Julio Iglesias, y los Reyes de Espa�a hasta a Diego Maradona). Hizo a todos y de todos.

Odios y amores, textos apasionantes que llegaban en may�sculas a la m�quina del T�lex. Los mejores, cuando no ten�a que entrevistarlos. Y cuando pudo, repercusi�n nacional e internacional.

En su regreso a la Argentina, a fines de los �90 hizo radio, tev� (y record� cuando participaba como panelista en el programa de Blackie, Derecho a r�plica) y sigui� con su pasi�n por los textos como columnista en los diarios La Naci�n y Perfil. Una noche su coraz�n casi dijo basta. Lo �nico que recordaba era el tel�fono de la casa de Osvaldo Ricardo Orcasitas (O.R.O, para los memoriosos lectores), Jefe de Redacci�n de El Gr�fico.

Llamado certero. Lleg� la ambulancia. Internaci�n.

La pudo contar. Y dej� una frase tremenda sobre su historia de "vida" y de "muerte". Relat� c�mo fue su viaje en ambulancia al Hospital Fern�ndez. "Ah� comprend� que cuando suenan las sirenas es de verdad, no es que siempre las ponen para ir a buscar pizzas.

Yo iba en esa ambulancia pidiendo vivir, quer�a seguir viviendo". Su programa en las radios Ciudad y Nacional se llamaba Los palabristas. M�s de 1500 reportajes. "Destilaba" cultura.

El nombre, un homenaje a Jorge Luis Borges. A continuaci�n, la reproducci�n de una de sus columnas m�s recordadas, publicada en el diario Perfil, el 22 de junio de 2016, donde expres� lo que vivi� y c�mo fue su relaci�n con Borges. Este 14 de junio, a 40 a�os de su muerte, el mejor recuerdo.

Peicovich muri� a los 88 a�os el 28 de junio de 2018, 32 a�os despu�s. Borges, el palabrista Por Esteban Peicovich Conoc� a Borges cuando �l ten�a 56 a�os (y yo 26). Mi pueblo (Berisso) me encomend� invitarlo a dar una charla.

Abrumado por lo que sent�a "tama�a" misi�n llegu� a la calle M�xico donde �l dirig�a la Biblioteca Nacional y solicit� verlo. Me escuch� y sin �nimo de broma, dud�: -�Berisso? �Ese pueblo existe? Ofrec� pruebas verbales y acept�.

Fue un s�bado glorioso aquel de septiembre de 1956 en que lo esper� en La Plata. Borges todav�a ve�a y descendi� �gil del tren. Tra�a del brazo un junco de altos remos: a Cecilia Ingenieros, bailarina (un preboceto de Pina Bausch) que lo asist�a como amante o secretaria o chaperona o lo que fuera.

Ambos re�an jugando con frases cr�pticas que a m� (muy verde a�n) me sonaban a s�nscrito. Me toc� presentarlo (primera vez que me expon�a en p�blico) y lo pas� canutas. Mi timidez se puso densa: perd� el papel, derrap�, y tras titubear con sus datos biogr�ficos escap� de ese pat�bulo con un: -... y con ustedes, ...

Borges ... Borges ... En este tartamudeo me paralic�.

Fue un medio minuto sin zafar de estos puntos suspensivos hasta que alg�n dios del habla me tir� una cuerda y expuls� un exabrupto -...y con ustedes Borges... �el palabrista! Fue as� como debut� con Borges al que trat� luego como cronista y lector. Pero �qu� es "tratar" a un genio?

Despejo equ�vocos. Ni fui su amigo ni experto en su obra. S�lo un adicto entusiasta y un lazarillo de ocasi�n.

Un esp�a en sus viajes y un ladr�n confeso de su oralidad. Una buena suerte profesional me llev� a compartir vivencias �nicas: seguir sus pasos en Marrakech, llevarlo en brazos en Machu Picchu, acomodarlo ante la gatera de un mingitorio en Madrid o desactivar su pudor hasta conseguir la lista original de sus pecados. Aquella vieja noche de Berisso habl� sobre Almafuerte.

Tras m�gicos volatines y met�foras nos engatus� con un ox�moron: que Almafuerte era el Whitman argentino. Imberbes para un juicio cr�tico de peso, la comparaci�n nos pareci� abultada pero no ten�amos con qu� darle. Si lo dec�a Borges deb�a ser as�.

Sus fabulaciones eran m�s ciertas que su verdad. Lo volv� a ver (sin que me reconociera) una noche de 1958 en que como reportero de Clar�n sal� raudo hacia Ezeiza: despu�s de meses de dar clases en Texas, Borges volv�a al pa�s. La palabra Borges ya sonaba en el mundo.

Se ven�a la hora de cierre y por fin lo vimos asomar cansado, y lo peor, dispuesto a no atender a la prensa. Por fin se detuvo y alguien solt� un: -�Cu�l es la an�cdota m�s curiosa que trae de Texas, se�or Borges...? Se espabil� un poco y casi musitando, desliz�... -Sus leyendas, historias de gente muy valiente, como la historia del cowboy...

Y lo dej� all�, en curiosa pausa. Se iba el tiempo y no aparec�a una nota a transmitir. Venir de Texas y hablarnos de un cowboy era como volver de Chascom�s y hablarnos de un lechero.

Pero de pronto sali�ndose de su propia galera Borges extrajo un conejo extraordinario: -...la historia del cowboy... negro. Ahora, s�. En ese adjetivo aparec�a el sorprendente Borges y aprontamos birome y o�do.

Nos cont� entonces el caso de singular templanza de un cowboy que por sus fechor�as iba a ser ajusticiado un amanecer. Que llegada la hora, ya con el cordel en el cuello, el sheriff le anunci� que por costumbre del condado antes de ser ahorcado ten�a derecho a decir unas palabras. Aqu� Borges tosi�, hizo una pausa (literaria, seguro) y remat�: -Y el cowboy negro le respondi�: "Yo no he venido aqu� a hablar sino a morir".

Ahora s� sab�amos que hab�a vuelto Borges y ten�amos miga para colorear la nota del regreso. El cowboy pod�a ser real o imaginario. No importaba.

De haber sido blanco pasar�a por gesto altanero del h�roe. Que fuese negro lo convert�a en borgiano y literario para siempre. �Acaso alguien hab�a visto por entonces valorizar a un negro en un western? En 1978 cubr� el viaje de los reyes de Espa�a que rumbo a Buenos Aires hicieron escala en Per�.

Ambos mostraron inter�s puntual por visitar las ruinas de Machu Picchu, y las pistas de Nazca (s�lo Sof�a). Pero ni bien aterrizado en Lima un rey de mayor rango motiv� que abandonara a los Borbones: all� estaba el mism�simo Borges con Mar�a (Kodama) alist�ndose para viajar al d�a siguiente al santuario a la misma hora que los reyes. Eleg� entonces viajar con un rey verdadero.

Nos embarcamos con Borges y Mar�a en el trencito angosto que parte de Cuzco y en cinco horas de mucho calor arribamos al pie de la explanada. Borges (79 a�os) lleg� muy mal. Boqueaba p�lido y ni vasos de la Inca Cola (sic) ni el t� de coca consegu�an reponerlo del mal de altura.

Deb� atender la emergencia llev�ndolo en brazos, como a un ni�o, hasta el micro que asciende en espiral hasta el hotel internacional situado frente al santuario. Llegado al lobby y mientras Mar�a inquieta ped�a un m�dico dej� a un Borges mudo e inm�vil sobre un sill�n de la sala. Un grupo de turistas alemanes se interes� por el estado del anciano y al decirles que se trataba de un escritor argentino y escuchar dos de ellos el nombre, pegaron un grito, alertaron al resto y en un minuto el ex�nime Borges en camisa y tendido qued� bajo los flashes de una docena de Leikas invasivas.

Fue una estampa tan bizarra que cada vez que la recuerdo me remite, por la similitud de la posici�n de los cuerpos en la escena, a La lecci�n de anatom�a, de Rembrandt. Como �stas, son muchas las an�cdotas borgianas que pulsan este mes en mi memoria y en la de todos los lectores que habitan la fant�stica cueva del mago Borges. Ese Borges, vasto sustantivo, al que S�bato reconoci� gran poeta y fij� con los siguientes quince adjetivos: arbitrario, genial, tierno, relojero, d�bil, grande, triunfante, arriesgado, temeroso, fracasado, magn�fico, infeliz, limitado, infantil e inmortal.

Y si es as� (y es as�) �C�mo no seguir recordando sus an�cdotas en alguna pr�xima columna?

Fuente: Crónica|Fuente primaria|Editado por Tempranísimo IA

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